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Agustín Echalar Ascarrunz
La curva recta

De ortografía, prepotencia y humor

De ortografía, prepotencia y humor
Por supuesto que la buena ortografía es un bien deseado. Un libro con muchos errores ortográficos no es muy agradable de leer; sin embargo, siempre he tenido un cierto recelo por las personas que le dan mucha importancia a ese detalle de la escritura.  Me parece que detrás de la misma no deja de haber una enorme pedantería y una visión equivocada de las cosas. Es seguramente, en primer lugar, porque soy boliviano y porque en mi país la mayoría de la gente lee y escribe mal, aunque sea gente maravillosa. Tiene también que ver con la escuela a la que asistí, que daba más énfasis al fondo que a la forma; porque, aclaremos, la ortografía, por más que en algún caso cambie el sentido de una oración, ante todo es un asunto de formas, y ocuparse de eso en exceso no deja de tener un retrogusto cursi.
 
Tampoco le he dado mucha importancia a la ortografía porque he trabajado mucho con gente maravillosa y muy capaz en su rubro, cocineros y cocineras espléndidos que, por ejemplo, escribían listas de compras pidiendo "alberjas”, "abas” y otras verduras por el estilo. Aparte de eso, me ha tocado, cuando estudiaba historia, revisar documentos del siglo XVII y XVIII, y hasta posteriores, cuando aparecía la palabra "Magestad”, y un sin número de palabras que confundía la u con la v, o la h con la f. 
 
Para colmo, los bolivianos tenemos un lenguaje muy especial, un castellano particular, muy nuestro, y es que no diferenciamos fonéticamente la s de la c,  ni de la z, que tan claramente se supone que se deben pronunciar, de acuerdo a los mandatos de la Academia de la Lengua "Española”. 
 
Escribo sobre esto porque escribir Vicepresidencia o "Viceprecidencia” realmente es un detalle recontra menor y, más aún, en un pinche formulario interno. Las oficinas del Vicepresidente quien, dicho sea de paso, se pasa por el forro las normas de género cuando despacha arengas al campesinado boliviano, han sacado un comunicado informando del tipo de castigo que se dará al funcionario que cometió esa "aberración”, un castigo humillante, por cierto.
 
Salgo por los fueros de don Luis Oporto, director del Archivo del Congreso y la Vicepresidencia, quien es responsable de este pequeño gafe, por ser el jefe del Archivo y  no merece ser tratado de esa manera bajo ningún punto de vista. Entre otras cosas, porque una persona que vive prácticamente en un archivo puede tener como una deformación profesional esta falta de precisión  en la ortografía.
 
Un error tan nimio, aunque un poco bochornoso, debía ser subsanado con inmediatez, pero darle la importancia que se le ha dado es tan prepotente como cuando el presidente Evo echó de su cargo al ministro de aguas porque las cañerías estaban congeladas en Uyuni. 
 
La actitud de la Vicepresidencia muestra un superlativo de prepotencia y un no entender la verdadera dimensión de las cosas.  La infantilización de funcionarios al pedirles trabajos absurdos, por más que vengan disfrazados de una supuesta pátina de cultura, es un abuso que debería ser castigado por el Ministerio de Trabajo (una vez más es un pésimo ejemplo que se da a otros empleadores) y debería ser visto por la Defensoría del Pueblo y por el Ministerio de Justicia, ya que en un extremo se pudiera tratar de un acto discriminatorio.
 
Mi amigo Fernando Molina, el conocido periodista paceño, cree que este extremo es simplemente una broma de parte de la Vicepresidencia no comprendida por los graves bolivianos. Si es así, la gente de este Gobierno tiene que recurrir a Goni y tomar unas clases de humor e ironía.  
 
 Lo bueno de la notificación de la Vicepresidencia es que, por una vez, ellos se muestran llanos a recibir críticas y enmendar errores. Entonces, estamos a tiempo para que el nuevo edificio de la Asamblea Plurinacional no sea tan invasivo en el centro histórico de La Paz, reduciendo su altura a digamos unos cinco pisos  y, ni qué se diga, a evitar la destrucción del TIPNIS. ¿Escucharán? O como dijo Fernando, era sólo una broma que la población no supo entender.
 
Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo. 
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