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Soledad Chapetón, personaje del año de Página Siete

Columnistas y periodistas de Página Siete eligieron a la Alcaldesa de El Alto como Personaje del Año 2016. La Sole cumplió 18 meses de gestión en medio de amenazas y ataques que, incluso, quitaron la vida a seis funcionarios ediles. “No soy un florero”, dice.

Soledad Chapetón, personaje del año de Página Siete

Freddy Barragán / Página Siete. Soledad Chapetón, alcaldesa de El Alto, tiene 36 años.

Ivone Juárez  /  La Paz 

Soledad Chapetón  tiene 36 años y en 2015, a través del voto popular, se convirtió en la primera alcaldesa de la ciudad de El Alto, hasta entonces bastión del partido de Gobierno (MAS). Su juventud y liderazgo le valió para que, en 2016, fuera elegida como uno de las  cinco políticos latinoamericanos menores de 40 años que dan un nuevo aire a la política regional.   

Pero no todas fueron buenas noticias para La Sole en este año que se va; tuvo que sortear una serie de movilizaciones sociales relacionadas con demandas en salud y educación, encabezadas por sectores afines al MAS, el  17 de febrero vivió el episodio más violento de su gestión: el incendio de oficinas municipales después de una marcha de padres de familia. El fuego  quitó la vida de seis funcionarios ediles y destruyó documentación del municipio  que -según la Alcaldesa- paralizó durante seis meses su gestión. 

  "Buscaban justamente eso: frenar la gestión y tener argumentos para decirle al alteño: ‘¿Ve? Les hemos dicho que esta mujer no era la adecuada; no era la que debían haber elegido, por su culpa hemos retrocedido’”, asegura La Sole de la opositora Unidad Nacional (UN), elegida por Página Siete como Personaje del Año 2016.

Han pasado 10 meses de la quema de oficinas de la Alcaldía, ¿cómo ve su futuro como alcaldesa? 

 Fortalecido.  La gente nos eligió para hacer lo diferente a lo que hicieron nuestros antecesores en la Alcaldía, que estaba copada de corrupción y de un cuoteo por parte de dirigentes sindicales a cambio de apoyo a las autoridades. Continuaremos haciendo ese trabajo hasta terminar la gestión, porque queremos dejar un municipio institucionalizado,  que no nos lo llevaremos cargado a nuestra casa,  sino que se  quedará para futuras generaciones. Queremos cambiar esa costumbre de la presión y de la marcha para hacerse escuchar por el  municipios y reemplazarla por el respeto a la  institucionalidad.  En esta Alcaldía se tiene que valorar al profesional, no puede ser que   el hijo de un dirigente sea suficiente para  hacer la labor de un ingeniero o  un arquitecto.

¿Cuál fue la causa del ataque?

El enojo, que fue creciendo por los beneficios que les fuimos quitando a través de las decisiones que asumí desde el principio, pese a las recomendaciones internas de manejar las cosas con calma y lograr primero estabilidad.   Pero no me habían elegido  para ser un florero de la Alcaldía, las decisiones las tenía que asumir yo, aunque  mucha gente piense que una persona joven, una mujer, una persona nueva en este ámbito no puede tomar buenas decisiones.  Yo sabía que iba a ser difícil, que iba  a seguir teniendo esos encuentros difíciles con dirigencias que se perpetuaron en el tiempo; esos encuentros donde te gritan, golpean la mesa con los puños y te restregan en la cara,  a gritos, que son ellos los que mandan, que siempre ha sido así y que debe seguir siendo así. Sabía que eso vendría, estaba preparada para eso, pero no para el incendio de la Alcaldía y al muerte de mis compañeros. Sin embargo, estoy de pie y  he soportado mucho para que ahora me hagan caer de ese objetivo que tengo de aportar a mi ciudad. 

 ¿Lo más difícil de ser alcaldesa de El Alto?

El Alto es una ciudad dura de gobernar porque somos una urbe joven que crece con sus necesidades, mes tras mes, año tras año. Si terminas el año cubriendo  el 70% de la necesidad de agua potable, por ejemplo,  al siguiente  aparecen 10 urbanizaciones más y cobertura baja al 60%.  A eso se suma la percepción de los ciudadanos, que es que si no marcha y no grita no conseguirá nada. Queremos que esa costumbre se cambie por el respeto a la  institucionalidad.

¿Se puede gobernar en El Alto sin el apoyo de los llamados  movimientos sociales?

