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Agustín Echalar Ascarrunz
La curva recta

Del agua, su escasez y nosotros

Del agua, su escasez y nosotros

Agustin Echalar Ascarrunz

Desde hace un poco más de 10 días las cosas se han puesto color de hormiga en buena parte de la zona Sur de la ciudad de La Paz, no hay agua y eso es realmente muy desagradable. La gente está echando el grito al cielo y tiene razón, porque  realmente significa una gran incomodidad y porque, además, de alguna manera, esta ha sido una situación que se ha presentado sin previo aviso, al menos sin un aviso oficial, porque de la sequía y del Niño ya se había oído hablar desde junio o aún antes.
 
El Presidente, olvidando su monolítica prepotencia y arrogancia, ha pedido disculpas. Esperemos que esta actitud sea sincera y que se haya dado cuenta que gobernar no es sinónimo de inaugurar, y de andar jugando  con una pelota o con un avión, yendo de tumbo en tumbo. Y esperemos que en estos sus últimos tres años de gobierno tome conciencia y entienda que leer y escuchar es parte de la función de un primer mandatario. Podemos hasta esperar que esto lo vaya "preparando” para dejar las delicias del cargo que ocupa. 
 
El Vicepresidente ha declarado hace un par de días que la Pachamama "bien otra clase está”  y más allá de lo caricaturesco y lo paternalista de su aseveración, lo cierto es que ha dicho una gran verdad. La naturaleza nos está jugando una mala pasada.
 
Muchos opositores han aprovechado para poner en evidencia la estulticia del régimen y algunos en la ecuación han olvidado que lo que estamos viviendo, aparte de la improvisación y la mala gestión, tiene como componente un cambio climático constante, y un episodio climatológico específico muy serio.
 
No es necesario quedarse sin agua para la ducha diaria para constatar la ineficiencia, el clientelismo, la mala gestión y el despilfarro del gobierno del presidente que no le gusta leer, y que le mete nomás;  más bien, la gran lección que toca aprender como sociedad puede ser diluida a partir de una posición política coyuntural. Lo cierto es que los bolivianos somos extraordinariamente poco cuidadosos, no sólo con el agua, sino con nuestro entorno en general. El despilfarro del (seamos un poco cursis) líquido elemento de seguro que no sólo tiene que ver con las malas conexiones públicas, sino con problemas al interior de los hogares. A eso se añade un uso poco responsable del agua a la hora de las más cotidianas de las tareas.
 
Tengo que confesarme culpable en primer grado de ese tipo de comportamiento y por eso mismo no me alcanza el coraje para señalar con saña a los otros responsables del estropicio, y creo por eso que ésta es una oportunidad fantástica. No sólo con sangre entra la letra, eventualmente, con un poco de mugre o algo más de sudor, también. 
 
Este episodio de sequía que ha dejado sin agua a una buena parte de la ciudad de La Paz puede servirnos de ejercicio y de aliciente para modificar nuestros hábitos, para tomar conciencia de que nuestro comportamiento privado puede influir de verdad en el bienestar de todos y para empezar a entender de verdad lo que nos espera respecto al agua en un futuro, que tal vez no esté tan lejano.
 
Sobre el mal gobierno, tenemos el resto del año para ponerlo en evidencia y denunciarlo. Pruebas y ejemplos no faltan.     

Agustin Echalar Ascarrunz es operador de turismo.
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