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La curva recta

Una semana muy democrática

Una semana muy democrática
El domingo pasado, la red ATB regaló a los bolivianos un bodrio que se puede creer viene de la parte menos elegante de las entrañas del Gobierno y que fue un verdadero disparo en el pie para ellos. La famosa  no-entrevista a Gabriela Zapata, esa especie de primera dama que tuvo el Estado Plurinacional sin que nadie se diera cuenta, resultó siendo absolutamente anodina. No aportó con ninguna novedad e hizo unas acusaciones tan burdas, que sólo llevaron a la carcajada. Esta pieza de propaganda gubernamental, hecha al mejor estilo de una cinta de agitación y propaganda soviética o de la Alemania "Democrática” de los años 50, resultó siendo un tonificante para una enorme cantidad de gente que, indecisa hasta por su propia flojera, no estaba convencida de ir a la concentración conmemorativa del triunfo del No en la plaza de San Francisco.

Así, esta semana comenzó con muy buenos augurios, que el martes se consolidaron a medida que iba pasando las horas, hasta que se dio esa muy importante reunión de personas en el lugar citado. La enorme concentración de gente (me niego a dar cifras) fue impresionante. Hasta el inmenso retrato de Fidel Castro que colgaba del frontis del convento de los franciscanos quedó visco, tal vez  porque nadie reparó en él.

La exitosa reunión de las personas que votaron en contra de una reforma constitucional que allanará el camino a Evo para convertirse en un presidente eterno tiene que hacer pensar al Primer Mandatario. Es posible que lo mejor que le podría pasar es simplemente que haga lo que se espera de un presidente, vale decir, que cumpla con la Constitución y que la defienda. Sabemos que es más fácil decirlo a que suceda, pero el buen sabor de un aire verdaderamente democrático vale la pena degustar.

Y la semana no acabó el martes porque el miércoles  Carlos Mesa  presentó su libro Bolivia 1982- 2006 Democracia, que trata sobre los años que se iniciaron el 10 de octubre de 1982 hasta 2006, momento en que don Evo Morales fue ungido como presidente de la antigua República. Mesa, en su condición doble de historiador y periodista, tiene las armas para enfrentarse a temas de historia reciente, y el hecho de haber sido protagonista de parte de ese periodo no  disminuye el valor del texto. De hecho, los testimonios también son muy  válidos. El libro es pequeño y  está diseñado para que sea una lectura rápida, pero en la que se puede fijar algo muy importante y que ha sido negado y distorsionado de manera irresponsable y ladina por el discurso político triunfador de los últimos tiempos.

Las dos décadas y fracción del (mal) llamado neoliberalismo, según Mesa,  y de la democracia pactada han sido puestas en su peor luz y con distorsiones caricaturescas por los nuevos tiempos, y se ha olvidado la importancia de ese período que -como dijo el expresidente  en la presentación de su libro- no sólo tuvo sombras, sino muy importantes luces.

No es un descubrimiento el que Evo sea un tributario de ese periodo histórico, ante todo de las reformas estructurales que hizo Sánchez de Lozada, amén de  los contratos petroleros hechos por Banzer y Quiroga,  pero eso no había sido dicho en forma sistemática en un libro de fácil lectura.
La democracia se la puede entender sólo con el respeto a todos los actores de la vida social y la negación de una parte de la historia, y sus logros, sobre todo cuando se trata de hechos tan recientes,  resulta tan perniciosa como lo sería negar los méritos del gobierno actual.

La presentación del libro de Mesa, más que una reivindicación de esos años es una reivindicación de la historia y eso es tremendamente importante para seguir adelante.

Hemos tenido pues una semana democrática en su simbología callejera y en el plano intelectual. Flor de semana, podríamos decir. Ya tocará después ocuparse de la coca.

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.
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