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José Bayro, un pintor incansable

El artista boliviano-mexicano presentó hace unos días en La Paz su muestra Cuando el río truena, las matracas suenan. La exposición reúne más de 60 obras en diversas técnicas.

José Bayro, un pintor incansable

Francisco Pereira / Página Siete. Abrazado a una de sus esculturas, José Bayro posa para la lente de Página Siete en la galería Mérida Romero, de La Paz.

Carla Hannover  / La Paz  

José Bayro siempre la tuvo clara desde niño: "Sabía que quería ser pintor, el mejor pintor”, dice este  artista boliviano-mexicano, quien hace unos días presentó en la Galería Mérida Romero, de  La Paz,   su muestra Cuando el río truena, las matracas suenan.  

"Siempre es  como una cuenta pendiente volver a mi país. No se si voy a vivir en Bolivia o me voy a quedar en México, pero quería hacer una exposición aquí”, cuenta el pintor. Y no es para menos,  pues Bayro estuvo ausente de las  galería locales por casi  16 años.  

  Tal fue su alegría que la muestra se  inauguró con una fiesta poco convencional. Una china morena transformista y la figura del  ángel de la diablada bailaban y  recorrían  la galería y de esta forma  su presencia le daba al evento  un toque de carnaval. A la china morena y al ángel se sumó un dj que mezclaba sonidos de  jazz, entre  otros géneros, que acompañaron la velada.  

 La muestra, conformada por 60 piezas, se integra de obras gráficas en agua fuerte, agua tinta, punta seca, serigrafías y litografías, además de óleos sobre oro, o sobre vidrio,  sobre lámina, sobre  lienzo y una escultura de bronce con baño de plata, perlas y granates; además de su arte objeto en el que plasma una  matraca  trabajada con hoja de oro con bolivianitas y perlas.

"Esta muestra se concibió  en equipo.  Cada pieza lleva consigo el trabajo de grabadores, doradores y  joyeros mexicanos con los que coordino habitualmente”, dice.   

Se trata de  una muestra que  evoca la fiesta del Carnaval de Oruro. "Tomé la idea del Carnaval y mi hilo conductor son las matracas”, explica el pintor, quien para  esta colección plasmó  gran variedad de temas. "Toco el paisajismo, los bodegones, la naturaleza muerta, los objetos y un poco de abstracción”. 

Un pintor incansable

A diferencia de otros pintores, Bayro considera que la pintura aún permite diversas posibilidades.
 
"Se cree  desde los años 60 que en pintura se ha hecho todo. Pero curiosamente la gente está volviendo nuevamente la figuración, a la pintura de caballete. Soy un trasnochado optimista. Creo que la pintura  aún no ha muerto. Tal vez técnicamente, pero sigue siendo un medio para contar cosas de nuestro tiempo”.

  Bayro, cochabambino de nacimiento,  pinta y dibuja  hace casi cinco décadas. De niño, me la pasaba dibujando a tal punto que mis amigos me pedían que les haga las laminas del colegio.
 
Me  pasaba todo el fin de semana dibujando y, claro, por cada lámina les cobraba”, ríe.  Fue casi al final de su etapa escolar cuando la idea de ser pintor echó  raíces. Entonces, su familia le dio todo el apoyo, aunque, como sucede siempre, sus padres le decían que  únicamente de pintor se moriría de hambre. Por ello estudió arquitectura. 
 
"No soy del todo pintor. Mentalmente soy arquitecto. Tengo otra manera de pensar, otra estructura. Manejo mi estudio como un despacho arquitectónico”, explica. Esa estrategia le ha funcionado. "Es casi como una empresa porque a parte de la pintura, la gráfica y  los bronces hago calcetines con la marca Bayro. Ya he hecho de mi nombre una marca en México. Tengo un carácter un poco empresarial pero eso es producto del siglo en que vivimos. Los pintores también podemos ser  empresarios y ya no damos esa imagen del pintor que vive pobre”, señala orgulloso. 

  Esta forma de encarar su trabajo le permite hoy desplazarse por diversos lugares y fue lo que le dio la posibilidad de  traer una exposición de 60 piezas a Bolivia, "que no es muy sencillo, ni barato”. 

A estas alturas de su carrera, Bayro no sabe si es el mejor pintor, eso se lo deja al tiempo. Sin embargo, está feliz, pues además de tener  una obra prolífica que hoy se exhibe en importantes galerías del mundo, tiene tres esculturas monumentales en la ciudad mexicana de Puebla, una de ellas bautizada como El hombre Azul, que recientemente cumplió 10 años. "Por esa década, la Lotería Nacional sacó 200 mil boletitos con la imagen de El hombre azul. Es lindo ser reconocido en vida y que lo  valoren. Qué puedo decir”, concluye el artista. 
 
 
 
 
 

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