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Gian-Carla Tisera fusiona ritmos de Bolivia y el Caribe

Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza  / La Paz

"Vine con mis cuatro maletas. Llegué como a las 10 de la noche un 1 de abril de 2008. No conocía a nadie, mi mamá me había dado su bendición, aquí me las busqué en la música”. Así recordó su llegada a Nueva York la artista boliviana Gian-Carla Tisera, quien recientemente  cumplió uno de sus sueños: cantar en el famoso escenario neoyorquino SOB’s (Sounds of Brazil).

La noche del 16 de junio, esta cochabambina presentó su segundo disco, titulado Sounds of Quiroga: A Salsa, Merengue, Bachata Project, que produjo con el músico dominicano Arturo Peña.
 
Este trabajo muestra una nueva visión de la música latina bailable, pues a la salsa, el merengue y la bachata se añadieron toques bolivianos.

Una de las canciones que Tisera interpretó la noche de la presentación fue una salsa con contenido social llamada Hoy seré feliz, que incluye una parte afroboliviana. "Habla de encontrar tu felicidad haciendo lo que tu amas”, afirmó desde Nueva York, al aclarar que el video de la pieza está en fase de producción. 

Una inclinación temprana

Tisera conoció la música cuando tenía cuatro años y vivía con sus abuelos en Cochabamba. "Yo era una niña muy inquieta. Mi abuela trataba de meterme a todo para que yo pueda enfocar esa energía”.

"Me metió en clases de varias cosas, pero, realmente, cuando toqué piano por primera vez fue cuando sentí que tenía un lugar en el mundo. Aprendí a tocar piano y a leer música antes de leer letras. Ése fue mi primer contacto con algo espiritual”, recordó. "La música siempre fue un norte para mí. Gracias a Dios tuve a mi abuelita que me metió en eso”.

Por circunstancias familiares, su madre se mudó a Estados Unidos; y ella y su hermano se quedaron con sus abuelos por un tiempo. Cuando su mamá se estabilizó en Los Ángeles, los hermanos partieron a su encuentro. "Mi mamá estaba sola, tenía tres trabajos. Ella hizo hasta lo imposible para que yo salga adelante en la música”, contó la artista. 

Un par de años después, su abuelo enfermó y ella retornó al país. Entonces ingresó al colegio Laredo de Cochabamba. Tiempo después volvió a Los Ángeles, donde asistió a un colegio que se especializaba en niños dotados en la música.

Tisera tenía la idea de ser cantante lírica y concluyó una maestría en ópera. Luego de graduarse se mudó a Nueva York. Al principio ella se acomodó en Brooklyn. "Trabajé de mesera, de oficinista, de recepcionista, de lo que sea y también hacía mi música”.

Otros géneros artísticos

Pasaron tres años y la artista empezó a sentirse vacía y a cuestionar lo que hacía. "Desde muy niña yo hacía música de otras personas, yo hacía música de Beethoven, Mozart, Bach, pero nunca era mi música, nunca era lo que yo quería decir”.

Además estaba incómoda con la idea de que todos los cantantes líricos deben adecuarse a los moldes tradicionales. Por todo ello, decidió abrirse campo en otros géneros artísticos como el jazz y la música latina tropical.

"Yo soy boliviana y voy a mezclar mi canto lírico con géneros folklóricos de Bolivia, usando el jazz”, explicaba a quienes se interesaban en su proyecto. "Estaban interesados en el concepto: mezclar la música lírica con folklore boliviano. Era una identidad lo que estaba tratando de expresar”.

Ella practicaba por horas infinitas y además buscaba relacionarse con personas positivas. Una de ellas fue el productor cubano Elio Villafranca, con quien en 2014 lanzó su primer disco llamado Nora la Bella. En este trabajo, el jazz fue como un puente entre la ópera, el folklore boliviano y el ritmo afrolatino.

Nora la Bella fue presentado en el Teatro Público de Nueva York. "Es un teatro muy respetado y me dieron el espacio para lanzar mi disco”, contó la boliviana. Otro escenario fue la Sociedad de las Américas, que se caracteriza por apoyar la cultura latinoamericana.

Los temas más exitosos fueron Señora chichera, Nora la Bella y una cueca himno del país.

Música tropical caribeña

Después del lanzamiento de Nora la Bella, la artista retornó a Bolivia y se quedó por un tiempo.
 
Tuvo presentaciones con cantantes líricos en Cochabamba, Santa Cruz y La Paz.

Pero ella tenía la idea de producir un disco de música tropical caribeña, en el que también pudiera expresar su identidad boliviana. Y, finalmente, optó por volver a Nueva York, donde, tras un concierto, conoció al productor Arturo Peña.

Ella le enseñó los ritmos bolivianos que podían incluirse en las composiciones. Así decidieron, por ejemplo, incorporar tinkuy a una bachata. "En el momento que entra tenemos que asegurarnos que la bachata se reduzca un poco para que la gente aprecie el ritmo del tinkuy. Es como esculpir, es difícil pero se debe encontrar el tiempo correcto”, explicó Tisera.

"Yo pienso que todos los ritmos del mundo pueden encontrar una negociación porque siento que la música es como una conversación. La música es como un ejemplo de lo universal, yo no hablo quechua perfecto, árabe o alemán, pero siempre hay formas de comunicación (…) La música para mí es un ejemplo de que en cualquier situación puedes encontrar un medio, un compromiso, una negociación, es el ejemplo más hermoso de que la paz es posible”.

Tisera considera que la ciudad donde reside es el escenario ideal para lograr esa negociación.
 
Además disfruta vivir en ella ya que es parte de una comunidad formada por gente  de diferentes países. "Nueva York es un país del primer mundo con una actitud del tercero. Yo en mi barrio conozco a mi frutera, tengo caseros en el mercado, es una comunidad, conozco a todos mis vecinos”.

Ahora ella está concentrada en la producción y lanzamiento de un video musical y en el proceso de aplicación para los Premios Grammy. Ella retorna regularmente a Bolivia, pues aún tiene lugares por conocer -como el Salar de Uyuni- y sueños por cumplir. "Quiero cantar en Carnegie Hall, quiero hacer conciertos en Europa y quiero cantar en Potosí”, concluyó.

 
 
 
 
 
 
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