La Paz, Bolivia

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Agustín Echalar Ascarrunz
La curva recta

Turismo, de visas y otros males

Turismo, de visas y otros males
Hace unas semanas volvió a tener vigencia el tema de la mala decisión que tomó el presidente Evo al exigir visa de ingreso a ciudadanos Israelíes, como una forma de protesta contra los actos inhumanos que el Estado de Israel estuviera cometiendo en la Franja de Gaza. La acción de nuestro país posiblemente no fue ni registrada por el gobierno de Netanyahu, pero sí hizo que los jóvenes que venían a Bolivia, en cantidades considerables y se quedaban en Rurrenabaque por temporadas relativamente largas, dejaran de venir. Rurrenabaque languidece debido a la falta de turistas y Su Excelencia, ocupado en la verdad de las mentiras,  tampoco se ha dado cuenta del estropicio.

Ahora bien, Israel es un país pequeño, con sólo cinco millones de habitantes,  pero el efecto ha sido fatal para una población como Rurrenabaque, pero en las cifras macro no se nota. Algo parecido se ha hecho con uno de los países que más turistas manda a Latinoamérica. Me refiero, por supuesto, a Estado Unidos, a cuyos ciudadanos hace casi 10 años se les exige una visa, la cual cuesta lo mismo que pagan los bolivianos que quieren ir al país de Mickey. Los argumentos para exigir esa visa entonces fueron los de la dignidad nacional. Se llenaban la boca los del Gobierno con la palabra reciprocidad. 
 
Sonaba bien para algunos oídos, aunque nadie quiso adentrarse más en argumentos puntuales, como el hecho de que casi no hay norteamericanos que quieran  venir a quedarse a Bolivia sin tener un permiso de Migración, y que sí hay muchos bolivianos que sí irían y van en la otra dirección.  El asunto de la dignidad  y la reciprocidad explotó en la cara de los funcionarios de Migración, de la Cancillería y de turismo del Gobierno boliviano, porque pocos meses después, hace ya casi ocho años, la Unión Europea, vale decir los países del Tratado de Shengen, comenzaron a pedir visa a los ciudadanos bolivianos,  y Bolivia no se animó a exigir igualdad de condiciones. Pasa lo mismo con canadienses y con japoneses. 
 
Ahora bien, los argumentos a favor de la visa a los norteamericanos eran que éstos eran un mercado pequeño, que no representaban más del 10 % de los visitantes extranjeros y que, igual, se iban a acostumbrar a pagar. No ha sido así, sobre todo si consideramos el enorme crecimiento del turismo norteamericano en Perú y Chile,  y lo comparamos con el estancamiento de esta clientela en Bolivia. Luego de 10 años  podemos llegar a la conclusión de que nos hemos perjudicado enormemente.
 
 En estos 10 años, Puno, a la vuelta de Copacabana, se ha consolidado como el segundo destino turístico del Perú, luego del Cusco, con más de medio millón de visitantes que se quedan ahí por lo menos dos noches. La dignidad boliviana ha ayudado a eso.  El lago, en términos turísticos, está más peruano que nunca. El costo de una visa para hacer una pequeña visita de dos o tres días a Bolivia era simplemente demasiado alto y  los operadores han sacado a Bolivia, no del mapa, pero sí de sus catálogos. Se podría decir que Puno le debe, no un monumento, pero siquiera un honoris causa de la Universidad del Altiplano al presidente Evo.
 
Los bolivianos hemos hecho en estos años algunos esfuerzos para no tener más turistas, como lo demuestran los casos de las visas, y hemos apostado por inversiones cuestionables, como el financiamiento del negativamente famoso Dakar,  dicho sea de paso, el más capitalista y depredatorio de los entretenimientos.
 
No todas son malas noticias, en estos años se ha hecho para la infraestructura que facilita el turismo más de lo que nadie se hubiera podido imaginar hace unos tres lustros, me refiero a las carreteras asfaltadas, que llegan al Salar de Uyuni o que unen las fronteras entre Brasil, Argentina a Perú y también al aeropuerto de Uyuni.  
 
Apena que decisiones tontas, hechas con el hígado, no permitan  que esa infraestructura pueda ser utilizada por el turismo verdaderamente y que el país y su gente dejen de ganar el dinero, que siguen haciendo mucha falta en la patria.

Agustin Echalar Ascarrunz 
es operador de turismo.
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