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Colombia festeja medio siglo de Cien años de soledad con arte

La obra cumbre del nobel colombiano Gabriel García Márquez, publicada en 1967, ahora está retratada en tres murales de Óscar González, conocido como Guache.

Colombia festeja medio siglo de Cien años de soledad con arte

AFP. Los murales fueron pintados en las paredes de la Biblioteca Nacional de Colombia.

AFP  /  Bogotá

Mujeres con flores en mano y la mirada perdida, gallos luchando y una pareja abrazada, las coloridas escenas visten las paredes de la Biblioteca Nacional de Colombia, que rinde homenaje a Cien años de soledad en ocasión de su medio siglo de publicación.

 La obra cumbre del nobel colombiano Gabriel García Márquez, publicada el 30 de mayo de 1967, ahora está retratada en tres murales del colombiano Óscar González, conocido como Guache, y del estadounidense Andrew Pisacane, Gaia, en los pasillos de la sede central de la biblioteca, en una iniciativa llamada Diálogos convergentes.

 "Cada uno toca los aspectos más de arquetipo representados en la novela: el guerrero, la matrona, el tabú del amor, la violencia ligada a la historia de Colombia”, dijo Guache, un diseñador gráfico de 36 años que desde hace más de una década se dedica al arte urbano. 

El tríptico llamado Espejismos de modernidad aborda facetas que los artistas consideran representativas de la novela de García Márquez, fallecido en abril de 2014 y reconocido por crear con su pluma el mundo del realismo mágico con elementos como las mujeres, la guerra, el amor y la muerte. "Cada muro explica un distinto tipo de dilema o, si se quiere, de problema nacional, por supuesto teniendo como base la condición humana”, sostuvo Gaia, un neoyorquino de 28 años dedicado también hace una década al arte callejero.  

Soledad contemporánea 

 A la historia de la familia Buendía, a la que Guache y Gaia reinterpretaron y trasladaron al siglo XXI, ambos muralistas le agregaron un ingrediente personal: la soledad contemporánea expresada a partir de las nuevas tecnologías. "Es una lectura muy literal del libro. Lo único que definitivamente creo que es un aporte nuestro son los elementos que crean soledad en la sociedad contemporánea”, explicó Gaia. 

En la pieza La guerra, dos gallos luchan por su vida bajo la ley de la espuela, pero su disputa parece no inmutar a un militar con cara de ave que tiene su mirada clavada en un celular. En El amor y la muerte, una pareja expresa su afecto mutuo ante el revoloteo de una mariposa amarilla y la vigilancia impávida de una calavera rodeada de plátanos. 

Y en La mujer, una matrona mira al horizonte mientras sostiene un ramo de flores amarillas. A su lado, una madre carga a su hijo y otra un cuadro de un avión. A las tres las ilumina un profundo cielo azul. "Es el juego de la soledad y del escape de la realidad a través de la tecnología”, explicó Guache, que ha pintado en paredes de Europa, Estados Unidos y América Latina. 

"La magia” del Caribe 

El primer acercamiento de ambos autores a Cien años de soledad fue en el bachillerato, un poco obligados por la disciplina de la academia y también por la curiosidad de ser el diamante más reconocido de Gabo.  "Es una novela que toca todos los temas de la condición humana y además tiene una cosa increíble, y es cómo la magia y la cultura del Caribe se ven expresadas en ese libro.
 
Eso es lo que queremos representar un poco acá”, señaló Guache. 

Cada una de las obras, con un estilo cercano al muralismo tradicional y que decorarán las salas de la biblioteca por al menos dos años, mide 13 metros de alto por 10 de ancho. Para ellas usaron más de 35 galones de pintura acrílica y casi 100 latas de aerosol. Tardaron dos semanas en finalizar las ilustraciones, compuestas de manera conjunta y cuyo costo es cerca de 10.000 dólares fue financiado por la embajada de EEUU, el ministerio de Cultura y la Alcaldía de Bogotá. 

"En este proyecto en particular nuestros estilos se unieron muy bien”, apuntó el estadounidense, reconocido por sus obras realistas que encaran, principalmente, cuerpos y rostros humanos y animales. Guache, por su parte, se destaca por sus trazos de figuras con rasgos del campesino e indígena latinoamericanos. "Esta obra es hija de su tiempo pero nos sigue mostrando la magia de nuestra cultura, la sin razón misma de lo que es vivir acá”, dijo Gonzáles.
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