La Paz, Bolivia

Sábado 21 de Octubre | 08:17 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias

Boquerón, la gesta

Boquerón fue la primera batalla de la Guerra del Chaco, entre Bolivia y Paraguay. Se libró desde el 9 al 29 de septiembre de 1932. 300 hombres contuvieron la avanzada paraguaya.

Boquerón, la gesta

Las tropas bolivianas no podían derrochar municiones como lo hacían los paraguayos. Los soldados no tenían que disparar si no tenían certeza del blanco. Tomada del libro Historia Gráfica de la Guerra del Chaco.

Boquerón, la gesta

Una de las aeronaves con las que se libró la Guerra del Chaco (1932 -1935). Tomada del libro Historia Gráfica de la Guerra del Chaco.

Boquerón, la gesta

Cementerio paraguayo en Boquerón. Xavier Loza

Boquerón, la gesta

Boquerón fue tomado el 29 de julio por el Destacamento Marzana.

Boquerón, la gesta

El puesto de comando de Boquerón, actualmente. Xavier Loza

Boquerón, la gesta

La “tuca” de Marzana o su refugio de comando Xavier Loza

La “tuca” de Marzana o su refugio de comando Xavier Loza

Xavier Loza /  Especial para Página Siete
 
El 29 de septiembre de 1932 marca el fin de una de las batallas épicas de la historia militar mundial. No sólo porque es la primera que se produce en la Guerra del Chaco (1932 - 1935), que enfrentará a Bolivia y Paraguay por la posesión de un vasto territorio, sino, fundamentalmente, porque en América se emplearán las estrategias de la I Guerra Mundial con armas mucho más modernas y, por supuesto,  más letales.
 
En  mayo de 1932, en una exploración aérea, los oficiales bolivianos divisan una gran laguna que, por instrucciones del Gobierno, es ocupada el 15 de junio. Pero las fuerzas paraguayas ya la habían tomado con mucha anticipación. El desalojo violento a las fuerzas bolivianas por parte de las fuerzas paraguayas se realiza los días 15 y 16 de julio. Como represalia, el Gobierno de Bolivia ordena la toma de los fortines paraguayos Toledo, Corrales y Boquerón.
 
Boquerón es tomado el 29 de julio por el Destacamento Marzana, con algo más de 300 hombres. De inmediato se procede al emplazamiento de puntos defensivos y medidas de seguridad, sin descuidar los ejercicios militares. Las obras realizadas por este personal son admirables: el cavado de zanjas, revestimiento y reforzamiento de las posiciones y parapetos; el emplazamiento de las pocas piezas de artillería, de forma que estén sincronizadas para batir el avance del enemigo, y plataformas en altura con nido de ametralladoras que dominaban ventajosamente el campo. 
 
Anotar que también se  regló la eficiencia del disparo para no desperdiciar munición y ser más certeros con el objetivo... todo perfectamente mimetizado. 
 
 Los trabajos de preparación para la contienda incluían la apertura de avenidas anchas y fortificadas a los lados. Una vez que eran descubiertas e invadidas por el enemigo, recibían fuego de ametralladora, que barría con el avance sobre Boquerón. Todo esto entre otros obstáculos dispuestos para frenar el avance tumultuoso paraguayo, que no ponía fin a sus ansias de asaltar e invadir Boquerón.
 
 
 
A partir del día 5 de septiembre, el enemigo empieza a desplazar su fuerza en inmediaciones para retomar Boquerón, tarea que se inicia al amanecer del día 9, con un ataque nutrido de artillería y,  posteriormente, de infantería, que es repelida sangrientamente por las escasas fuerzas bolivianas.
 
Este mismo día 9 de septiembre, sobre los campos de Boquerón, se produce el primer combate aéreo entre dos aeronaves paraguayas y tres bolivianas, resultando herido el piloto paraguayo Emilio Rocholl, y averiada su aeronave Potez 25N°5, que logra aterrizar dentro de sus campos.
 
El día 11 por la noche ingresa el capitán Víctor Ustariz, con 50 efectivos. Él es uno de los más grandes exploradores bolivianos del territorio chaqueño, admirado por propios y temido por el enemigo. A la noche siguiente, intentando salir resguardado por la oscuridad y su gran conocimiento del territorio, su patrulla es emboscada, y embestida por el fuego enemigo. El temerario y valeroso oficial es abatido.
 
 
Ante la imposibilidad de la toma frontal de Boquerón y el gran derrame de vidas paraguayas, el día 13 se inicia el cerco, que se completa el 25. A partir de este momento las tropas bolivianas ya no podrían recibir suministros ni ser reforzadas.
 
