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Economía de papel

Bolivia: una brizna en el contexto mundial

Bolivia: una brizna en el contexto mundial
En mi época de estudiante en Estados Unidos, un amigo me prestó su auto VW que ya tenía algo más de 10 años funcionando. Lo necesitaba para recoger del aeropuerto a un pariente que llegaba de Bolivia. Me acompañó un buen compañero de curso de origen mexicano. En el trayecto yo trataba de pasar a todo vehículo que tenía delante en la autopista, no siempre con éxito. Al verme con tanto ahínco exigirle a la pequeña cucaracha, mi acompañante me relató la siguiente historia:

 Se trataba de un granjero que amarró a su vaca al parachoques de su vehículo, que coincidentemente se asemejaba al modelo de auto que yo conducía. Al momento que el granjero iba a ingresar a la autopista, una persona le hizo dedo. El gentil granjero amablemente paró e invitó al joven que pedía el aventón. Ya en la vía de alta velocidad puso pie en el acelerador y la vaca corría a la misma velocidad que el pequeño auto. Sorprendido y preocupado por la vaca, su compañero de viaje le dijo que con esa carrera la vaca no soportaría el esfuerzo y añadió que la vaca iba sacando la lengua con gran extenuación. 

 El granjero preguntó: "¿De qué lado se encuentra la lengua de la vaca?” y el acompañante respondió: "Del lado izquierdo”. A lo cual el granjero dijo: "No se preocupe amigo, esta vaca tiene tanto aguante y velocidad que me está indicando que le dé paso porque está a punto de rebasarme por el lado izquierdo”.   

  Volviendo al relato de mi viaje al aeropuerto, la historia de mi sabio amigo (se trataba de Donaldo Colosio) logró una buena carcajada de mi parte y tomé todavía unos buenos segundos para darme cuenta de que yo estaba igual o peor que el granjero del cuento. Disminuí la velocidad de la peta, no podía competir con autos que superaban al pequeño VW en fuerza y potencia del motor.

  Recordando este episodio pienso que en Bolivia muchos de los gobernantes y miles de sus seguidores creen que este país ha llegado al punto de competir con las grandes potencias en todos los campos. Parecería que Bolivia está en la boca de todos los gobernantes y ciudadanos de todos los países. Más aún, da la impresión que Bolivia está a punto de rebasar a toda Sudamérica, al hemisferio y al mundo entero. Incluso se cree que el imperio está profundamente preocupado por lo que ocurre en este rincón del mundo porque podemos ser una amenaza a su implacable dominio.

  Se debe tomar conciencia que no es así. Bolivia tiene grandes potencialidades pero anda a la saga en todos los campos, salvo en la producción de castaña y en tenis. La productividad de los cultivos agroindustriales y los tradicionales no pueden estar comparativamente más bajos respecto a cualquier otra latitud del mundo (salvo Somalia o Haití). 

 La manufactura principalmente utiliza el mercado interno con productos que los bolivianos están acostumbrados a consumir (bebidas y comidas). Las exportaciones de materias primas que millonariamente se realizan tienen el premio de los precios internacionales aunque cíclicamente se desplomen; precios que no son objeto del esfuerzo ni de la voluntad de los bolivianos.
 
 Existen, ciertamente, excepciones de algunas exportaciones de muebles de madera, algunas joyas y galletas de quinua. Ostentar una tasa de crecimiento del PIB como el gran logro sólo refleja lo enanos que son estos registros para toda América Latina.

  Bolivia debe reconocer que no tiene una población educada como para competir con el mundo.
 
No tiene la salud ni la nutrición como para hacerlo. No tiene la infraestructura como para que sus mercancías se transporten competitivamente. No se toman en cuenta las potencialidades que su naturaleza le otorgó. Se insiste en una industrialización que se aproxima a la de la primera revolución industrial cuando ya se está en la cuarta. Aun así se cree que con sacar la lengua a la izquierda se llegará a rebasar a todos los que están en frente de esta esmirriada economía nacional.   

Alberto Bonadona es economista.
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