Hemos iniciado un nivel de coordinación con las organizaciones y actores sociales de El Alto, porque hoy nosotros no trabajamos fuera del control social, nosotros trabajamos con ellos, pero con una lógica diferente. No es qué te voy a dar para que me apoyes, aquí hay una corresponsabilidad. Tú me dices tu demanda yo la canalizó y si quiere ir a ch’allar conmigo ¡perfecto!, vamos juntos a ch’allar.  Nosotros apostamos a la renovación de los dirigentes, a la  gente que trabaja por vocación, a la dirigencia que exige, pero que es propositiva.  Yo no pacto con otro tipo de dirigencia que quiere tomar decisiones por mí;  yo no soy un florero, para eso me voy a mi casa feliz  con la frente en alto diciendo: "Me fui porque  no he pactado y no entré a los actos de corrupción”.  

¿Cómo se da esa nueva forma de coordinación?

Llegando a la población de a pie, sin desconocer al dirigente, a la que respeto profundamente porque hizo historia en el país. Pero cuando uno va a la reunión de una zona ya no deja que el dirigente mienta. Es un trabajo muy fuerte, de lunes a viernes, de sábado a domingo, porque se tiene que ir a informar a la gente.

Cómo es su relación con su partido (UN)? Se le cuestiona sus apariciones con el jefe de su partido, principal opositor

Soy de UN y estoy orgullosa de mi partido. Valoro mucho a Samuel y me cuesta convencer a  mis vecinos, a mis conciudadanos, de que él no es diferente a nosotros porque, como ellos dicen,   es k’ara (blanco) y tiene plata. La propaganda que le hicieron sobre que ya estuvo en el Gobierno y no hizo nada es difícil de rebatir: les tengo que explicar que Samuel no fue presidente, sino un ministro muy joven. Les explicó que como empresario él puede irse del país, pero no lo hace, pero me cuesta dar esa información. En algún momento eso me perjudicó porque en vez de hablar de mi gestión tuve que explicar quién es Samuel.

¿Cómo ve el 2017?

No creo que sea más fácil, tampoco que sea  más difícil. Creo que logramos  ganar el respeto de la población y de las dirigencias. Además, logramos no poner un intermediario entre la Alcaldía y la población. Como gestión estamos repitiendo el 2016 porque esta  gestión se truncó con el atentado de febrero, pero vamos a terminar el año con una ejecución del 75%. En 2017 no tendremos los problemas que tuvimos y por eso tenemos que mejorar. Tenemos varios j’acha proyectos que concluiremos el siguiente año y se notarán los resultados.

 

La mujer que sueña con un hijo y un El Alto institucionalizado

 

Soledad Chapetón, que  inició su carrera política en 2006 como asambleísta de Unidad Nacional (UN) en la Asamblea Constituyente  (2006-2008), persigue dos sueños: ser madre y trabajar para que su ciudad alcance la institucionalidad.

"Le he dado 100% de mi vida a El Alto porque quiero; he descuidado muchos aspectos personales, a mi familia, pero voy a recomponer eso, porque sé que depende de la organización.
 
Quiero tener un hijo, ojalá Dios me dé el siguiente  año la dicha de  tener un hijo”, expresa.

"Amo a El Alto y busco  que esa costumbre de lograr las  demandas con marchas y gritos se cambie por el respeto a  institucionalidad. Realmente espero que al finalizar estos  cinco años (de gestión) logremos ese paso”, añade la joven Alcaldesa. 

Sin embargo, está consciente de los obstáculos que encontrará en el camino hacia uno de sus objetivos: la institucionalidad de El Alto. Sabe que la principal dificultad es el hecho de ser mujer, sobre todo cuando tiene que entrevistarse con algunos dirigentes sindicales. "Muchos creen que una mujer no conoce, no puede tomar  buenas decisiones”, dice.

  La primera mujer que llegó a la Alcaldía de El Alto tiene el objetivo de cumplir sus cinco años de gestión  para volver a ser una   alteña más, pero con la "satisfacción de haber cambiado algo en la ciudad”. 

La Sole ingresó a la  política guiada por su formación universitaria  en el área social. Cuenta que  llegó a UN por decisión personal. "No fui invitada por Samuel Doria Medina. Ingresé a  UN en 2004, cuando me correspondía votar y decidí informarme sobre las propuestas de los partidos.
 
Entonces encontré el plan de UN y me asemejé a éste porque apostaba al capital social, a valorar a nuestra gente”, dice. "UN es un partido que aglutina a la diversidad del país, que  habla de la unidad, del respeto a la diversidad y que defiende el hecho de que el color de la piel no puede  delimitar el tipo de nivel social que tienes”, añade.
 
HOJA DE VIDA

 

 

  •  Nacimiento Soledad Chapetón nació en la ciudad de  El Alto el 25 de octubre de 1980. 
  •  Padres Luis Chapetón,  policía retirado, y  Dalila Tancara, comerciante minorista.
  •  Estudios  Colegio  Puerto Rosario de El Alto,  licenciada en  Ciencias de la Educación de la UMSA.
 
 

 

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