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Patzi, de hacer adobes a tener un patrimonio de Bs 6 millones

Félix Patzi tiene 12 libros publicados y, según dice, una editorial le ofreció $us 600 mil por los derechos. Habla de la influencia de su esposa en su vida.

Patzi, de hacer adobes a  tener un patrimonio de Bs 6 millones
Mery Vaca  / Página Siete

Félix Patzi Paco, el gobernador de La Paz, a sus 50 años es un hombre exitoso. Es sociólogo, tiene una maestría, un doctorado, 12 títulos publicados y, según su declaración ante la Contraloría General del Estado, posee un patrimonio de seis  millones de bolivianos sin ninguna deuda.
 
Pero, no siempre fue así. Desde su niñez tuvo que trabajar en la chacra, se hizo comerciante en Puno, fabricante de adobes en La Paz y vendedor de revistas en la universidad.
 
Esa forma de ganarse la vida le sería muy útil el año 2010, cuando tuvo que purgar una condena de la justicia comunitaria haciendo 1.000  adobes, como una forma de redimirse luego de haber sido detenido conduciendo en estado de ebriedad.
 
Era un año electoral y Patzi, luego de haber sido ministro de Educación y secretario general de la Prefectura de La Paz, era el candidato del MAS precisamente a la Prefectura. Era un gran momento para él hasta que una madrugada fue interceptado en la avenida 6 de Agosto conduciendo un vehículo con unos (o tal vez muchos) tragos demás. 
 
Con un sombrero de ala ancha fue filmado y fotografiado haciendo los adobes, luego pidió perdón a Evo Morales, pero ni así pudo salvar su candidatura.  El MAS le obligó a renunciar a su postulación y, cual cereza en el pastel, perdió su licencia de conducir por un año.
 
Pero, Patzi supo reinventarse políticamente y un periodo más tarde llegó a la anhelada Prefectura convertida en Gobernación con la sigla de SOL.bo, aunque él deja claramente establecido que su partido se llama Tercer Sistema. Esto quiere decir que no es el MAS ni la rancia oposición, es… el tercer sistema.
 
A Patzi, igual que al presidente Morales, le gustan los simbolismos ancestrales. Por eso, cuando asumió como gobernador, protagonizó un ritual en el que se lo vio saliendo de una cueva con cadenas que luego rompería ante las cámaras. Se mostró, entonces, como una reencarnación de Túpac Katari, solo que no hubo caballos mirando hacia los cuatro puntos cardinales.
 
Patzi es aymara, originario de la comunidad de Santiago de Llallagua, ubicada a 45 minutos de viaje desde El Alto. Es el octavo de 12 hermanos.
 
La prematura pérdida de su padre le obligó a hacerse cargo de la chacra. Luego, se marcharía al cuartel y de inmediato a Puno, Perú, donde estudió la mayor parte de su carrera, al mismo tiempo que era vendedor "de todo lo que había allá”.
 
"Yo he crecido con mechero, eso para mí no es pobreza, para mí pobreza es no tener recursos, puedes tener agua, luz, internet, pero si no tienes ingresos (eres pobre)”, dice el sociólogo y aclara que los ingresos eran escasos en su casa y por eso tuvo que trabajar mucho y desde niño.
 
Antes de terminar su carrera hizo su traspaso a la UMSA, donde  pudo titularse mientras conseguía contratos para hacer adobes y aprendía un nuevo oficio, el de vendedor de revistas.
 
Eso le serviría después para comercializar sus propios libros, que, según dice, son la fuente de su patrimonio.
 
Habla con orgullo de sus 12 títulos, entre ellos Etnofagia estatal e Insurgencia y sumisión. Dice que la mayoría está por la cuarta edición y que uno de ellos ya va por la décima.

Explica que la impresión de 1.000 libros, que vende a 40 bolivianos cada uno, le reditúa 40.000  bolivianos, de los que hay que restar el costo de la impresión. Hace sumas y afirma que en dos ediciones ya son 80.000 bolivianos de ingreso.
 
El secreto de sus ganancias está en la venta directa y personal de sus libros, sobre todo en seminarios y charlas donde coloca entre  30 y 40 unidades. No se fía de las editoriales. 
 
Cuenta que hace poco, la editorial Siglo XXI le propuso comprarle los derechos de todos sus libros a 600 mil dólares, pero que él, en consulta con sus hijos, decidió no desprenderse de su verdadero patrimonio, que es su producción intelectual.
 
Pero, no sólo recibe ingresos de la venta de sus libros, sino que se jacta de ser un docente emérito de la UMSA, de esos que ganan muy bien, trabajan a tiempo completo y son inamovibles. 
 
"Ya nadie puede botarme, tendría que cometer un delito común”, explica. Sólo que ahora, gracias a una licencia especial, se quedó con 64 horas para impartir una materia en las carreras de Sociología y Ciencias de la Educación de la UMSA.
 
Como Gobernador percibe poco más de 13.000 bolivianos y recibe 7.000 de la universidad, por lo que termina ganando sólo 500 bolivianos menos que el presidente Morales.
 
Patzi, que es un duro crítico de la reforma educativa, que impulsó la nueva Ley de Educación Avelino Siñani y Elizardo Pérez y que fue ministro de Educación, cree en la educación fiscal y por eso sus hijos asisten al colegio público Agustín Aspiazu. Tiene seis hijos, tres en su primer matrimonio y tres en el segundo.
 
La vida  privada de Patzi también hizo noticia en junio del año pasado, cuando la oposición denunció que su esposa, Massiel Terrazas, era el verdadero poder detrás del trono. En esa ocasión, Patzi justificó la presencia de su compañera en la Gobernación apelando a la figura aymara del "chacha-warmi” (hombre mujer) que deriva en un "poder diárquico”. Esto, en lenguaje menos originario y menos académico, significaría que gobierna la pareja, con la aclaración de que la acompañante no debe ser la amante. La frase estaba dirigida, sin mencionarla, a Gabriela Zapata, la exnovia del presidente Morales, que por esos días hacía noticia.
 
"Una de las mejores formas de deconstitución es el poder diárquico. En la lógica aymara no sólo ejerce una persona, sino los dos: marido y mujer, tiene que ser marido y mujer”, dijo aquella vez el Gobernador.
 
Ahora, Patzi cambió de versión. Dice que su esposa, pese a ser tan doctora como él y además políglota, está dedicada al cuidado de los niños, aunque reconoce que le "coadyuva en el sentido más político, no en términos institucionales”. Su esposa es cruceña de nacimiento, pero tiene sus raíces en Cochabamba, por lo que habla el quechua, además de inglés, francés, aymara y, por supuesto, español.
 
Patzi habla aymara, español y lee en inglés. Y, seguro que lee mucho porque es un académico muy reconocido.
 
"Yo he crecido con mechero, eso para mí no es pobreza, para mí pobreza es no tener recursos”, explica el sociólogo aymara.

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