La Paz, Bolivia

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Agustin Saavedra Weise
Ventana al mundo

Matanza y tráfico ilegal de fauna silvestre

Matanza y tráfico ilegal de fauna silvestre
En materia ambiental y de fauna, nuestra querida Bolivia de los últimos años y de hoy se parece mucho al dicho aquel que dice: "No hagas como el cura Gatica, que predica y no practica”… La clase dirigente nos inunda con toneladas de palabreríos en torno a la Pachamama, pausa ecológica, defender el medio ambiente, proteger flora y fauna, etcétera, etcétera. La verdad verdadera: poco o nada de eso ocurre. Infames "chaqueos” en el oriente del país provocan daños irreversibles en cada temporada y nadie hace nada. 

El lago Popó se secó y  casi nadie dijo ni "mu”; el majestuoso Titicaca está contaminado y muere lánguidamente. De vez en cuando se habla de algún plan para proteger al Lago Sagrado, pero en el fondo tampoco pasa nada. Los cultivos de coca se extienden cada vez más hacia zonas agrícolas y destruyen suelos otrora fértiles. No importa, la coca viene primero, esa parece ser la norma del momento. 
 
Así, sucesivamente, marchamos de desastre en desastre, mientras de boca para afuera se mantiene una retórica inextinguible. Los animales clasificados como "protegidos” no gozan de ninguna protección, más bien se los caza con impunidad. El armadillo gigante (Tatú carreta) es indefenso e inocuo, aunque su aspecto y tamaño pueden intimidar. En zonas de la Amazonia boliviana ese pobre animalito se está extinguiendo por su indiscriminada y cruel matanza. Lo mismo sucede con el caimán negro, diversas categorías de peces, reptiles, simios, felinos, pájaros y así sucesivamente. 
 
Todo es devastación. Hasta en las calles de las ciudades orientales y en ciertos mercados urbanos es común observar vendedores ambulantes ofreciendo cachorros de gato montés, parabas, tejones y otros indefensos seres silvestres que aunque gozan de protección formal en nuestro país, están librados a su suerte y a la piedad (o crueldad) de quien los captura o retiene. Además, el contrabando y la exportación ilegal son cosa cotidiana.
 
En épocas de la cooperación alemana, el zoológico de Santa Cruz de la Sierra llegó a ser "modelo” para Sudamérica en materia de preservación en cautiverio de especies del trópico. Ahora languidece en lastimoso estado. La Alcaldía local hace lo que puede pero eso no es suficiente. Debe procurarse  con urgencia un nuevo esquema de ayuda internacional que colabore en la preservación del Zoo cruceño y además nos oriente para transformarlo, a fin de que ese lugar sea coherente con pautas actuales en materia de cuidado de la vida animal.
 
Pocos  años atrás se  ejecutó -mediante una ONG especializada- un gigantesco operativo de  rescate de leones maltratados que vivían en las estrechas jaulas de varios circos nacionales. Una buena política fue permitir que estos pobres felinos sean llevados al exterior para recomenzar con dignidad su nueva vida y, de paso, se  prohibió en el país la tenencia y actuación de animales salvajes en centros de entretenimiento. Aún así, estamos prácticamente a fojas cero en el tema de la real protección a la fauna y poco podemos esperar en materia de control o prevención. Es más, si el Estado es incapaz de garantizar  protección para el ciudadano de a pie en poblaciones abrumadas por la delincuencia, poca esperanza queda de que sea capaz de proteger efectivamente a la fauna silvestre. 
 
Mientras este desastre persiste y se acentúa, habrá quienes sigan llenándose la boca con retórica fácil. Total, hablar es barato, lo que sí cuesta en lo material y significa esfuerzo en lo político es controlar como se debe, y eso no ocurre ¡Pobre nuestra fauna salvaje!¡Pobres de nosotros!

Agustín Saavedra Weise  es economista y politólogo.
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