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Economía de papel

Los servicios públicos de salud

Los servicios públicos de salud
Mucho se habla de nuevos hospitales públicos. Se habla de hospitales de tercer nivel en construcción, construidos e inaugurados. Incluso se llega a hablar de un cuarto nivel, desconocido en otras latitudes. El Hospital Norte en El Alto ha sido inaugurado ene veces, su director cambiado otras tantas. No obstante, los especialistas que su nivel exige no son llenados apropiadamente y los ciudadanos que podían ocupar esos puestos ejercen en otros países con mejores condiciones salariales.

Por otro lado, las entidades privadas de salud aumentan en número y superan de lejos la atención que prestan las entidades públicas. Existen millonarias inversiones privadas simplemente debido al gran fracaso de los servicios públicos de salud en Bolivia.
 
Los nuevos centros de salud no sólo están dirigidos a servir a los sectores acaudalados de la sociedad (como es el caso de las clínicas Foianini y del grupo Rodas en Santa Cruz), sino también para sectores populares y de clase media, como es el caso de las clínicas de Prosalud en distintas ciudades. Este no es un nuevo fenómeno. Es la secuela de una larga y pronunciada decidia estatal por responder adecuadamente a las necesidades de la población.
 
Por eso es que se han construido grandes hospitales privados, como Arco Iris, en La Paz, o Corazón de Jesús, en El Alto, entre muchos otros, que funcionan ya por más de dos décadas. Esto quiere decir que los ciudadanos bolivianos están dispuestos a pagar por el servicio privado en todas sus formas antes de asistir a centros de salud estatales o a
las cajas de salud.
 
El trabajo de estas instituciones deja mucho que desear, para decirlo suavemente y no ofender a los susceptibles médicos. No sólo se trata de una ausencia de un trato cálido, informado y humano -obligación que tiene su personal por la misma naturaleza del servicio- sino que también faltan los remedios que estas instituciones mínimamente deberían tener. Así, con frecuencia, se escucha de los asegurados en las cajas: "si una va a la Caja sólo te dan diclofenaco y paracetamol para cualquier enfermedad que se tenga”.
 
Los ejemplos de mala atención abundan. Tuvieron a mi suegra más de ocho horas antes de ser internada en terapia intensiva en la Caja de Sucre. A mi hijo médico de CORDES lo tuvieron deambulando por más de diez días recetándole aspirinas sin diagnosticar una hepatitis.
 
No debe extrañar, entonces, que frente al fracaso del servicio público de salud los centros privados emerjan. No me cabe la menor duda que la rentabilidad privada que se puede generar en estos servicios ha abierto una oportunidad de negocio. Esta situación, dada las condiciones presentes y las previsiones futuras acerca del funcionamiento de los servicios públicos,  viene a ser la mejor respuesta para atender a la población.
 
Lo más grave es, sin embargo, que debido a la crisis económica mucha gente ve sus ingresos disminuidos y, por lo tanto, también reducirá la fracción de ingreso destinado a la salud. En consecuencia, la salud se verá afectada seriamente y los indicadores de salud para el país se verán seriamente afectados.

Alberto Bonadona Cossío es economista.
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