La Paz, Bolivia

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Agustín Echalar Ascarrunz

El derecho de caminar con el torso desnudo

El derecho de caminar con el torso desnudo
La semana pasada, en la segunda, (perdón), primera ciudad de Bolivia por su población, tuvo lugar el siguiente episodio. Un joven de apellido Putz, que tengo entendido trabaja en la televisión local, salió de su casa a hacer vida saludable. Se puso a trotar unos cuantos kilómetros y, ya cansado, dejó el paso rápido, y siguió caminando. Ese día hacía calor, de esos que hace en Santa Cruz cuando no hay surazo y todos los cambas se disfrazan de collas, y, sin pensarlo dos veces, se quitó la polera, remera, sudadera, o lo que usted quiera llamar a la camiseta que los hombres usamos. Estaba seguramente disfrutando del momento, de esa adrenalina que se consigue corriendo, disfrutando de la belleza de los árboles que adornan muchas de las calles de Santa Cruz, de esa humedad que entra por los poros, los hincha y nos da una piel saludable, cuando fue interceptado por un agente del orden.
 
El policía lo miró seriamente y le exigió que se pusiera la remera. Cuando el afectado preguntó ¿por qué? el policía, muy serio, le contestó que no era normal andar sin remera. A partir de eso se desarrolló una comedia digna de un sketch cómico para Tralalá y el asunto concluyó con que el joven Putz acompañó al policía a una dependencia cercana de la institución de orden. Allí, un poco abochornado, un policía de mayor rango lo dejó ir porque, obviamente, no había ningún motivo para levantarle ningún tipo de denuncia.
 
Como joven de su generación, Putz activó las redes sociales, subió una grabación del ridículo diálogo con el primer policía. Debemos reconocer que el efectivo del orden en cuestión no fue grosero con el joven. Éste, por su cuenta, llegó, en algún momento, a ser algo torpe, pero aclaremos, eran sus derechos los que estaban siendo vulnerados.
 
Las redes, que son un invento diabólico, explosionaron. Hasta yo me enteré del hecho en la lejana La Paz. Muchos mostraron una seria solidaridad al joven, otros, que no tienen idea de principios, le recriminaron el que no se hubiera puesto de nuevo la remera y punto... otros aprovecharon el pánico para sacar a pasear su racismo.
 
Si Sebastián Putz hubiera sido Sebastiana y hubiera dejado sus bubies al aire, le hubiera asistido el mismo derecho. Pero, debemos aceptar que hubiera sido un hecho inusual, y hasta se podría ver con simpatía, que un paquito atónito le pidiera a la señorita que se cubriera los senos. Pero lo que ha sucedido con el joven es una muestra de abuso de autoridad en su quinta esencia.
 
Más allá de que mientras menos ropa mejor, más allá de que el joven no estaba en una borrachera callejera, sino haciendo deporte, algo que sólo se puede felicitar, es importante que el ciudadano esté atento ante cualquier brote de retroautoritarismo. ¿Qué se le pasó por la mente al policía de marras para acercarse a un ciudadano e inmiscuirse en su modo de vestir en la calle? ¿Por qué le pareció indecoroso que un joven anduviera con el torso desnudo?
 
Muchos pueden creer que este es un tema poco importante y no lo es. Y es que se trata no sólo de las libertades de los individuos en la sociedad, sino de cómo la ignorancia y la confusión pueden ser terribles cuando alguien que posee estas taras termina en posición de más poder, por muy pequeño que éste sea.
 
Este tipo de situaciones son las que una defensoría del pueblo debería tomar como propias. Ante un hecho de este estilo, esa repartición debería indagar en el porqué del comportamiento del policía. ¿Fue iniciativa propia de éste o su actitud responde a un tipo de formación que se está impartiendo en la institución?
 
Con una actitud cotidiana, y sin mayores aspavientos, Sebastian Putz le ha hecho un gran servicio a la sociedad: su derecho a pasearse por las calles de su ciudad con el torso desnudo debe ser preservado.
  
Agustín Echalar Ascarrunz / es operador de turismo.
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