La Paz, Bolivia

Martes 17 de Octubre | 14:48 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias

Tatiana Ramírez, la historia de una medium en La Paz

Tatiana asegura que nació con la capacidad de hacer contacto con espíritus y de sanar a la gente. Los dones se le expresaron desde niña. Un párroco la ayudó a entender sus “poderes”.

Tatiana Ramírez, la historia de una medium en La Paz

La mujer de 51 años también tiene facultades de vidente.Utiliza la coca. Foto:Sara Aliaga / Página Siete

Ivone Juárez /  La Paz 

Como casi todos los días, pasa nuevamente por ese callejón  sin salida de la calle  Méndez Arcos de Sopocachi, donde aún está en pie la casona donde vivió desde que tenía cinco años  hasta el día en que se casó, a sus 23. Abre el portón de hierro que pusieron al ingreso del zaguán  y camina hacia una vivienda  amarilla. Se acerca a una de las ventanas y dice: "Este era mi dormitorio”.
 
 Mientras casi  acaricia con los ojos la vivienda, añade: "Ahora sólo siento nostalgia”.
 
 


La casa, que está a una cuadra de la plaza España y a dos del Montículo de Sopocachi,   es uno de los primeros lugares  donde Tatiana Ramírez   comenzó a experimentar uno de los dones con los que nació: "hacer contacto con los espíritus de  personas que ya murieron”.

 "En esta casa veía muchos niños, que corrían y jugaban, pero no distinguía si estaban vivos o  muertos, yo sólo los veía y se lo decía a mi mamá, le decía que jugaba con ellos. Al principio  ella  no me hacía caso”, recuerda. "No me asustaban, ellos no asustan, transcurren en paz”, añade inmediatamente.
 

La primera vez que recuerda haber sentido "otras presencias” fue en la casa que su familia tenía en el pueblo de Copacabana, en el lago Titicaca. Está segura de que fue cuando  tenía unos cuatro años. "Comencé a percibir lo que eran los espíritus, los santos, los ángeles”, dice. Los recuerda como niños que muchas veces revoloteaban a su alrededor, jugando.

A medida que Tatiana fue creciendo "esas presencias” se hacían más frecuentes y ya no eran solamente de niños, sino de personas mayores, como esa mujer que -cuando a tenía unos siete años-  se sentó a su lado y le pidió ayuda. "Me dijo: quiero que me ayudes a ir a ver la luz y desapareció. Fue lo más fuerte que me pasó cuando era niña”, cuenta. 
 

 Siempre  le contaba esas sus experiencias a su mamá, María Franco. Ella la escuchaba  y  le recomendaba que "no hiciera caso” y que "rezara”, hasta que un día, cuando Tatiana tenía 10 años,   decidió a llevarla con el padre Hugo, el párroco del templo del Montículo de Sopocachi. Fue el religioso quien le reveló a María que su hija tenía facultades paranormales.

"El padre Hugo le dijo que yo era psíquica. Ella comenzó a leer sobre lo que eran las personas con esas facultades”, cuenta Tatiana.

 A partir de entonces el religioso se convirtió en su confidente, con quien podía conversar sin miedo ni reserva sobre sus experiencias. Para una niña que muchas veces era rechazada por los chiquillos  de su edad, debido a su "raro comportamiento”, era muy reconfortante tener  cerca a una persona como el padre Hugo. "Él fue un pilar muy importante en mi vida espiritual y emocional. Iba a buscarlo al Montículo y me quedaba conversando sobre lo que sentía y percibía. Él me escuchaba y me orientaba”, recuerda Tatiana, que hoy es una mujer de 51 años.
 

  El padre Hugo tenía un temor, que la niña que tenia contacto con espíritus  se topara en cualquier momento con una presencia maligna. Por eso siempre le recomendaba que llevara un rosario, agua bendita y que  tuviera presente  la oración. 

"Me enseñó rezos muy diferentes. Hay espíritus malignos y benignos, seguro que él quería protegerme de los malignos, porque cuando eres niño y tienes estas facultades, no diferencias.
 
Aún ahora puedo percibir espíritus que parecen buenos, pero pueden ser malos. Tanto en la humanidad como en la espiritualidad las personas se disfrazan”, dice Tatiana.

De lo que el párroco no pudo protegerla fue de la discriminación, sobre todo en el colegio, donde la mayoría de sus compañeros la rechazaban.

"Yo sabía todo lo que pasaba y veía a través de las cosas, veía lo que había dentro de los bancos y de los bultos de mis compañeros. Cuando se perdía algo, yo sabía quién lo tenía y lo decía, pero la mayoría de las veces eso me valía castigos y  llamadas de atención”, cuenta. "Además,  siempre prefería estar sola. Me quedaba ensimismada y eso les asustaba... yo era diferente”, continúa.
 

Otra actitud que la mostraba como una niña diferente era su excesiva solidaridad con las personas.
 
"Regalaba mis cosas sin más, no me importaba y mi mamá sufría por eso. Tal vez no entendía que yo sentía el dolor, la tristeza de la gente y que buscaba la forma de reconfortarlos dándoles lo que tenía”, comenta.

 Así, entre la soledad,  un desprendimiento de lo material excesivo, el quedarse a veces hablando sola y asegurar que tenía contacto con espíritus, Tatiana llegó a la adolescencia, cuando, por un tiempo, se olvidó de  sus facultades.

 "Fui una adolescente más, con amigos, fiestas, a jugar fútbol, todo lo que tenía cualquier joven”, dice. Pero, a los 23 años, conoció a una persona que vio sus capacidades. "La conocí cuando hacía voluntariado en los hospitales y me enseñó a descubrir todas las facultades que tenía, que no era sólo el ser médium, sino que podía practicar la sanación. También me enseñó que no podía hacer contacto en cualquier momento con los espíritus y que era capaz de asistir a las personas que agonizan para que sus espíritus puedan ascender”, cuenta.

Desde entonces decidió abrir sus dones  para ayudar la gente. "Son dones que me dio Dios. Yo soy medium, no soy espiritista, no hago nada para que los espíritus se queden, los respeto mucho.
 
Nosotros no debemos perturbar esa paz. Los espíritus no están para ayudarte, para eso están los santos y ángeles. El espíritu tiene que seguir su camino a su asunción al cielo”, asegura.
 

74
12

También te puede interesar: