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Quien calla otorga

Fuego que revela

Fuego que revela
El incendio que consumió un depósito de juguetes de plástico en la calle Incachaca, casi esquina con la calle Uyustus, más allá de destruir mercancías, aumentar la contaminación ambiental y causar la intoxicación de seis bomberos que acudieron al lugar para combatir las llamas, reveló varios otros factores que hacen de esta ciudad tan frágil y tan librada al desorden, al caos y al capricho de los malos ciudadanos.

Hay varios relatos sobre el incendio, transmitidos por radio, televisión y prensa, que dicen mucho de cómo son los paceños: caprichosos, indolentes, muy agresivos para exigir pero cobardes para asumir responsabilidades. En un país normal los camiones cisterna hubieran llegado hasta la puerta del edificio que se consumía en llamas para que los bomberos pudieran apagar el incendio, pero éste no es un país normal y los rescatistas tuvieron que enfrentar a vendedores que no querían retirar sus puestos de venta.

La calle Uyustus y las calles aledañas  son conocidas por ser el emporio del contrabando y están literalmente ocupadas por puestos de venta que ocupan la totalidad de la calzada, impidiendo el paso de vehículos. Los comerciantes informales (contrabandistas que no pagan impuestos de ninguna clase) se han apropiado del espacio público ciudadano y no permiten que nadie los desplace de los espacios que ilegalmente ocupan desde hace muchos años.

Cuando llegaron los bomberos, no pudieron ingresar inmediatamente al lugar del incendio porque los comerciantes y las "chancheras” (vendedoras que carne de cerdo) se lo impidieron, según se denunció en una asamblea de vecinos. Estaban más interesados en salvar sus mercancías que en controlar un incendio que podía haber tenido un costo trágico si se producían muertes. 

Tan seguros están de ser dueños del espacio público y de las calles, que luego de ocho horas, cuando el incendio fue finalmente controlado, esos comerciantes querían de inmediato ocupar nuevamente las calles con su mercancía, en los mismos puestos precarios que están siempre allí plantados, que no son temporales, que son espacios que ya han sido secuestrados de manera permanente por comerciantes de contrabando. 

Cualquiera que se  tome el trabajo de ir a ese barrio puede observar el caos absoluto que se vive. No solamente los peatones no pueden usar las aceras, sino que las calzadas están parcialmente ocupadas y entre los postes se teje una maraña de cables legales e ilegales que en cualquier momento pueden producir cortocircuitos. 

Todavía tienen los comerciantes el descaro de decir que esas cosas suceden "por culpa de la falta de atención de las autoridades”… Lo que las autoridades deberían hacer es desalojar las calles y permitir la libre circulación de personas y de vehículos, porque el espacio público no puede ser privatizado de una manera tan salvaje y caótica.

Pero claro, ese sería un sueño de civilización y ciudadanía en un país donde el auto-empleo informal es mayor al 65% de toda la fuerza laboral, y el contrabando crece continuamente porque no existe una política de generación de empleo estable y digno. 

La situación de insalubridad y precariedad de ese barrio (y otros) donde el espacio público ha sido asaltado por comerciantes informales y contrabandistas ofrece una imagen lamentable en esta ciudad, que algunos creen que es "maravillosa”,  aunque dista años luz de serlo. 

Esta ciudad colapsa por culpa de sus ciudadanos, no de las autoridades.  Cualquiera que tome la línea Roja del teleférico y mire abajo los barrios del contrabando aledaños al Cementerio General puede ver el caos absoluto que reina en el mosaico urbano. Allí nadie respeta las normas de construcción (ni la Alcaldía las hace cumplir), ahí no hay espacio de retiro entre los inmuebles, ahí no hay planos de arquitectura, ahí no hay nada que sea racional ni legal. 

No será el último incendio mientras esa zona de la ciudad siga siendo un campo minado por la desidia de los malos ciudadanos y mientras en este país gobierne la informalidad.
 

Alfonso Gumucio Dagron es comunicador social, experto en comunicación para el desarrollo.
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