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Veronica Ormachea Gutierrez
Focus

Maduro, con los días contados

Maduro, con los días contados
Cuando un presidente inepto y corrupto ha destruido su país y se aferra al poder, al pueblo no le queda más que recurrir a la Constitución para cambiar al gobierno. 

Venezuela, hace 17 años, vive una autocracia arbitraria y ahora está al borde del colapso.  
 
La oposición convocará a un referéndum revocatorio y una enmienda constitucional para retirar a Nicolás Maduro del gobierno para luego llamar a elecciones. Ésta opta por la vía pacífica y legal para evitar un enfrentamiento fratricida, ya que Venezuela es una bomba de tiempo.
 
Maduro se niega a renunciar. Su presidencia concluye el 2019, pero según la Constitución, ésta puede ser revocada a través de un referéndum cuando cumpla la mitad de su gestión. Según encuestas el 76% de los habitantes  desea su salida anticipada. Incluso existe un ala disidente del chavismo que ha pedido su dimisión. A esto se suma que los ciudadanos salen a diario a las calles a exigir que abandone el cargo.
 
El Jefe de Estado se ha cavado su propia tumba. Ha llevado a la sociedad al límite. Aparte de quebrar económicamente al país, no ha tenido la voluntad política de decretar la amnistía para liberar a los presos políticos arbitrariamente detenidos. Un error histórico. La escasez de alimentos continúa, la inflación ha llegado al 720% ( hoy la más alta del mundo), las colas, el mercado negro, la devaluación, los cortes de luz y agua y la inseguridad ciudadana son una constante. A pesar de ser una potencia petrolera, la situación se ha agravado por la caída de los precios del crudo.
 
El líder opositor  Henrique Capriles (dos veces candidato presidencial) dijo que impulsa dicho referendo para evitar un golpe de Estado o una explosión social. 
 
En las elecciones generales del 2013 hubo una estrecha diferencia entre Capriles y Maduro. La oposición exigió una auditoría de votos, pero el recuento fue negado por éste y el Consejo Nacional Electoral (CNE) nombrado a dedo por el gobierno. Maduro pidió apoyo a países de Unasur y se posesionó entre gallos y medianoche.
 
El populismo demagógico en Latinoamérica va cayendo como castillo de naipes, principalmente por su ineptitud para gobernar, el fracaso del modelo, la caída de los precios de las materias primas  y por los escándalos de corrupción. 
 
Cuando la economía tambalea, los gobiernos suelen caer. Así ocurrió en Bolivia con el presidente Siles Zuazo en 1983. El equívoco manejo de la economía desencadenó en la hiperinflación que fue de 27.000% acumulada y la cuarta más alta de la historia. Esto condujo al país al caos y él se vio obligado a renunciar y llamar a elecciones para preservar la democracia. No es el caso de Maduro, que no es un demócrata.
 
El triunfo en Argentina en diciembre pasado de Macri (de centroderecha) empezó a dar fin a la llamada "marea rosa” que se inició en 1998, cuando Chávez asumió el poder. Luego fueron elegidos gobiernos populistas de izquierda en Sudamérica que han gobernado durante los últimos 15 años. 
 
Hoy, Brasil  tiene la peor crisis económica en 25 años y está hundida por la corrupción; Correa de Ecuador  ha anunciado que no irá a la reelección; en Bolivia, Morales perdió el referendo para la reelección; y Maduro  tiene los días contados.
 
El hecho es que lo más probable es que retiren al mandatario venezolano.

Verónica Ormachea es escritora y periodista. 
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