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Economía de papel

La universidad pública y sus profesores no profesionales

La universidad pública y sus profesores no profesionales
A esta altura del partido ya muy pocos deben recordar la Revolución Universitaria de 1970. Un movimiento que sacudió los fundamentos de la educación superior. Se encaminó en la tradición de transformaciones universitarias iniciadas en Córdoba en 1918. El movimiento iniciado en esa universidad jesuita de la República Argentina cundió por toda Latinoamérica rompiendo el clericalismo que ahogaba el pensamiento académico, intentó democratizar la universidad impregnada hasta entonces de un elitismo opresivo y arrancó el control de las universidades públicas que se encontraban atadas a los grupos de poder. A partir de esa revolución se instauran en América Latina la autonomía universitaria, el cogobierno, los concursos de oposición y otras reivindicaciones más.

 Fueron reformas que le hicieron dar un gran salto a las universidades de América Latina. Como toda reforma, tuvo su contrarreforma y entre avances y retrocesos se abrieron nuevas fronteras al conocimiento. La autonomía universitaria es la conquista que más trascendió en estos países al impulsar la libertad de pensamiento.

 En Bolivia, las aulas, en 1970, nuevamente se volvieron en centros de profundas críticas a las distorsiones que -en su evolución- había desencadenado la reforma universitaria inspirada en los movimientos de Córdoba. Sus debilidades, no obstante, se convirtieron en frenos a una profundización de las mejoras. El entorno impregnado del atraso y la pobreza de esta sociedad repercutieron notoriamente en las universidades y exigieron que se geste un nuevo movimiento revolucionario.

 El Sistema de la Universidad Boliviana, como un todo, asumió la necesidad de modificar estructuras que no llegan -aún hoy- a convertir a la universidad pública en verdaderas palancas del desarrollo económico, social y político. Sin embargo, muchos cambios se gestaron antes y después de 1970. En el mundo entero el cambio en las universidades era el pan de cada día. En este país se introdujeron modificaciones trascendentales, como el aula libre y la cátedra paralela.
 
Medidas que permitían a pensadores destacados, quienes no necesariamente debieran tener título profesional, ingresar a la universidad para evitar el pensamiento único que imponían las clases gobernantes.

 Fue una época en la que el cogobierno paritario docente estudiantil impuso una reforma poderosa para romper el anquilosamiento en la enseñanza de profesores que no se actualizaban y que se cerraban a nuevas formas del pensamiento académico, y científico. Esta forma de cogobierno paritario encontró en los estudiantes la vitalidad para darle un giro a la educación superior.

 Estas transformaciones permitieron que estudiantes exiliados, víctimas de la persecución política de diferentes regímenes dictatoriales que se regodearon del poder antes y después de 1970, puedan volver al país y ser rescatados por la universidad boliviana. Otros fueron pensadores que se vieron enfrentados al pensamiento de las clases dominantes y que se negaron a repetir las tullidas enseñanzas, y encontraron en la universidad revolucionaria de 1970 las puertas abiertas para hacer conocer sus ideas.

En su devenir, la universidad pública evolucionó e involucionó. La reforma volvió a encontrarse con la contrarreforma. 

Hablar, hoy, de cátedra libre o cátedra paralela ya no existe ni en la forma y menos en el contenido. La institucionalización y cooptación del cambio se modificó a profesores invitados, que se calificaban como distinguidos por los consejos de carrera, ya no por el significativo aporte a la sociedad. La idea de generar nuevo conocimiento y presentar nuevos pensamientos se convirtió en invitaciones a personajes que se calificaron como notables sin velar por la libertad de pensamiento, sino  el favor político. Las designaciones de esta naturaleza ya no prevalecen en el presente, se dirigen sólo a titulados destacados.


Alberto Bonadona Cossío es economista.
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