La Paz, Bolivia

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Agustín Echalar Ascarrunz
La curva recta

No a “Evo forever”

No a “Evo forever”
El pedido de declarar la inconstitucionalidad de algunos de los artículos de la Constitución  evista, hecho por unos diputados evistas, pone una vez más en evidencia el bajo nivel al que ha caído la vida política boliviana desde que Morales subió al poder.

El increíble triunfo de Evo allá en las elecciones de diciembre de 2005 me agarró por sorpresa, porque la lectura que se podía tener de Evo era que se trataba de un líder cocalero, cuyo principal rol había sido bloquear al país para favorecer a los productores de la hoja de coca, que eran y son los socios minoritarios, pero cómodos, del narcotráfico, en desmedro del resto de los habitantes de Bolivia.

El que más de un 53 % de la población le diera su confianza y quisiera tenerlo como presidente fue un dato que puso en evidencia no sólo la decadencia del sistema político de ese entonces, sino una cierta falta de apego a valores esenciales de parte de la mayoría de los electores bolivianos.

Más allá de todas las falencias que hubieran podido tener los partidos políticos que participaron de megacoaliciones y otras vainas, el que precisamente esa personalidad, ligada al circuito coca-cocaína, se convirtiera en el líder máximo del país puede ponernos los pelos de punta respecto a las prioridades de la gente, independientemente del discurso que Evo desarrolló, mostrándose como el mayor indigenista y el mayor ambientalista.

La Constitución del año 5517 ( o 2009), implicó hasta para el observador menos puntilloso un paso a la consolidación del evismo, que incluye la permanencia indefinida de éste en la silla presidencial.
 
Esto por el simple hecho de que abría las puertas de la restricción a la reelección indefinida a través de un referendo que pudiera cambiar la Constitución de manera inmediata.

Aunque se puede entender perfectamente la popularidad aún aumentada del Presidente a lo largo de los años de su mandato, debido al inimaginable bienestar que dieron los precios internacionales de minerales, productos agroindustriales y el gas, tiene que quedar claro que parte de esa popularidad se debe a un desvergonzado gasto del dinero público para consolidar su imagen, precisamente en la población que sigue teniendo una situación tremendamente precaria y que es fácil de manipular.

El referendo del 21 de febrero del año pasado fue un verdadero hito porque bloqueó la modificación de la Constitución y los planes de eternización en el poder de los ideólogos del evismo.  Ahora lo que buscan los poderosos de turno es revertir esa situación.

Los diputados evistas han salido por la tangente al pretender que el Tribunal Constitucional Plurinacional declare inconstitucional la Constitución de Evo y han demostrado su triste formación, su incapacidad de entender las leyes del país, y el sentido mismo de una Constitución, que es en primera instancia el de limitar el poder del gobernante. Su pretensión es absurda porque esa instancia del Estado no está en condiciones de hacer lo que ellos piden. Cabe recalcar que a ese tipo de tristes ignaros se les ha estado pagando dietas, en algunos casos, durante muchísimos años.

Uno podría hasta reírse de esta iniciativa, sobre todo cuando sacan a relucir la convención de los derechos humanos firmada en San José de Costa Rica, porque eso sólo es posible a partir de un manejo delirante del concepto de los derechos humanos y del espíritu de ese documento, pero lo triste es que todos sabemos que este ridículo intento es sólo el comienzo de una secuencia de acciones para rearmar la estrategia de "Evo forever”

El rechazo a Evo no es porque se trate de un "indio”, como lo repiten los suyos, lo es a su prepotencia, a sus ansias por permanecer en el poder, a su desprecio por las formas que permiten una vida democrática y republicana. Eso está claro pero vale la pena recalcarlo.

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.
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