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El conocimiento como la base de la producción

El conocimiento como la base de la producción
Gran parte de los profesionales, y con mayor ímpetu los economistas, son una cadena de transmisión de lo que se estudia en otras latitudes. Así, las respuestas que dan a los problemas propios de Bolivia no siempre son las más adecuadas y, en la mayoría de los casos, se espera que la práctica se adecúe a la teoría. En los centros académicos, particularmente las universidades, no se crea mayor conocimiento, se investiga poco y menos aún se escribe. La principal consecuencia de este escenario es que la realidad inmediata; lo que acontece en el entorno  pasa inadvertido y surgen recomendaciones incongruentes con la realidad o simplemente anacrónicas.

No es novedad en los medios universitarios el comentario de alumnos que se refieren a las amarillentas hojas con las que algún profesor siguen guiándose para dar sus clases. Tampoco son extrañas las referencias a profesores que de tanto repetirlas a través de los años, ya sabe las lecciones  de memoria y que, para no perder el hilo, no acepta pregunta alguna acerca de su caduco relato.
 
En estas condiciones es difícil esperar que se pueda crear nuevo conocimiento o que se logren creativas respuestas a los problemas que el medio reclama a gritos pero que no se escuchan en las trasnochadas cátedras. Peor aún, se hace imposible estimular a los estudiantes a que busquen respuestas innovadoras. Lo que generalmente se logra, entonces, son estudiantes repetidores que adquieren malos hábitos como no pensar sobre la realidad que les rodea, no criticar lo que se les enseña y nunca polemizar.
 
En un contexto de estas características menos se puede esperar que se manifieste la imperiosa necesidad de compartir conocimientos entre las diferentes disciplinas. De esta manera, se erigen verdaderos compartimientos estancos de "verdades” irrefutables y, al igual que fanáticos de un equipo de fútbol, sus epígonos consideran que lo que aprendieron es lo único valioso y las otras disciplinas no son más que insensateces.
 
En el mundo actual como en el pasado la única forma de alcanzar nuevos saberes es por medio de la investigación. Más aún, si lo que se quiere es dar respuesta a los problemas del propio entorno, es necesario investigar este entorno y sobre la base del conocimiento adquirido acerca del mismo dar respuestas particulares a los problemas específicos. Sólo así se generarán soluciones productivas basadas en esos conocimientos. Estas tareas, además, sólo se pueden realizar en un ambiente que favorezca el diálogo inter y multidisciplinario.
 
Además, para que sea efectivamente fructífero debe realizarse en circunstancias que en todo momento favorezcan la mayor y más amplia libertad.
 
No me queda duda que este desafío puede lograrse en las universidades del país. Son estas las instituciones que deben organizar sus departamentos de enseñanza para que faciliten la investigación inter y multidisciplinaria. Son estas instituciones que pueden investigar acerca de qué hacer con lo que la naturaleza ha dotado a Bolivia y de ahí ofrecer las respuestas productivas que requiere el desarrollo socioeconómico. 
 
Bolivia cuenta con una gran riqueza que espera ser estudiada para ser transformada en cosas útiles para su población y la del mundo. Desde las papas originarias de sus zonas altas, pasando por la cañahua, el tarwi, el piretro, el copuazú, hasta el magnesio que abunda más que el litio en el salar de Uyuni. El potencial es mucho más grande y variado de lo mencionado y sólo espera que se lo conozca para entregar sus mejores frutos a favor de los bolivianos.

 Alberto Bonadona es economista.
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