La Paz, Bolivia

Lunes 23 de Octubre | 13:18 hs

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Agustín Echalar Ascarrunz
La curva recta

La Paz y su centro histórico

La Paz y su centro histórico
Hace un par de días, cuando subía por la avenida del Poeta hacia el centro de la ciudad, pude ver, con toda su gallardía y prepotencia, la enorme torre que el presidente Evo está mandando a construir en la esquina de la Potosí y Ayacucho. El edificio ya ha alcanzado su altura y supera a la del Banco Central. 

De lejos, aunque todavía es esqueleto, no se ve mal.  De cerca, como todos sabemos, visto el edificio desde la Plaza Murillo, es un insulto a la urbanística y a la buena arquitectura, porque ésta jamás violenta un espacio patrimonial antiguo.

He llegado a la Plaza Murillo refunfuñando y echando maldiciones, como lo hago desde que empezaron a demoler la casa de 1824, como alguna vez se llamó al caserón que ocupaba lo que ahora ocupa esa odiosa estructura, y me he topado con otro desastre en la misma plaza, me refiero a la casa derrumbada de la esquina Ingavi y Bolívar. Usted dirá, estimado lector, que ésta es una noticia vieja, que la casa se derrumbó hace varios meses, y es verdad, pero la noticia es que no se está haciendo nada y que ése es un tema que debe ocuparnos, pese a los delitos urbanísticos cometidos por los altos dignatarios del Gobierno y su ignorante, y lambiscona corte.

Las heridas causadas por la llamada Casa Grande del Pueblo y el edificio anexo del Palacio Legislativo al centro histórico de la ciudad dejan cicatrices atroces e indelebles en el rostro de ésta, pero eso no debe significar que debemos renunciar a preservar el centro histórico de la ciudad. De hecho, a pesar de todo, el centro de La Paz no ha sufrido un abandono total, y el valor de las casas no es despreciable. El centro de La Paz no está tugurizado. 

La Alcaldía de La Paz debe tomar cartas en este asunto y debe ser proactiva en la restauración, y conservación de ese centro. Dicho sea de paso, la recuperación del mismo, podría consolidar a la ciudad como el principal destino de los turistas extranjeros que llegan a Bolivia.

Es inaceptable que la plaza principal de una sede de Gobierno tenga el nivel de descuido que muestra la plaza Murillo, la propiedad derrumbada es el extremo del descuido. Ésta debería ser expropiada, reconstruida (y eventualmente vendida para recuperar los costos). Pero no es el único edificio descuidado en ese punto tan importante de la ciudad. Está la abandonada casa Agramonte, el cerrado Hotel París y un par de casas más, que requieren más que una mano de pintura.

No sólo hay malas noticias. En la calle Sucre, a cuatro pasos de la plaza Murillo, han sido restauradas un par de casas antiguas por el Arzobispado y en la acera del frente del Palacio Legislativo, una casa ha recuperado sus formas, es allí donde funciona la agencia de viajes estatal. 

La Paz ha recibido hace un par de años el dudoso título de Ciudad Maravilla y un poco más de amor por su centro histórico no le haría daño. La responsabilidad es de todos los que aman a este enrevesado y caótico hoyo urbano, pero debe comenzar por el municipio.

Estoy seguro de que hay prioridades mucho más importantes que la estética del centro de la ciudad, pero tener siquiera una plaza mayor que no esté abandonada no es mucho pedir.

Precisamente, por las circunstancias actuales y los elevados precios de las propiedades en general en la ciudad, la potencialidad de que la recuperación del centro de la ciudad pudiera no significar un gasto para el municipio, sino más bien un buen negocio. Formar algo así como una empresa municipal de recuperación de inmuebles patrimoniales podría ser una opción.

El centro antiguo de La Paz debe sobreponerse al ataque ignorante y arrogante de Evo, Álvaro, Gabriela (la Montaño, no la Zapata), y del Gringo. Se merece nuestro amor, merece ser recuperado y cuidado.
 
 Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.
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