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Juan Antonio Morales

Se necesita Macron, con o sin piano

Se necesita Macron, con o sin piano
A pesar de la distancia geográfica y cultural con Francia, sus últimas elecciones tienen lecciones para nosotros. En la patria de Descartes, el pueblo francés, como no podía ser de otra manera, como dicen los cronistas deportivos, ha elegido a Emmanuel Macron, un hombre cerebral y con una visión amplia de apertura al mundo, además de ser pianista y actor de teatro.  

Macron es por cierto un liberal pero parece tener una gran sensibilidad social. La sensibilidad social no es monopolio de los partidos de izquierda ni del populismo de izquierda. En tanto que liberal, cree en una inserción plena de su país en el comercio internacional y en los mercados internacionales de capitales. Es un convencido de las ventajas de la Unión Europea para Francia.
 
Por su sensibilidad social le prestará, lo esperamos, mucha atención a una buena distribución del ingreso y a remediar las carencias de los más necesitados. Tiene una actitud de apertura a los refugiados y, más ampliamente, a la inmigración. Con Macron, la división izquierda derecha pasa a un segundo plano.

Nosotros también necesitamos un líder joven, de espíritu abierto y no encasillado en lugares comunes, que reemplace a los liderazgos de los partidos tradicionales (incluyo al MAS entre los partidos tradicionales, después de 11 años de gobierno). El país tiene que aprovechar su dividendo demográfico, es decir la fuerte presencia de los jóvenes en la fuerza de trabajo (aunque no en el empleo) y quién mejor que un candidato joven para representarlos. Mis preferencias van por una candidata mujer y joven.

Los jóvenes, más que en otras épocas, aprecian el valor de una buena educación y están familiarizados con las nuevas  tecnologías. Ellos son mucho más alfabetos digitales que nosotros.
 
Mi esposa y yo, que ya somos viejitos, recurrimos a los nietos cuando tenemos un problema con la computadora o con el internet. 

Los jóvenes están también mucho más informados de lo que pasa en el mundo y están en la "aldea global”, para emplear la expresión, ya algo antigua, de McLuhan.  Eran niños cuando se tenían los gobiernos neoliberales y casi toda su vida ha transcurrido bajo el gobierno del presidente Morales. Como su gobierno siempre anda conduciendo con el retrovisor y no mirando hacia adelante, su discurso y su masiva propaganda ya no tienen eco. Para los jóvenes de ahora  el clivaje izquierda-derecha es algo para los abuelos. 

Los jóvenes creen mucho más que antes en la economía fundada en el conocimiento. Miran a la nube que almacena buenas ideas y no al suelo que guarda riquezas, como diría Gonzalo Chávez. Creen que la economía del país tiene que diversificarse para  romper con la extrema dependencia de nuestras exportaciones de las materias primas. No creen que fuera del Presupuesto General del Estado no hay salvación, como decían los mexicanos de principios del siglo pasado, y son mucho menos estatistas que sus predecesores.

Sostienen también que en el campo de las relaciones internacionales, hay que volver a colocar a Bolivia en el mapa. No es aislándonos del comercio internacional y de los mercados internacionales de capitales, menos aún arrimándonos a dictaduras, que el país sacará provecho.

Como dice Ana Palacio, una exministra española de Exteriores, el candidato no puede tener un discurso meramente tecnocrático (que puede ser una tentación para los jóvenes, añadiríamos) sino que tiene que encontrar el tono correcto para apasionar a los electores, insistiendo en la prosperidad compartida. Tampoco puede tener un discurso de falsas promesas, porque los electores se darán rápidamente cuenta y lo castigarán. Ya nos ha sucedido en el pasado.

Espero que los bolivianos seamos lo suficientemente sensatos como para votar por la renovación de la economía y de la política, así como para votar por la renovación generacional.  Les corresponderá a los partidos políticos buscar a los jóvenes que les representen o, en su defecto, a un joven ambicioso como Macron, que ponga en marcha su propio movimiento. Entre paréntesis, el partido de Macron se llama En Marcha.  

Juan Antonio Morales es profesor de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del Banco Central de Bolivia.
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