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Agustín Echalar Ascarrunz
La curva recta

Argumentos cuestionables

Argumentos cuestionables
Las razones esgrimidas por el oficialismo, para construir la carretera que cruzará por el parque nacional Isiboro Securé, son dos: la primera está en integrar al Beni. La aguerrida diputada Rivero, la del inolvidable tsunami beniano, ha dicho que lo que quieren es que el Beni deje de ser el patio trasero de Santa Cruz. Su visión es penosa y de "housewife”, por eso habla de patios traseros, como los gringos hablaban de Latinoamérica. En realidad, Santa Cruz, la gran ciudad de los llanos bolivianos, hoy la más grande del país, es el mejor mercado que puede tener el Beni. Nadie puede negar que sería deseable tener las más carreteras posibles en Bolivia, y si hubiera una entre Trinidad y el eje central, no estaría mal, el problema es que la que se pretende construir cruza el centro mismo de un importante parque nacional.

El otro argumento es muy curioso viniendo del Gobierno que puso de moda el "vivir bien”, anticapitalista y anti eurocéntrico, porque es un intento civilizatorio. Quieren continuar con la obra de los españoles, jesuitas y otros, de salvar de un destino atroz a la gente que vive en la selva.  El más contundente portavoz de esa pretensión es don Álvaro García, que ha dicho sin ambages que quienes están en contra de la carretera del Tipnis quieren que la gente de allí siga viviendo como "animalitos”, como hace 500 años, vale decir, como antes de la llegada de sus antepasados. 

Pero no ha sido sólo él, otra diputada del MAS ha dicho que quiere dar a los habitantes de la selva la oportunidad de vivir como la "gente”.  Iván Canelas L., periodista ligado al MAS (su padre es nada menos que el gobernador de Cochabamba y ha sido, no sólo ministro, sino biógrafo de Evo), ha dado su versión de las cosas de una manera más sensata, poniendo en evidencia la dura vida de la gente en la selva; su narración, que coincide en parte con la visión que da Mario Vargas Llosa,  en El Hablador, pone los puntos sobre las íes respecto a esa visión romántica de la vida en la selva amazónica.

Los románticos creen que esa vida en los paisajes bucólicos de la selva o sus cercanías es bellísima, y sin embargo esa es una apreciación simplemente estética. La pobreza, la falta de acceso a salud, la falta de seguridad, son enormes en el monte. Desear para la gente que habita la selva un futuro más "civilizado”, por muy fea que suene ahora esa palabra, no es necesariamente un pecado de lesa humanidad.

El problema es otro, aparte de que la gente que habita el Tipnis no vive en la zona por donde va a pasar la carretera, esta tarde o temprano atraerá pobladores y colonos, y el parque simplemente será destruido. Un parque nacional no tiene en realidad que ver con las personas que lo habitan, en realidad no debería ser habitado. Quienes habitan  las zonas de amortiguamiento, por más que sean descendientes de los selvícolas originarios, son potenciales depredadores, sobre todo si mejoran su calidad de vida.  

Contrariamente a las visiones románticas del salvaje noble y feliz (visiones heredadas también de la Europa conquistadora), ese equilibrio prácticamente no existe, más allá de que pudiera haber la ilusión del mismo. Es por eso que la idea de un parque nacional que sea además un territorio indígena tiene que ser revisada. 

El problema con el Tipnis, y específicamente con la región de este, por donde pasará la trasversal Evo (seguro que así la llamarán), tiene que ver con la protección de un medio ambiente excepcionalmente rico, y que debería ser preservado, sobre todo por el Gobierno de quien chilla en los foros internacionales de que la Madre Tierra tiene derechos y que éstos son más importantes que los de los hombres. 

La carretera del Tipnis es la obra más contradictoria de este Gobierno, y de seguro que será hecha. Evo debe ser recordado como el destructor N 1. de la Naturaleza, título que quedará cuando todos los doctorados "honoris causa” que ha recibido hayan sido olvidados.

Agustín Echalar es operador de turismo.
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