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Agustín Echalar Ascarrunz
La curva recta

De la salud y sus absurdos administrativos

De la salud y sus absurdos administrativos
Las dolencias, a principios de año, del Primer Mandatario y recientemente del ministro Luis Arce, y sus consiguientes viajes al exterior para buscar cura, han puesto en evidencia unas cuantas verdades que vale la pena de volver a subrayar. 
 
En primer lugar está el hecho de que Bolivia tiene serias deficiencias en el tema de la salud pública. Inclusive las instituciones privadas que se ocupan de ese rubro no pueden ofrecer a los más ricos un tipo de atención que sí existe en otros países, incluidos países vecinos. El otro asunto es que si bien hay cierto tipo de atención que sí se puede dar, los que pueden prefieren recibir esa atención fuera de nuestras fronteras. Ciertos complejos coloniales aún persisten, incluso, parece ser, entre su Excelencia y su gabinete.
 
Otro aspecto de este "socialismo del siglo 56” es que tiene ciudadanos de primera y de segunda, y hasta de tercera, cuarta y quinta. Los de primera pueden ir a buscar alivio a buenos hospitales fuera de nuestras fronteras y los otros, dependiendo de sus ingresos, pueden eventualmente morir porque falta lo más elemental para ellos,  en el más "trumpista” estilo.
 
Los 11 años de gobierno evista muestran su peor cara precisamente en el campo de la salud. La banalidad de creer y decir que las canchas de fútbol son equiparables a un hospital está cobrando su factura.
 
Ahora bien, aunque de acuerdo con  ciertos ratings, la salud en Bolivia es la peor de la región (de nada nos sirve ser el país con mayor crecimiento), sería obtuso no ver que muchas cosas han mejorado en nuestro país, que hay más hospitales y más centros de salud que antes, más máquinas para diálisis y también otro equipamiento. Sin embargo, todavía valdría la pena hacer el ejercicio para determinar qué porcentaje del Presupuesto General de la Nación se utilizaba para salud en Bolivia durante la llamada larga noche neoliberal y cuál es el que se usa hoy. Es posible que las prioridades del masismo dejen muchísimo que desear.
 
Los temas de salud son tremendamente importantes, son los que vulnerabilizan a la población de la manera más dura y es, por ende, ese punto en el que se debe trabajar con más ahínco. El Gobierno, pese a las inversiones hechas,  parece no entender la importancia de este tema. No debemos olvidar que Evo tuvo como ministro de Salud a una de las personas más descalificadas del hemisferio Sur, me refiero al tal Calvimontes. Acaba de sugerir una norma que haría incompatible el trabajo en hospitales públicos de médicos que tuvieran consulta privada, algo que eventualmente alejaría a excelentes galenos de los nosocomios estatales.
 
Más que hablar de grandes reformas e inmensas inversiones, que son una tarea pendiente en el país, quiero, sin embargo, hacer notar un detalle que pone en evidencia la ineficiencia, la estupidez y la falta de consideración que anidan en el sistema de salud boliviano, y que hacen la vida de los enfermos mucho más difícil: la costumbre de recabar fichas para la atención de los enfermos en el día.  El que muchos enfermos vayan, precisamente en medio de este crudo invierno, incluso a dormir delante de las oficinas donde se reparten estas fichas de atención, nos muestra la desconsideración, el poco respeto a la persona e, insisto, la incapacidad de hacer algo para evitar este inhumano y denigrante trato.  
 
Son responsables de esta aberración una enorme cantidad de funcionarios del Estado, empezando por la Ministra de Salud y terminando en los más distintos niveles de la parte administrativa del   sistema de salud pública y, por supuesto, también el Defensor del Pueblo, y otras instancias que deberían velar por el buen atendimiento en estas entidades.
 
Me pregunto de qué pueden servir los aparatos más sofisticados si exponemos a la pulmonía a los pacientes que tendrían que ser atendidos.
 
No poder tener un sistema que asigne una cita médica usando el teléfono, internet o con una visita previa al centro de salud es una vergüenza nacional.

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo. 
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