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Economía de papel

Informe del FMI: ambivalente, superficial y condescendiente

Informe del FMI: ambivalente, superficial y condescendiente
Todos los años el FMI sostiene conversaciones con representantes oficiales de los Estados que forman parte de esta institución. Tales conversaciones responden al Artículo IV de su Convenio Constitutivo y el resultado es un informe preparado por sus funcionarios que comenta la evolución y las políticas económicas de los países. En este artículo me refiero a algunos aspectos del informe sobre Bolivia.

El personal del Fondo aconseja que Bolivia permita una mayor flexibilidad en el tipo de cambio. Supongo que están sugiriendo minidevaluaciones las cuales, en una gradual transición, contribuirían a enfrentar los desafíos de la diversificación y una duradera competitividad. Me impresiona lo que el informe evita comentar y lo que indirectamente implica. ¿De qué diversificación habla? ¿A qué competitividad se refiere? No comenta tampoco cuáles pueden ser las consecuencias de devaluar el boliviano. La devaluación del boliviano en un centavo de dólar repercutiría en un inmediato ascenso de la demanda de dólares que disminuiría las reservas, estimo, entre 2.000 a 3.000 millones de dólares ipso facto. Al mismo tiempo, se daría un súbito aumento de los precios que elevaría el IPC a dos dígitos. Condiciones que irremediablemente echarían por la borda la bolivianización de la economía.

Para el FMI lo importante es ajustarse a la caída de los precios de las materias primas y cree que la flexibilización del tipo de cambio más bien ayudaría a "limitar el impacto potencial de futuros shocks” o sea que supone, de hecho, que los precios del petróleo y los minerales seguirán en descenso. Por otra parte, evita señalar que los proyectos impulsados en los planes del Gobierno no han generado la base económica como para responder, precisamente, a las inusitadas variaciones de los precios de las materias primas. Ingenua o perversamente, los funcionarios del Fondo complementan que una devaluación "también ayudaría a cimentar los enormes progresos en la desdolarización…”.

Para el FMI, Bolivia ha creado amortiguadores que le permiten sostener una macroeconomía estable y del mayor crecimiento del PIB en la región. No obstante, advierte que se debe crear una agencia independiente del Banco Central para administrar los créditos a las empresas públicas, más en la línea de otorgarle independencia a este banco que en la de rigurosa observación del manejo de las empresas estatales en cuanto a transparencia y rentabilidad. 

Aspectos éstos que son mencionados en el informe como tarea a realizar por esta agencia. Sin embargo, a la cual los funcionarios del Gobierno, quienes leyeron el informe del FMI, no dan su aprobación.

El FMI parece preocuparse por la salud financiera de las empresas estatales. Sin embargo, no encuentro una palabra en el referido informe que vincule la viabilidad de estas firmas con los proyectos mal concebidos que supuestamente impulsan la industrialización de Bolivia. Estas empresas deberían otorgar el financiamiento del bienestar de los bolivianos una vez que la volatilidad de los precios de las materias primas se volcó en contra de la economía boliviana. Una condición que, por la propia naturaleza de estos precios, era predecible por parte del Gobierno y por el FMI. Predicción que hubiera servido para orientar mejor los proyectos estatales que, en su mayoría, se encaminan al fracaso.

Alberto Bonadona Cossío es economista. 
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