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La esquina de El Gato Burger y su “majadito Evo”

Cuando la noche cae, frente a la UMSA, los esposos Mendoza salen a vender comida al paso. Ella, coroiqueña, y él, policía jubilado, inventaron el “gato agusanado”, el “majadito Evo” y la “narcollajua”.

La esquina de El Gato Burger y su “majadito Evo”

Con un altoparlante en forma de radiopublicitan su exótico menú a los transeúntes del Nudo Villazón.

Ivone Juárez /  La Paz

"¡La culpa fue de un perro!”, responden a coro    los esposos Modesta y Tomás Bustos al lanzar una gran carcajada cuando se les pregunta cómo se conocieron, hace más de 42 años. Parece que se hubieran puesto de acuerdo y que su respuesta  fuera parte del papel que juegan cada noche en la Esquina del Gato Burger, su negocio callejero que tiene más de 20 años en el mismo lugar.

 Lo  montaron en una   esquina del Nudo Villazón, frente a la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Allí , valiéndose de un altavoz en forma de radio antigua, atrapan a los transeúntes con sus platos de comida de nombres tan provocativos, como el "gato burger”, "gato agusanado”, "chino borracho”, la "narcollajua” y su última creación:  "el majadito Evo”. Cualquiera a sólo a seis  bolivianos.

"El huevo está frito, por eso se llama Evo, y combinado con el arroz le decimos ‘majadito Evo’”, explica Tomás, que es  un  policía jubilado.

 Tomás y su esposa  son, así, dicharacheros. Él lanza las bromas y ella las celebra con carcajadas tan contagiosas   que acaparan la atención de quien pasa por su negocio, que no es más que un taburete sobre el que descansa una pequeña vitrina de vidrio, en la que   exponen sus creaciones culinarias. 

El policía jubilado acompaña a su esposa  no sólo en el negocio, que comienza a moverse a medida que cae la noche en la fría La Paz,  sino que la "asesora” en las delicias que ofrece. 
"Tiene que ingeniárselas, sino no le compran”, afirma.    

Apostaron a la creatividad en  los nombres con los que bautizaron a su comida:  el "gato agusanado”, un ají de fideo con hamburguesa; el "chino  borracho”, arroz chaufa con un huevo duro (cocido). "El huevo está  duro, así que está borracho”, justifica Modesta con una amplia sonrisa que ilumina sus rasgos afrobolivianos. "Es de Coroico, pero vive aquí hace 40 años”, dice su esposo Tomás.

También crearon la polémica "narcollajua”, un aderezo verde que es la sensación en el puesto.
 
"Al principio la gente se molestaba por ese nombre, pero se fueron acostumbrando”, cuenta Modesta.

"Por eso le dicen a ella la ‘narcocasera’”, añade inmediatamente su esposo Tomás, lanzando otra carcajada.

De rato en rato el puesto se llena de clientes que están de paso, en su mayoría son  jóvenes universitarios que antes o después de clases pasan a saborear las especialidades de la Esquina del Gato Burger.  

"Dame un ‘gato  agusanado’”, pide un universitario. Modesta le prepara el plato en cinco segundos: un cucharón de ají de fideo y una hamburguesa encima. "¿La  ‘narcollajua’?”, pregunta el ocasional comensal.
  
Modesta cuenta que fue un universitario que le dio la idea de ponerle nombres a sus platos.
 
"Venía y me decía ‘dame una rata’ cuando se refería a las hamburguesas. Yo  me enojaba, pero él me dijo póngale  nombre a su comida, para que sea atractivo. Le hice caso. Al principio la gente se enojaba, hablaba, pero como ya estamos    más de 20 años se acostumbraron”, recuerda.

El resto lo hizo su esposo y sus hijos: bautizaron el puesto con el nombre de la Esquina del Gato Burger, crearon un logo (un gato de luces), grabaron el menú, que lo reproduce  una grabadora  a modo de altavoz, y pensaron en los nombres más  provocativos para su comida.

"Los clientes también le ponen los nombres, los clientes que nos conocen desde siempre”, dice la mujer. 

Entre los clientes de la Esquina del Gato Burger están   también turistas que siempre los recomiendan. "Nos crearon hasta un sitio en internet”, cuenta Tomás. 

 Ahhh!...  Modesta y Tomás sí se conocieron hace más de 40 años por culpa de un perro, casualmente en la cuadra donde tienen instalado su negocio. Fue un fin de semana, después de un concierto del cantante argentino Horacio Guaraní en el Teatro al Aire Libre.

El policía jubilado recuerda claramente ese día: "Yo salía del concierto y la vi unos pasos arriba.
 
Se veía muy linda, ¿no la ve? Le lancé algunos piropos pero ella no daba la vuelta, ni se detenía, hasta que apareció un perro y se paro delante de ella para hacer su necesidad. No le quedó más que quedarse parada, justo el tiempo que me tomó alcanzarla y hablarle. Un año después nos casamos”.

 

 
 
 
 
 

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