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Economía de papel

Carta al FMI acerca de su informe sobre Bolivia*

Carta al FMI acerca de su informe sobre Bolivia*
Su informe es ambivalente. Por un lado, acompañan las mal concebidas políticas de industrialización del Gobierno boliviano al implicar que contribuirán a la mejora del bienestar de los bolivianos. No hay análisis de lo que realmente son esas políticas; una serie de proyectos basados  en las presiones regionales,  sin posibilidad de terminar con retornos positivos. 

Mutún y Karachipampa son dos ejemplos claros. El primero se traducirá en proteccionismo y el segundo nunca producirá ni siquiera una onza de plomo refinado o plata metálica. La mayoría de los proyectos industriales no tienen estudios de factibilidad que garanticen su viabilidad técnica y menos aún la económica. Tampoco cuentan con diseño final. La improvisación ha sido la regla. 

Las exportaciones de manufacturas estatales se han incrementado basándose en el proceso de separación de líquidos que difícilmente puede considerarse industrialización. En más de 20 proyectos industriales, comenzados o concluidos, el éxito será una anomalía.

 La principal respuesta del FMI al aumento de la financiación de estos proyectos por parte del Banco Central de Bolivia (BCB) es el establecimiento de una institución crediticia fuera del banco. Esto disminuirá la exposición al riesgo del BCB, pero no mejorará las condiciones de las finanzas estatales. Así, los bolivianos verán su futuro obstaculizado de cualquier manera.

 Por otro lado, el informe requiere "mayor flexibilidad del tipo de cambio”, al mismo tiempo que contradictoriamente sugieren cuidar  el uso extendido de la moneda nacional. En este caso ustedes esperan que se haga magia. Los existentes amortiguadores financieros se crearon, ustedes muy bien lo saben, como resultado del auge de los precios de las materias primas. Esta es también la causa de la ampliación de la demanda interna, como de la reducción de la pobreza (muy similar a las condiciones de los países vecinos).

 La pequeñez de la economía boliviana es lo que permite la gran proporción de las reservas internacionales respecto al PIB y son esas reservas las que ahora permiten prolongar el crecimiento del PIB. Pero no hay posibilidad de preservar estas condiciones con el tipo de proyectos que forman parte del plan nacional, al que ustedes se refieren de pasada, pero ni por si acaso mencionan los inminentes riesgos que acompañan a esos proyectos. 

Ustedes están preocupados por los incentivos poco claros a las corporaciones petroleras privadas para aumentar la exploración de hidrocarburos, lo cual preocupa a todos los bolivianos, pero no dicen  una palabra del uso del gas natural en una planta de urea que, debido a su ubicación, a duras penas llegará a ser competitiva.

 El FMI parece preocuparse de la pobreza de los bolivianos al afirmar que la caída del precio de las materias primas podría poner en peligro la continuación de las políticas que la redujeron en la década pasada. También el FMI parece estar preocupado por la salud financiera de las empresas estatales. Sin embargo, no veo una palabra que vincule la viabilidad de estas empresas con los proyectos mal concebidos que supuestamente apoyarán su salud financiera. 
Estas empresas deberían haber sido el fundamento del financiamiento del bienestar de los bolivianos, una vez que la volatilidad de los precios de las materias primas se volcó en contra de la economía boliviana. Una condición que, por la propia naturaleza de estos precios, era a todas luces predecible. Obviamente, con mayores posibilidades de análisis  por parte del FMI que del Gobierno boliviano obnubilado por sus propias ficciones.

 * Una modificada versión envíe al FMI hace dos semanas, sin respuesta todavía.

Alberto Bonadona Cossío es economista.
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