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Quien calla otorga

Margaret Anstee

Margaret Anstee
Tengo  varios motivos para escribir sobre Margaret Anstee, pero empezaré por las más cercanas: era una entrañable amiga de mi padre -amistad que yo heredé desde muy joven- y amaba a Bolivia. Tanto así que luego de su intensa carrera como funcionaria internacional de las Naciones Unidas, decidió en 1988 comprar un terreno a orillas del lago Titicaca para vivir allí hasta el final de los días, algo que no pudo hacer porque, como todos saben, la salud y la altitud no se llevan bien.

En su casa de adobe, que terminó de construir en 1991 sobre un promontorio rocoso a orillas del lago y que llamó Villa Margarita, escribió su libro The house on the sacred lake (La casa en el lago sagrado). Su determinación de quedarse en Bolivia para siempre era tan firme, que adquirió en 1990 la nacionalidad boliviana. Sobre nuestro país también publicó en 1971 Bolivia: gate of the sun (Bolivia: puerta del sol). 

Su vínculo con mi padre nació en 1957 cuando él era embajador en Uruguay y ella una joven funcionaria de Naciones Unidas, la primera mujer en el sistema que asumió el cargo de Representante Residente del PNUD. Antes había estado como adjunta en Colombia y en su itinerario hacia el sur por Quito, Lima y La Paz sintió "amor a primera vista” (en sus propias palabras) cuando aterrizó en Bolivia. Decidió desde entonces que haría lo posible para que su siguiente cargo fuera en nuestro país, y así fue.

Su identificación con los principios y los líderes de la Revolución Nacional hizo que en sus años de estadía en Bolivia el apoyo de Naciones Unidas al proceso de transformación política, económica y social del país fuera determinante. No olvidemos que Bolivia era el segundo proceso revolucionario del continente después de la revolución mexicana y antes de la cubana, por lo que las potencias no veían con buenos ojos a los chicos malos que se salían del tablero político trazado por Estados Unidos. No era fácil apoyar un proceso de esas características en ese momento, pero ella lo hizo. 

Su carrera en Naciones Unidas fue excepcional en tiempos en que las mujeres solo eran consideradas para cargos menores, como narra en su autobiografía Never learn to type (Nunca aprendas a escribir a máquina) publicada en 2003, donde cuenta cómo en las reuniones, cuando se quería designar a alguien para tomar notas o levantar actas, los hombres, siempre en mayoría, pretendían darle a ella esa tarea. La obra constituye una lectura deliciosa por su contenido y por su admirable expresión en inglés. 

Hoy tenemos tres mujeres como candidatas a la sucesión de Ban Ki-moon a la cabeza de la ONU.  Esto era impensable cuando Margaret Anstee fue la primera mujer en ocupar el segundo nivel de importancia en la organización, como Secretaria General Adjunta en 1987. Fue la mujer que más alto ascendió en la organización y si las condiciones de igualdad de género que vivimos hoy se hubieran dado en su tiempo, no tengo la menor duda de que hubiera llegado a ocupar el cargo de Secretaria General de la ONU. 

Su carrera internacional la llevó durante 41 años a 130 países.  Sirvió como representante del PNUD en ocho de ellos, fue Directora General de Naciones Unidas en Viena, y entre 1992 y 1993 Representante Especial del Secretario General de la ONU en el proceso de paz en Angola, entre muchas otras altas responsabilidades que asumió.

Cada año, en épocas de Navidad, Margarita enviaba a sus amigos una carta colectiva de seis  a ocho páginas en la que resumía cómo había transcurrido su año y el de sus afectos más cercanos. Era una manera de mantenerse en contacto con tantos amigos que había hecho a lo largo de su vida en tantos lugares del planeta. Uno de sus propósitos a fines de  2012 era "regresar a Bolivia por última vez” y lo hizo en marzo de  2013, con muchas dificultades. 

Hace un par de años dejó de escribirnos colectivamente, aunque individualmente nos contaba por correo o por Skype que estaba enferma. Su situación de salud empeoró de golpe hace un par de semanas y se hizo irreversible el jueves, cuando falleció en The walled garden (El jardín amurallado), su casa en Knill, país de Gales. 

Alfonso Gumucio Dagron es comunicador social, experto en comunicación para el desarrollo.
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