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Ecuador y la defensa del voto popular

Toda la población estaba preparada para salir a proteger su voto, mientras que el candidato oficialista se apresuró a votar tempranito para no provocar el abucheo.

Ecuador y la defensa del voto popular

Samy Schwartz. Los ecuatorianos se congregaron en vigilias para defender su voto emitido el domingo 2 de abril,

Samy Schwartz  /  Ecuador

Para un fotoperiodista cubrir una elección es una mina de oro en imágenes y sentimientos. Hay muchas maneras de cubrirlas, dependiendo para quién trabajas. En mi caso, el ser independiente me da acceso a mirar en todos los rincones sin miedo a ser censurado por los editores o quienes paguen mi estadía. 

La segunda vuelta electoral en Ecuador, entre el oficialista Lenín Moreno y el opositor Guillermo Lasso, que se dio el domingo 2 de abril,  fue diferente. Toda la población estaba preparada para salir a proteger su voto, mientras que el candidato oficialista y otras autoridades se apresuraron a votar tempranito para no provocar el abucheo que recibieron en la primera votación.

Los comicios fueron normales y la gente se preparó para recibir los resultados después de las cinco de la tarde. Lamentablemente éstos   fueron seguidos por situaciones bochornosas, en las que los dos partidos políticos que llegaron a la segunda vuelta celebraron la victoria por adelantado.

En la sala de prensa, a las 19:00, el Consejo Nacional Electoral (CNE) salió a desmentir los resultados de boca de urna, presentados minutos antes, pero, por alguna razón, las computadoras pararon de contabilizar los resultados. También paró la señal en vivo de la transmisión.  Una vez terminada, repitieron ésta como si no hubiera pasado nada.

Los candidatos opositores llegaron a la vigilia, instalada frente  a las oficinas del  CNE, donde reafirmaron que el fraude había sido perpetrado tecnológicamente. No tomaron en cuenta  la cadena de militares que resguardaba las papeletas del sufragio que habían llegado a las instalaciones del  CNE. 

Cuando pensamos en fraude   tecnológico o hacking, sabemos que la persona que más perdería físicamente si Lasso llegara a ser presidente es el hacker más grande o papa de todos los hacker: William Assange, que controla Wikileaks y que está asilado en la Embajada de Ecuador en Londres. Si éste usó su poder para cambiar el destino del presidente de Estados Unidos, sería mucho más fácil ayudarle a su protector en Quito.

Mientras el partido CREO, de Guillermo Lasso,  anunció una impugnación de las elecciones,   en cada una de las provincias de  Ecuador,   los medios del Gobierno reportaron falsamente que no había ninguna impugnación.

Las muestras de fraude son muy obvias y están plasmadas en las mismas pantallas del CNE con múltiples errores de sumas y porcentajes que no llevan a los números entregados.  

La estrategia del Gobierno -según Lasso- es infiltrar el movimiento en la calle con acciones peligrosas y, de esta manera, lograr un estado de excepción. Así Correa podría movilizar las fuerzas del orden e instaurar la prohibición a los electores de agruparse en la calle. 

De hecho, ya se sufrieron actos vandálicos en contra de la Policía por parte de personas no afines a este partido político, pero al final la calma reinó después de que el asesor Fernando Balda, un excelente líder que en el pasado ha sufrido intentos de asesinato, atribuidos al gobierno de Rafael Correa, conversó con la Policía a cargo de la seguridad del CNE y llegaron a un acuerdo mutuo de pacificación. 

Yo fui objeto de un robo muy profesional, después de que, a través de la cuenta de Twitter de la exsenadora boliviana Sandra Soriano Bascopé, se diseminó información ofensiva y calumniosa sobre mi persona  hacia mis pares ecuatorianos. Debo agradecer a los muchos ciudadanos y colegas locales que ayudaron a conservar mi bienestar.

La noche de la elección, el "canelazo”, la típica bebida espirituosa de Ecuador, no pudo ser expendida ni consumida en las vigilias, esto para prevenir cualquier daño al bienestar de los ecuatorianos.

A pesar de la calma reinante en el lugar tomado por la vigilia, la población, en su mayoría estudiantes, comenzó a tomar las esquinas de Quito y a bloquear el tráfico vehicular esporádicamente, hasta que la Policía aparecía y los dispersaba sin fuerza mayor, aunque en los últimos minutos  se vieron muchos empujones y apretones. Un coro de bocinazos  en las avenidas apoyaba la vigilia.

La guerra de la paciencia se mantuvo en la mesa, esperando la decisión de los abogados, militares y del pueblo en general para que Ecuador tenga un presidente votado por el pueblo y no por los que administraron el voto

Samy Schwartz es fotoperiodista.
 
 
 
 
 
 

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