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Quien calla otorga

Monumento al despilfarro

Monumento al despilfarro
De gastos reservados a gato encerrado. Se ufana el régimen de Morales Ayma de haber eliminado los "gastos reservados” que eran supuestamente una forma escondida de corrupción en los gobiernos "neoliberales”, pero, en cambio, parece haber "gato encerrado” en el uso de una caja chica que no tiene fondo, de la que se sirve el Presidente cómo quiere y cuándo quiere.

 Con la inauguración del Museo de Orinoca, el pasado 2 de febrero, culmina una más de esas muestras de exceso autoritario. Hace unos años nos sorprendía la ligereza con que compró el lujoso avión presidencial o el satélite chino, pero luego se fueron añadiendo el Palacio Presidencial (que destruye la fisonomía del casco antiguo de la ciudad) y ahora el Museo de Orinoca, hecho a medida de las ambiciones y de la megalomanía presidencial.

 Rodeado de aquellos que "chupan sus tetillas” (según sus palabras del día anterior) y ataviado de un sombrero con un cintillo que anuncia sus pretensiones presidenciales de 2020 a 2025, Morales inauguró "el museo más grande del país” (y "de Latinoamérica” según el comentarista del canal de televisión gubernamental). 

 Para quienes nos leen fuera de este feudo, el Museo de Orinoca ("patrimonio de la humanidad”, según el canal de televisión del gobierno) está situado en la localidad donde nació Evo Morales.
 
El pueblito no estaba en el mapa hace algunos años, pero ahora tiene una carretera asfaltada que lo vincula al resto del país. Según los datos estadísticos de 2012, de las 243 viviendas de la localidad, solamente 77 cuentan con servicio de agua potable y 12 con alcantarillado. 

 No es un lugar de importancia histórica, allí no tuvo lugar ninguna batalla emblemática, ni fue cuna de una cultura ancestral. Su único mérito es ser la cuna de un dirigente autoritario y soberbio que, paradójicamente, cuando amenaza con dejar la política, habla de irse a su "chaco” en el Chapare y no a Orinoca, muy a pesar de las emotivas lágrimas que derramó el día de la inauguración en su terruño. 

 El enorme museo cuenta con varios bloques, el primero sobre las culturas indígenas de Bolivia, pero el más ostentoso es el dedicado a su majestad presidencial, donde  se exhiben, entre otras cosas, una colección de fotos históricas (falta su foto con Goni Sánchez de Lozada) y los regalos que ha recibido el Presidente en sus 11 años de ejercicio, o mejor sería decir de "ejercicios”, porque incluye una colección de camisetas de fútbol que ha vestido con el número 10 en sus frecuentes viajes internacionales, donde un punto infaltable en la agenda era jugar fútbol, hasta que se lastimó una rodilla, la misma con la que hace unos años golpeó rabiosamente a otro jugador que le quitó la pelota (tampoco está ese video en el museo histórico). 

 Los museos y bibliotecas presidenciales constituyen una práctica común en países como Estados Unidos, pero no le cuestan al Estado y a los contribuyentes, como sucede aquí. Las bibliotecas presidenciales de Estados Unidos se alojan en universidades y son el resultado de donaciones privadas, así como su mantenimiento. No tendrían por qué costarle al Estado, no sería ético. 

 Pero en la era Evo la ética es lo último que importa, ya que el Presidente está seguro de que el país es su feudo y  que en su espacio territorial él puede decidir y hacer lo que le venga en gana, sin pedir permiso a nadie. Mientras que Tiwanaku muestra carencias evidentes por falta de mantenimiento, aquí tenemos un costoso museo que reverencia a una persona como si fuera la culminación de todas las culturas ancestrales. Es bochornoso. 

 Dicen que gestionarán que el museo sea "patrimonio de la humanidad”… O están soñando o es otro ardid publicitario. La Unesco no declararía jamás patrimonio de la humanidad a este museo ni a ningún otro porque no le corresponde hacerlo. Los sitios patrimoniales de la Unesco corresponden a criterios y requisitos que este museo de culto a la personalidad no llena. Sería como declarar patrimonio de la humanidad las estatuas de Kim Il-sung en Corea del Norte. 

 La actitud presidencial de disponer de fondos públicos para ejecutar cualquier capricho personal es proverbial. Habrá que hacer una lista de esas decisiones autoritarias que le han costado al país tanto dinero y, algún día, el presidente Morales tendrá que rendir cuentas a la nación por su manejo arbitrario y personalista de la cosa pública.


Alfonso Gumucio Dagron es comunicador social experto en  comunicación para el desarrollo.
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