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Se fue Chris Cornell, la gran voz del grunge

El cantante, líder de las bandas Soundgarden y Audioslave, se suicidó a los 52 años. Según la Policía, la gran estrella se ahorcó en el baño del hotel donde se alojaba en Detroit.

Se fue Chris Cornell, la gran voz del grunge
Agencias

In my time of dying, I want nobody to mourn (En el momento de mi muerte, no quiero que nadie me llore)   es una de las frases de la última canción que la voz de Chris Cornell entonaría en vida, subido en un escenario. Se trata de  un cover de In My Time of Dying (En el momento de mi muerte), de Led Zeppelin. Y así se despidió uno de los cantantes emblemáticos del rock grunge y considerado el último    gran  sobreviviente de este género en la década de 1990. 

 Cornell y su banda Soundgarden ya habían tocado ese cover  en anteriores recitales y lo repitieron el  miércoles pasado  para cerrar su show en el Teatro Fox de Detroit (Michigan), la última parada en la gira nacional de la banda, que se había vuelto a juntar en 2010.   Horas después, la gran leyenda  del grunge  fue encontrado muerto. Tenía 52 años.  Los servicios de seguridad lo hallaron inconsciente en su habitación de hotel en Detroit, cuando fueron alertados por la familia.

"Honestamente, había algo que se veía con él anoche”, le dijo a CNN Joey Mugan, uno de los asistentes al concierto. "Simplemente no pensé en eso porque el show era muy bueno”, añadió.

La Policía de la ciudad "investiga un posible suicidio”, declaró la agente Jennifer Moreno, al señalar sin embargo que la Policía aún no había llegado a conclusiones. La esposa del cantante, Vicky Karayiannis Cornell, y el resto de la familia "están conmocionados por haber tenido noticias de su muerte repentina e inesperada y trabajan en colaboración con el médico forense para determinar la causa”, informó su representante, Brian Bumbery, en un comunicado.

Una voz inolvidable

Chris Cornell, quien recibió poca formación musical, poseía una voz con un rango particularmente amplio que abarcaba casi cuatro octavas, desde barítono cercano al bajo hasta tenor cercano al alto. Las interpretaciones vocales que pueden escucharse en la canción Black Hole Sun. 

En 1984 cofundó Soundgarden, una de las cuatro bandas insignia del movimiento grunge, junto con Nirvana, Alice in Chains y Pearl Jam. El grupo se separó en 1997.

Después de participar en la banda Temple of the Dog, Chris Cornell fundó Audioslave a principios de la década de 2000 junto a tres exmiembros de Rage Against The Machine. Con esta banda se presentó ante decenas de miles de personas en Cuba en 2005. 

Su muerte cierra un capítulo en ese género, heredero del rock punk con visos introspectivos. El cantante de Nirvana, Kurt Cobain, se suicidó en 1994 y el de Stone Temple Pilots, Scott Weiland, falleció de una sobredosis durante una gira en 2015.

En 2006 interpretó You Know My Name, canción principal de la película de James Bond Casino Royale.

Drogas y depresión

El guitarrista de Aerosmith, Joe Perry, lamentó en Twitter la "triste pérdida de un gran talento para el mundo, sus amigos y su familia. Descansa en paz”. "Celebramos el genio de Chris Cornell”, tuiteó Rage Against The Machine.

 Cornell nació en Seattle (noroeste), la cuna de la música grunge, inspirado por el nihilismo del punk y el heavy metal que gozó de gran popularidad entre 1991 y 1994. Ese año, precisamente, Soundgarden obtuvo el primer lugar en el ránking de álbumes en Estados Unidos con Superunknown. 

Soundgarden tenía uno de los sonidos más pesados del grunge, aun cuando Cornell solía hacer referencia a los Beatles, a los que escuchaba cuando niño y que fueron su mayor influencia.

 El cantante luchó toda su vida contra la depresión y las drogas, llegando a llamar incluso a una revista de música desde la cabina telefónica de una clínica de desintoxicación para avisar que cancelaba una gira. Deja tres hijos, dos con su segunda esposa Karayiannis, una agente musical de origen griego a quien conoció en París.

 

 

Punto de vista
alejandra pau / Periodista 

Chris Cornell se había ido...

Ayer a las  7:15 tuve 15 años de nuevo. Con 20 años menos a los que realmente tengo, me enteré que uno de los pocos referentes que quedaba vivo de aquella generación que atravesó su adolescencia en los 90, que vivió el último movimiento que transformó la cultura popular hasta ahora y que no es otro que el grunge, había muerto. 

Y a los 15 años estas muertes se sienten como si se tratara de un amigo cercano.   Chris Cornell se había ido... mucho antes que las leyendas pioneras del rock, pero bastante después de que muchos de sus amigos íconos del grunge. Ese sentimiento absolutamente genuino y disconforme, y con una posición crítica hacia la política que implicó este movimiento que, junto  a otras bandas, fue Soundgarden, y que mi generación escuchó en casete por estas latitudes, era una bandera nuestra, propia y que estaba sucediendo en el mismísimo presente. Ahora sabemos lo afortunados que fuimos. 

