La Paz, Bolivia

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Guadalupe Peres Cajias
Alias Agatha

¿Ganamos la “Guerra del Agua”?

¿Ganamos la “Guerra del Agua”?
Hace 16 años, pensamos que sí, que este preciado elemento podría ser distribuido a la ciudadanía como demanda la normativa internacional y local, al revertirse la intención de privatizar ese recurso. Nos equivocamos. 

Como bien mencionó el reportaje "Los Juegos del Agua”, del periódico El País (2015), Cochabamba -principal sede del citado conflicto- sigue con dificultades para acceder al agua. Y como en la mayoría de las situaciones naturales y sociales desfavorables, las poblaciones económicamente marginadas son las más afectadas. 

Hace más de una semana, la ciudad de La Paz está sufriendo dificultades similares a las de Cochabamba, aunque agudizadas por la negligencia de las instancias que administran el agua y extendidas a casi toda la mancha urbana. En este contexto, hoy creo pertinente analizar ¿por qué sigue vigente la problemática de acceso al agua?

Como bien se sugiere en el modelo planteado por M. Hetcher y C. Horne (2003), para explicar fenómenos sociales  es necesario atravesar la comprensión en los niveles macro (estructural), meso (institucional) y micro (individual). En función a esta categorización, considero que la problemática del agua tiene que ver con tres factores fundamentales: el proceso desproporcionado de industrialización, consecuencia del capitalismo acelerado; la debilidad y negligencia de instituciones que administran los recursos hídricos (tales como EPSAS); la falta de cultura y educación ciudadana respecto al tratamiento responsable del agua.  

El primer punto ha sido ampliamente explicado por diferentes especialistas, que –valga la aclaración- no son sólo activistas esporádicos. Entre ellos, está el geógrafo británico D. Harvey, quien en su texto  El Nuevo Imperialismo (2005) explica la relación entre los procesos políticos y económicos, de las últimas décadas, con las negativas consecuencias ecológicas y climáticas. 

El desarrollo acelerado del capitalismo está sostenido en prácticas cada vez más comunes globalmente, como el extractivismo, la mercantilización y privatización de la tierra, la industrialización, la deforestación, entre otros. El citado autor explica que a partir de éstas, se produce la "acumulación por desposesión”, atribuida a "la avanzada neoliberal”. Estos procesos estarían alterando los ecosistemas y, en consecuencia, limitando la producción natural de elementos básicos como el agua. 

Cabe aclarar que a diferencia de lo que se creía hasta hace unos años, las prácticas vinculadas al llamado "capitalismo salvaje” no son exclusivas de partidos "conservadores” o "de derecha”.
 
De lo contrario, no se explicaría la vigente crisis del agua en un país dirigido por el "Movimiento Al Socialismo”. 

Como explicara la activista Marcela Olivera a los periodistas del periódico El País, "la privatización no viene sólo a través de las multinacionales, sino que también llega a través de los gobiernos”.

Gobiernos que además no han podido construir instituciones sólidas y técnicamente desarrolladas para administrar un recurso básico como es el agua. En este nivel (el meso), se ha advertido la incompetencia técnica de EPSAS, así como la fragilidad institucional de la misma, ilustrada en las denuncias de corrupción que ha recibido. El resultado ha sido la incapacidad de prever la falta de recursos hídricos para la ciudad de La Paz y la vigente problemática de acceso en otros destinos del país. Una situación que podría ser revertida si se trabajara adecuadamente en el tratamiento de los recursos hídricos, forestales y de los glaciares. 

Para concluir, es necesario pensar en el nivel micro social que también ha contribuido a la preocupante inaccesibilidad al agua que atraviesa Bolivia. Los sujetos se han acostumbrado a considerar a los bienes naturales como bienes interminables e infinitos. Dejar el grifo abierto, usar desproporcionadamente las hojas de papel, son sólo algunas de las prácticas que ilustran ese punto. Al respecto, toca pensar en mecanismos de educación y cultura ciudadana que permitan modificar esos comportamientos. 

Los sujetos somos los protagonistas del cambio y de nosotros depende la transformación de los otros niveles. A ver cuántos se animan no a ganar una batalla, sino una guerra… otra vez del agua. 

Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación. 
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