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Economía de papel

Teoría económica, opiniones y realidad circundante

Teoría económica, opiniones y realidad circundante
¿Cuán   to conocemos del comportamiento de la economía nacional? Me acompaña permanentemente la sensación que muy poco. Gran parte, creo, se debe a los materiales con que se educa a los economistas. No es, por cierto, una condición propia de la educación boliviana; se la encuentra en más de un comentario de economistas provenientes de universidades en todas las  latitudes, quienes ponen en duda lo que realmente puede esta ciencia explicar sobre realidades tan complejas como el desarrollo, la producción, la distribución, la prevalencia del mercado o la intervención del Estado. 

 La actual educación en economía se fundamenta principalmente en la microeconomía que, en su contenido y en la forma que se enseña, más se asemeja a cómo se aprendía el viejo Catecismo Único, que regía la enseñanza religiosa católica hace medio siglo. Peor aún, no siempre se pone al día con las nuevas interpretaciones económicas que día a día surgen.

 Los libros introductorios en los que estudian los estudiantes bolivianos son, por lo general, escritos en el norte y los que son escritos en América Latina, con honrosas excepciones, repiten casi de forma idéntica lo que dicen los libros del norte. 

Por cierto, hay mucho material que se publica en revistas especializadas, que son de alto valor para ahondar esos complejos problemas. Sin embargo, éstos no son los que más se leen en las universidades. Así, no hay mayores cuestionamientos ni planteamientos renovadores a la luz de la observación de lo que ocurre en el entorno nacional. 

 Un ejemplo de esta actitud la encuentro en la recomendación hecha por muchos economistas respecto al tratamiento de la moneda nacional y el dólar. Frente a la devaluación que los países vecinos asumieron en el próximo pasado, inmediatamente se recomendó lo propio para la economía nacional. Eso es lo que sale de la lectura libresca de los textos, pero no lo que dicta una realidad que se ha encaminado por vías distintas. Ahora recomiendan minidevaluaciones que tendrían el mismo nefasto resultado que las "macrodevaluaciones”.

 Otro caso: sin mayor elaboración de los datos, son varios los economistas que afirman que Bolivia ha retornado al "modelo primario exportador”. Por supuesto que el gran ascenso de los precios del petróleo y de los minerales anteriores a 2014 han favorecido el aumento del valor de estas exportaciones tradicionales y las colocaron para 2015 en un 71% del total exportado, cuando en 1998 tan sólo significaban el 45%. Sin embargo, el aumento del volumen de las exportaciones no-tradicionales (cantidad producida) se preservó en muchos casos. Por ejemplo, la soya duplicó su volumen  exportado entre 2003 y 2013. La castaña elevó el volumen exportado de 16.175 TM, en 2003, a 24.927 TM en 2014, después de haber alcanzado más de 80.000 TM en 2008.

 Tampoco se analiza el gran potencial productivo agrícola de Bolivia, en el que se puede aplicar tecnologías accesibles y baratas, además de otras que se pueden innovar en este territorio, y superar lo que se obtiene en la actividad extractiva. Se insiste, por ejemplo, en la siderurgia. El Mutún con su nueva planta será un fracaso porque mundialmente el acero se enfrenta a la gran elevación del producto chino y Bolivia no podrá competir nunca con esa producción que llega, y llegará, más barata a este país.

  No sólo es la educación la que tuerce la comprensión del entorno nacional, es también la cerrazón cerebral que no permite observar que en este país existe un potencial que debe ser aprovechado y que es la bendición de su geografía que contradice cualquier explicación de una maldición de las materias primas.

Alberto Bonadona Cossío es economista.
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