Cómo olvidar el compilado, y si teníamos suerte el casete de Badmotorfinger, que algún amigo nos prestaba para conocer algo que nunca antes se había escuchado o aquella vez que pudimos comprar el primer casete de esta espectacularmente compleja banda que podía sonar como un estallido impecable como con una profundidad  rasposa que iba más allá de lo intimista. Así de poderosa "es” su voz además de su conocida capacidad compositiva.  

Detrás de los ojos este cuasi inexpugnable hombre parecía que siempre había maremotos sucediendo, desde Jesus Christ Pose pasando por Spoonman y Mind Riot hasta el megapopular Black Hole Sun su voz podía con todo, algo que también sucedió con Audioslave en la década del 2000, una formación que parecía hecha en el olimpo del grunge.  
   
Chris Cornell fue esa voz que a los 15 describía mucho mejor cómo nos sentíamos (tristes, solos, disconformes, alborotadores, enérgicos), un fenómeno que a muchos aún nos pasa; es por eso que  esas voces no se apagan, simplemente son. Afortunadamente, la música trasciende más allá de nuestras  muertes y las que sentimos propias.   

 

Una voz en el jardín del sonido

 

Eduardo Fabregat  / Página 12

Sobre los hijos de Seattle, pobre Seattle, parece pesar una maldición. Jimi Hendrix, el hombre que reinventó la guitarra eléctrica, murió a los 27 años. Kurt Cobain, el músico que le devolvió a la escena estadounidense la pasión por la furia sónica, se disparó un escopetazo a la misma edad. Layne Staley, líder de Alice in Chains, cayó por una sobredosis a los 34. Chris Cornell, según los primeros informes policiales, se habría suicidado en la noche del miércoles en el hotel MGM Grand Casino de Detroit, tras un show de Soundgarden. Tenía 52 años.

Se puede apelar a muchos lugares comunes. Cornell nunca ocultó su adolescencia difícil, su lucha constante contra las adicciones y la angustia y depresión que parecen atenazar a los representantes de la era grunge, signifique lo que signifique eso. Batalló contra eso como suelen hacerlo los artistas, buscando el exorcismo a través de las canciones, multiplicándose en iniciativas de tal diversidad que llegaron al por demás discutible proyecto electrónico de Scream, donde fue menos Cornell que nunca y por eso pasó al olvido. Fue el impulsor de Temple of the Dog, la banda que homenajeaba a su amigo Andrew Wood y donde compartía funciones con quienes luego formarían Pearl Jam. Fue el frontman de Audioslave, junto a fieros animales del rock duro como el trío instrumental de Rage Against The Machine. Fue capaz de lanzar un disco delicado y sensible como Higher Truth, donde vuelve a demostrar su capacidad vocal, no sólo en lo técnico sino sobre todo en lo expresivo.

Pero Cornell fue, sobre todo, la voz de Soundgarden. Si Nirvana se alimentaba del punk americano e inglés y la combinación de furia y distensión de los Pixies, la banda que completaban Kim Thayill, Matt Cameron y Ben Shepherd filtró en su mapa genético el ADN de Black Sabbath, cierta oscuridad blusera que tiñe a dos discos monumentales como Superunknown y Down on the Upside. Hay más en su carrera (no se puede desdeñar Badmotorfinger o el debut Louder than love, claro), pero en esos dos álbumes está todo lo necesario para convencer al que pinte. En el universo grunge (otra vez esa palabrita, que en realidad no representa más que una etiqueta) Soundgarden puso su nota distintiva, imprimió su personalidad, se ganó un lugar por derecho propio y no simplemente porque la guitarra eléctrica estaba otra vez de moda tras el imperio de Michael Jackson.

En eso tuvo mucho que ver el cantante. Por presencia. Por sus letras. Y por esa voz. Del susurro al alarido, Cornell tomaba el micrófono y apuntaba directo al corazón del oyente, moviendo fibras que otros no sabían encontrar. Quizá por eso fue tan decepcionante la performance de la banda en el Lollapalooza de Buenos Aires 2014: tenían un gran disco de retorno como King Animal pero lucieron desganados, poco convencidos. Como si hacer Black Hole Sun, Spoonman o Fell on Black Days fuera una obligación demasiado pesada. Esos momentos de concierto en que uno tiene ganas de decirle a la banda "Muchachos, si no tienen ganas de tocarla no la toquen, toquen otra cosa y listo, los queremos igual”. Cornell tuvo revancha el año pasado en el Teatro Colón (¿¿Un Soundgarden en el Colón??), con el exquisito material de ese disco solista que le permitía mostrar al artista menos acorazado detrás de la pared sonora. Es imposible saber qué es lo que pasaba por dentro del hombre y no del artista, pero las últimas noticias muestran que se cansó de la batalla.

"Podés llenar el mundo de dolor si querés / Lo he visto / Podés llenar el mundo de odio / He visto cómo sucede y sé cómo funciona / Pero elegiré la verdad, la más alta verdad”, entona el último Chris Cornell, con esa voz que no sólo canta sino también dice, busca el corazón de los que necesitan un exorcismo. En mayo de 2017 cayó otra noticia nefasta para el mundo de la música. Y el cielo se nubló sobre el jardín del sonido.

 

 

 
 
 

 

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