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Economía de papel

Los fundamentos de los sistemas de pensiones

Los fundamentos de los sistemas de pensiones
Siempre han existido problemas a los que las sociedades intentan dar respuestas dentro de entornos específicos, tomando en cuenta la base material con la que se cuenta en el contexto históricamente condicionado. La capitalización individual es una alternativa capitalista para crear un sistema de jubilación. De esto no puede caber la menor duda. Fue resultado de la ola de reformas que inició el Consenso de Washington.

De la misma forma, el sistema de reparto es producto de una particular época: un entorno dictatorial en la Alemania de la segunda parte del siglo XIX, bajo la mano dura de Bismarck.
 
Frente a las amenazas de los obreros, que con grandes movilizaciones exigían mejores condiciones de trabajo, Bismarck introdujo un nuevo sistema de seguridad social. Una reforma que salvó su régimen pero que no se apartó de las grandes líneas capitalistas.

  Tanto el sistema bismarckiano como el de capitalización individual son respuestas a amenazas a determinados regímenes en particulares circunstancias de la evolución del capitalismo. Con mayor o menor previsión este tipo de respuestas han sido  introducidas en distintas sociedades y en condiciones de grandes o menores amenazas al statu quo.

  La respuesta del Fondo Solidario introducido en la Ley 65, en 2010 también fue una similar respuesta del Estado boliviano ante la amenaza que significaba condenar a la gran mayoría de la generación sándwich (trabajadores que aportaron al sistema de reparto y fueron transferidos al de capitalización individual) con pensiones de miseria. Esta situación se da por la existencia de la fórmula para calcular la compensación de cotizaciones: una fórmula que reduce el derecho otorgado por el sistema anterior de 100% del total ganado como pensión (o renta) por aportes realizados durante 25 años a tan sólo el 70%. A partir de esto se hacen ajustes en concordancia al tiempo aportado al viejo sistema  y el resultado es en promedio al equivalente de 15 años.

  La respuesta del Fondo Solidario, aunque mejora la pensión de un 80% de los afiliados, es aún limitada porque no llega a otorgar los mismos niveles de renta que el viejo sistema aseguraba.
 
Además, discrimina en contra de los ingresos que en promedio, son superiores a los 4.800 bolivianos y significa el 20% de los "beneficiados”.

  No existe un sistema de pensiones en una sociedad moderna que no mezcle lo viejo y lo moderno, el beneficio colectivo con el individual. Lo que siempre ha sido imprescindible es un sistema eficiente, transparente y de inmediato control para que el Estado, en Bolivia o cualquier otra latitud, no intente desviar los recursos colectivos.

  Lo que ahora el Gobierno intenta hacer para financiar a pequeños productores con el uso del 1%, como inicio hasta llegar al 5% de los fondos acumulados en las AFP, es saltarse este vital requisito. Es una forma en extremo alejada de cualquier inspiración socialista de mejorar el sistema de pensiones, usar plata ajena o, lo que es lo mismo, el trabajo ajeno, es una idea más vieja que el propio capitalismo.

Alberto Bonadona Cossío es economista.
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