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Veronica Ormachea Gutierrez
Focus

El Papa y Cirilo I reconcilian iglesias

El Papa y Cirilo I reconcilian iglesias
Sin duda, la diplomacia más hábil del mundo la tiene el Estado más chico: el Vaticano.

El papa Francisco nos volvió a sorprender. Esta vez con una reunión reconciliadora entre las iglesias Católica y Ortodoxa rusa, que dio fin al cisma que duró casi mil años.

Su Santidad se reunió con su homólogo Cirilo I, Primado de la Iglesia Ortodoxa y Patriarca de toda Rusia, la más influyente de la ortodoxia.

El Santo Padre rompió el hielo al llamar a su homólogo "mi querido hermano” y se dieron un abrazo de reconciliación.

Tuvieron como escenario La Habana, cuyo gobierno está haciendo buena letra para insertarse en el contexto internacional.

La reunión se apresuró, ya que el grupo terrorista Estado Islámico está cometiendo genocidio de cristianos inocentes en Oriente Próximo y África.   Las autoridades religiosas afirmaron que no podían permanecer indiferentes; por tanto, llamaron a la unidad para tomar medidas conjuntas y tomar acciones en su defensa.

En el siglo IV se produjeron diferencias entre católicos y ortodoxos que terminaron con en cisma en 1054, cuando el Papa de Roma y el Patriarca de Constantinopla se excomulgaron mutuamente. El cristianismo se dividió en católicos de occidente y ortodoxos de oriente y la iglesia Roma dejó de ser universal.

El papa Francisco tiene otro gran objetivo, pretende expandir el catolicismo en la gran Rusia, creando más diócesis católicas y seguiendo los pasos del papa Juan Pablo II, que nunca pudo visitar aquel país.

Cuando la Guerra Fría,  los católicos de la entonces URSS y Ucrania fueron reprimidos y obligados a entregar las iglesias a los ortodoxos. Cuando cayó el Muro de Berlín, éstos recuperaron su religión incluso en los países del Este, aunque Polonia la mantuvo.

El cisma de 1054 fue por diferencias lingüísticas, culturales, pero principalmente doctrinarias.  Por ejemplo, el concepto de purgatorio o la controversia trinitaria. Mientras los católicos rezan por el hijo, los ortodoxos lo omiten.

Para muchos aquello no merecía una separación de siglos, pero la intolerancia religiosa es ininteligible.

También existe un tema de poder. Para los católicos el Papa es la máxima autoridad y tiene facultades de gobierno, lo cual los ortodoxos no han  reconocido. Éstos cuentan con varios patriarcados, en los que cada uno tiene preeminencia. Por ejemplo, existe uno pequeño en Estambul y uno enorme en Rusia, que cuenta con millones de creyentes.

Es más: la iglesia rusa siempre ha estado vinculada al poder político, lo cual es un error, ya que los asuntos eclesiásticos deben mantenerse independientes de cualquier Estado o Gobierno.

Dichas iglesias, sin embargo, tienen en común los siete sacramentos. El bautismo, la confirmación, la comunión, la confesión, el matrimonio, la extremaunción  y la ordenación sacerdotal. La diferencia es que en la ortodoxa los sacerdotes se pueden casar, aunque no los obispos. No así en la católica, que mantienen el celibato en todas la jerarquías.  

Diferencias o no, el acercamiento ha sido un hito fundamental en la  historia del cristianismo.

Verónica Ormachea Gutiérrez es periodista y escritora.
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