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La carpintería de Don Bosco en Carabuco

Desde los 11 años los niños se forman en carpintería y arte sacro. Su ingreso y permanencia en la escuela son gratuitos. Si desean, pueden continuar sus estudios en la universidad.

La carpintería de Don Bosco en Carabuco

Francisco Pereira / Página Siete. Desde los 11 años los chicos aprenden dibujo y el diseño de las obras en madera.

Ivone Juárez  / Carabuco

Carabuco es un municipio que se encuentra a 150 kilómetros de la ciudad de La Paz, en la provincia Camacho. Es uno de esos pequeños pueblos encantadores  que se extienden  a orillas del Lago Titicaca, el que les brinda la humedad que los convierte en pequeños oasis en medio del altiplano. 

Su vocación productiva pasa por el cultivo de   la papa, haba y cebolla,  la cría de algunos animales de granja y la pesca, que  no es  muy significativa. El alcalde Walter Nina añade que también cuenta con el turismo que atrae  la Isla del Dragón Dormido. A todo esto se suma  la   Escuela de Carpintería Don Bosco, donde, durante nueve años,  los niños de Carabuco y sus alrededores  se forman  como carpinteros profesionales,  maestros  de la madera y del arte sacro.

 La escuela está en Carabuco desde los años 70 del siglo pasado y ha formado a cientos de niños  con el objetivo de otorgarles un oficio para  que cuando alcancen la juventud puedan  quedarse en su pueblo y no tengan la necesidad de migrar para buscar oportunidades de progreso, dice   Esteban Zordan, encargado de la escuela de carpinteros.

Para brindar una oportunidad integral a los niños de Carabuco, la escuela se convirtió en un  internado, donde los chicos, además de estudiar, encuentran todos los cuidados  que necesitan y, ante todo,  "una guía para encarar su crecimiento en el marco de principios  y valores que pasan  por  el respeto y la ayuda a los demás”, afirma el profesor Alfredo Acuña, que estudió en una de las escuelas de carpintería de Don Bosco en Perú. Alfredo enseña carpintería, escultura y dibujo técnico.

"Somos una familia numerosa, donde nos preocupamos por dar algo a los demás”, añade Alfredo. Su esposa Sabina Urbano, a la que todos llaman  "la mamá Sabina”, remarca que esa gran familia tiene también algunas reglas, como la disciplina,  la obediencia y la meditación”. "La mamá Sabina” también se formó en la Escuela de carpintería Don Bosco de Perú.
 
"Todos aprenden aquí”

Los chicos de Carabuco y sus alrededores ingresan a la escuela a  los 11 años, autorizados por sus padres que, al mismo tiempo, se comprometen a cumplir con las condiciones de los educadores de Don Bosco. Su ingreso es gratuito, al igual que su permanencia.

Aprenden el oficio de la carpintería desde los primeros días. En el primer curso (equivalente a primero de secundaria) toman clases de dibujo técnico. José,  escultor graduado en la Academia de Bellas Artes de La Paz, es el profesor de esa área. "Casi nadie llega sabiendo dibujar, todo aprenden aquí”, dice el maestro que interrumpe unos minutos su clase ante una veintena de niños, que inicialmente se muestran algo tímidos.

Uno de sus alumnos se anima a tomar la palabra. Ya tiene claro lo que quiere ser: un maestro ebanista. Para lograr su objetivo tendrá que volverse un experto en marquetería y chapeado de madera. Para eso tendrá 9 años de estudio.

"Mi mamá me trajo, me dijo que aquí aprenderé un oficio para trabajar cuando sea joven. Quiero ser maestro ebanista”, afirma el niño. 

Julio, que ya tiene cinco años en la escuela, asegura que ese tiempo es insuficiente. "Siempre se sigue aprendiendo, nunca se termina de aprender”, asegura el jovenzuelo sin quitar la vista del pedazo de madera que trabaja en el taller de la escuela, bajo la mirada de uno de los asistentes de los maestros.

"Me trajeron mis padres. Vengo de una familia pobre, al principio extrañaba mucho a mi familia, pero me acostumbré, además los veo cada fin de semana”, añade.

El asistente que observa a Julio es Víctor Manuel. Se graduó en 2012 en tallado y su intención es ir a la Universidad Católica Boliviana a especializarse en  tallado en madera y arte sacro. El haber estudiado en la Escuela de carpintería de Don Bosco le da esa oportunidad.  

"La clave es el dibujo, leer el dibujo para construir. Aquí aprendemos a dibujar, tenemos clases de dibujo técnico”, afirma.

Sin embargo, Víctor Manuel, considera que hay algo más importante: "No ser flojo, ni disimulador”. "Todo lo que se aprende aquí servirá para el futuro”, expresa,
Para seguir apoyando a los niños y jóvenes de Carabuco, los encargados de la Escuela de Carpintería Don Bosco crearon la Asociación Familia de  Artesanos Don Bosco, a través de la cual  exponen y comercializan los trabajos de los jóvenes maestros de la madera  y del arte sacro. Lograron su objetivo pues las obras de arte de los alumnos de la escuela llegaron a Europa. Estados Unidos y Canadá.

La escuela de carpinteros de Don Bosco está en Carabuco desde los años 70. La implementaron voluntarios de la Operación Mato Grosso, seguidores de Don Bosco.

 

 
 
 
 
 
 
 

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