El 17 de septiembre, así como los anteriores, el Ejército paraguayo inicia la jornada con un despliegue ininterrumpido de artillería que dura como dos horas de fuego ensordecedor. En el lado boliviano sólo quedan 50 unidades de munición para artillería. La  infantería pretende por todos los lados sobrepasar a las fuerzas parapetadas en Boquerón, que son repelidas eficientemente.
 
En el sector del mayor Cuenca se cuentan 50 muertos y 300 heridos paraguayos y así fue durante todo el día. A las 16:00 se escucha una balacera fuera del área y, a las 17:00, al grito de ¡Viva Bolivia! ingresan los hombres del Destacamento Montalvo: son 300 hombres y 15 oficiales que son recibidos con alegría por los cercados.
 
Las tropas bolivianas no podían hacer el derroche de municiones como lo hacían los paraguayos. La escasez de balas era una preocupación desesperante, los soldados no podían disparar si   no tenían certeza del blanco. 
 
 
Para el 28 de septiembre muchos soldados no podían moverse de sus posiciones porque no habían comido en los últimos seis días y si habían bebido un poco de agua, ésta estaba contaminada por el barro y los cadáveres que yacían flotando en las aguadas del fortín. Tampoco se contaba con  las medicinas básicas para atender a los heridos.
 
Durante el periodo del cerco, la aviación boliviana trató de suministrar municiones y víveres a los sitiados,  empero la mayor cantidad de municiones lanzadas desde el aire quedaban inutilizadas por el golpe. Las vituallas caín en campo de mucho riesgo o del enemigo.
 
El día 29, cuando las municiones se habían acabado, el teniente coronel Manuel Marzana, muy a pesar del sacrificio de los combatientes bolivianos, y a la insistencia de seguir peleando,  aunque sea con las manos, dispone que una comisión parlamentaria levante bandera blanca. De inmediato las fuerza paraguayas, 300 veces superiores, invaden las trincheras y todo el campo de Boquerón. Los soldados quedan sorprendidos porque sólo  365 soldados habían  retenido sus ataques denodados y feroces durante 20 días.
 
Al momento de rendirse y entregar su arma,  el teniente coronel Marzana se dirige a sus captores con pesar pero con energía, y dice: Me rindo por haber quemado el último cartucho y no disponer de agua ni víveres; pido garantía para mis oficiales y soldados.
 
 
Al tomar posición oficial del fortín, el comandante del Ejército paraguayo, al pasar revista a las tropas bolivianas, exclamó: Estos bolivianos están medio muertos, doblándose en dos, pero si se les alcanza un arma  son peores que leones.
 
Días después, en su condición de prisioneros de guerra, al descender en el puerto de Asunción, los lugareños los esperaban para conocer a quienes habían diezmado enormemente las fuerzas paraguayas. Un niño, al reconocer entre las escuálidas figuras de los guerreros al comandante boliviano, le gritó: ¡Bravo Marzana! 
 
Inmediatamente la gente se abalanzó sobre ellos, no para ofenderlos sino para reconocer su bravura y heroísmo de grandes soldados.
 
Sobre estos acontecimientos el presidente Ayala de Paraguay dijo: Los oficiales bolivianos que se batieron en Boquerón y que hoy son nuestros prisioneros provocan un sentimiento admirativo. Se comportaron con tal bravura y coraje que merecen todo nuestro respeto.
 
 
La Batalla de Boquerón es una pírrica victoria por la gran cantidad de sangre paraguaya derramada, la ineficiencia en la cantidad de recursos empleados y porque no revestía de importancia estratégica dentro del contexto del territorio chaqueño.
 
Lo que no se pudo resolver en las negociaciones desde 1879 se pretendió hacerlo con las armas y miles de bolivianos  y paraguayos dejaron sus vidas. Jóvenes fueron lanzados a la aventura de la guerra y aquellos que sobrevivieron a la contiendan, debido la pésima dirección y mala conducción, no pudieron olvidar jamás la vorágine  y limbo de calamidades del infierno verde.
 
Hoy nos toca reconocer y valorar el heroísmo del soldado boliviano que, cumpliendo su rol de defensor de la patria y el honor nacional, actuó en Boquerón y en la Guerra del Chaco. Hombres que con esfuerzo supieron superar las extenuantes jornadas de marcha, los agotadores días de combate y en muchos casos vencer a la muerte con un puñado de esperanza.
 
Xavier Loza es psicólogo y abogado.
 

81
2

También te puede interesar: