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Quien calla otorga

Líderes olvidados

Líderes olvidados
Con la muerte de Óscar Salas Moya a los 80 años de edad el jueves 23 de febrero desapareció el último de los dirigentes de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) que conocí en el panóptico de San Pedro, cuando mi padre estuvo preso en 1967, durante la dictadura de Barrientos. 

Óscar fue uno de los que mayor trascendencia tuvo en las luchas del sindicalismo minero de las décadas de 1960 a 1990. Más de cuatro décadas de compromiso no solamente con los mineros (por encima de su partido político), sino con el país, junto a dirigentes como Juan Lechín, Irineo Pimentel, Víctor López o Simón Reyes, para no citar sino a unos pocos que aparecen en el lienzo de la historia como gigantes, cada vez más grandes cuando se compara su trayectoria con los serviles, efímeros y acomodaticios Mitma o Loza de estos tiempos. 

 Desde su trabajo en la mina de Catavi y luego su trabajo impulsor de Radio Nacional de Huanuni, hasta la máxima dirigencia de la COB o sus funciones como diputado, Salas mantuvo esa conducta de rectitud que era característica en los dirigentes sindicales que militaban por la democracia y contra las dictaduras.

 A pesar de pertenecer al Partido Comunista, los diputados mineros Óscar Salas y Simón Reyes se opusieron en el Congreso a los coqueteos de otros dirigentes del mismo partido político, Marcos Domic y Adalberto Kuajara, con el golpista Natusch Busch a fines de 1979. Antes que la línea política de su partido, prefirieron representar la posición de los trabajadores de base. 

Recuerdo ese episodio porque publiqué  Maniobras en el Congreso  en el Semanario Aquí, el 17 de noviembre de 1979, y a raíz de ello tuve una breve polémica con mi amigo Marcos Domic, que me calificó de "disléxico” (yo retruqué "afásico”). Hoy sonrío al recordar esos tiempos de debate político sincero y abierto. 

 Al igual que casi todos los miembros del Comité Ejecutivo de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, salvo los que estaban exiliados o en la clandestinidad, Salas estaba preso en el panóptico de San Pedro cuando cayó allí mi padre, que sostenía con ellos largas conversaciones sobre temas económicos. Yo los visitaba y llegué a conocerlos como personas, más allá de lo que representaban como dirigentes. 

 Signo de los tiempos: mientras surgen nuevos liderazgos manipulables en el sindicalismo boliviano de nuevo cuño y en los prebendales movimientos sociales que alienta el gobierno de Evo Morales, desaparecen los dirigentes que hace unas décadas nos orgullecieron por su consecuencia, por su integridad ética y por su capacidad de entrega a las luchas del pueblo boliviano. Hoy ni siquiera conocemos los nombres de los dirigentes de la FSTMB o de la CSUTCB, porque son simples carros arrastrados por la locomotora del poder.

Conservo varias fotos que tomé con una minúscula cámara Minox que podía ingresar a la cárcel de San Pedro sin que fuera requisada. Son fotos que han sido reproducidas varias veces con o sin mi autorización. Mi padre aparece con esa larga barba gris que lo acompañó hasta su muerte, posando junto a Simón Reyes, Irineo Pimentel, Alberto Jara, Óscar Salas, Víctor Carrasco, René Chacón, Corsino Pereira, Sinforoso Cabrera, entre otros. Hay pocas fotos de todos ellos juntos. 

Reviso las imágenes y veo que casi todos han fallecido. De los que conocí en la cárcel primero se fue Irineo Pimentel. (Ya había muerto antes Federico Escóbar, a quien no conocí). Siguió mi padre en 1980. A Simón Reyes, Alberto Jara y Víctor Carrasco los entrevisté más tarde sobre aquel periodo del panóptico. Víctor falleció el 8 de junio del 2015 y casi nadie se acordó. Lo supe a través de su aviso necrológico días después. Lo propio sucedió con otros compañeros dirigentes de los que pocos se acuerdan. 

Sobrevive en Cochabamba Víctor López, gran dirigente minero, también en el olvido y en condiciones que no son dignas, luego de haber dado tanto por este país. Y hoy recordamos otro año de la partida de Liber Forti, quien fue compañero de ruta de todos los antes mencionados, desde la cultura y el compromiso libertario.

Alfonso Gumucio Dagron es comunicador social, experto en comunicación para el desarrollo.
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