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Economía de papel

El oro.

El oro.
Los Estados del mundo están enmarañados, aún, en la creencia que deben poseer oro. Se cree incluso que el oro es la base del poderío mundial. Hay más de un economista serio que todavía afirma que el oro es el respaldo de la emisión monetaria. Se olvida que en la década de los 70 Estados Unidos elimina el oro como respaldo de su moneda porque llegó a la conclusión de lo insulso que era mantenerlo como tal y que el verdadero respaldo de las emisiones es la producción. Otros países, como Suecia, por ejemplo, han mantenido el patrón oro por algún tiempo más, pero creo que ya ninguno lo hace.

 No sólo los serios todavía creen que el oro tiene valor por sí mismo y que otorga poderes extraordinarios  a los Estados que lo poseen, o sea que hay que tener más para ser más poderoso. También están los preservadores de las fantasías y el fetichismo. La  semana pasada leí, en una carta informativa de un grupo argentino de especuladores bursátiles, que China ha ingresado a una carrera para comprar oro en todas las formas posibles, porque así llegará a ser la potencia financiera que ambiciona y será decisivo incluso en las decisiones del FMI. 

Se olvidan que la China ya es poderosa y que ya influye en las finanzas internacionales al margen de sus enormes posesiones de oro porque su producción la coloca en el segundo lugar de todos los países.

  Los países guardan oro porque sus gobernantes y sus ciudadanos adoran al oro como fetiche. Lo cierto es que el oro no es la mejor manera de preservar las reservas internacionales. Obsérvese, por ejemplo, qué ocurrió con el valor de las reservas en oro que posee Bolivia. El año 2000 este país tenía el equivalente de 245 millones de dólares en 28,3 TM de oro. El valor de esta invariable cantidad de oro en reservas subió hasta 1.001 millones gracias a una trepada en el precio de este metal de 279,88 la onza troy a 962,23. Cualquiera podría decir que esta es la evidencia necesaria por la que vale la pena guardar oro. Sin embargo ¿qué ocurre cuando el precio del oro baja?

  Ocurre que, simplemente, se deja de poseer la "riqueza” que artificialmente se acumuló. Para el año 2010 Bolivia compro 7 TM de oro y el 2011 otras 7 TM más. Con 35,3 TM Bolivia tenía nominalmente el valor de 1.613 millones de dólares en 2010. Para septiembre de 2015 cuando Bolivia ya mantenía 42,3 TM de oro, estas toneladas se valorizaron en 1.606 millones de dólares. O sea, Bolivia era más pobre con mayores cantidades de oro metálico como reserva en 2015 que en 2010. Entre esos años, nótese,  incluso su posesión del dorado metal subió 7 TM adicionales.

  ¿Por qué entonces se insiste en mantener oro como parte de las reservas internacionales? La razón es que sirve para especular. Solo que Bolivia o el Banco Central de Bolivia, como muchos otros bancos centrales, no tienen divisiones especializadas en especular en transacciones internacionales. Son otras instituciones internacionales que se encargan de hacerlo sobre la base del oro boliviano, el cual se les es prestado para realizar estas operaciones a favor del Estado boliviano.

Bolivia presta su oro para que le paguen un interés por la operación especulativa referida a los cambios de los precios en los que se cotiza este metal, pero no recibe todos los réditos que puede rendir la operación.

  Para que Bolivia aumente sus reservas verdaderamente le convendría vender su oro cuando el precio vuelva a las elevadas cotizaciones como las de 2012 (cercanos a los 1.800 dólares la onza troy). En este caso sí habría verdadero rédito. Y luego ya no volver a comprar oro. Lo más conveniente sería que con el resultado de la venta total, o de la diferencia del valor entre un año de baja cotización y la más elevada conseguida, se forme un fondo de estabilización con mayores facilidades para invertir en mercados financieros que permitirían mayor liquidez y mejores facilidades de transacción para realizar ganancias en plazos más cortos y en mejores condiciones de rentabilidad.
 
Alberto Bonadona Cossío es economista.
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