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Otro masismo es posible

Otro masismo es posible
El 22 de enero de 2020 habrá un nuevo Presidente, un nuevo gobierno, un nuevo poder, incluso así el masismo viole otra vez la Constitución y repostule por cuarta vez a Evo Morales en las elecciones de 2019, salvo que interrumpa la democracia, recurra a la violencia o haga una descomunal trampa electoral.

Echado el destino, la preocupación cabalga sobre una pregunta: ¿cómo será el nuevo gobierno? Ojalá sea uno que reconcilie a los bolivianos, cure las heridas de la democracia, expulse todo indicio autoritario y recupere la institucionalidad. 

No quiero a otro gobierno igual o peor que el  masismo y menos que tenga en sus filas personajes parecidos a los "imprescindibles” de hoy. Si pasara, ¡Dios nos libre!, se potenciará el odio como política de Estado y temo que lo primero que haga sea investigar no sólo los últimos 14 años de poder de inocentes azules, sino incluso la vida de sus antepasados; y si no halla nada, se invente.

No quiero, pero otro masismo es posible que llegue. Si fuera así, joderá con más ahínco a todos los que pensamos diferente y, en ese futuro probable, los gobernantes de hoy serán catalogados como librepensantes, por tanto, peligrosos, en consecuencia, lapidación mediática o juicios "tipo abogado León” hasta uniformar pensamiento.

No quiero, pero temo que llegue otro masismo. Si pasara, reforzará el Viceministerio de Descolonización y desde ahí procesará por "discriminación y racismo” a todo aquel que no comulgue con el espíritu fascista del nuevo gobernante.

No quiero, pero otro masismo es posible que llegue. Si fuera así, cambiará el nombre del Ministerio de Comunicación por el de Propaganda (basta de eufemismos) y transmitirá en directo por BTV las ocurrencias, chistes, excentricidades del nuevo "jefe”, de quien no sabemos si también será un gran futbolista o aficionado al ping pong. Quizá se le ocurra rebautizar con su nombre todos los coliseos y decrete que le levanten un monumento en cada ciudad.

No quiero, pero temo que llegue otro masismo. Si pasara, vetará publicidad estatal, atacará a todos los medios azules e independientes hasta asfixiarlos, dejará sin información a la gente y sin empleo a centenares de periodistas, a quienes si intentan defenderse  les devolverán gentilezas: "masista, izquierdista, socialista, levudo, tribilín, corrupto, vendepatria, delincuentes confesos”. Y no podrán quejarse ante nadie.

No deseo, pero otro masismo es posible que llegue. Si fuera así, no sólo dirá que la independencia de poderes significa descuartizar el Estado, sino controlará cínicamente todo en nombre del pueblo, nombrará magistrados, fiscales, vocales y aplicará sus mismas leyes contra los de hoy. 

No quiero, pero temo que otro masismo llegue. Si pasara, armará otros episodios sangrientos y tristes como el "Hotel las Américas”, "Porvenir”, asesinato de mineros y represión de indígenas; encarcelará inocentes que no serán liberados si no le da la gana al nuevo jefe. Silenciará a las ONG, tomará los organismos de defensa de DDHH y dejará huérfanos a políticos que hoy hacen lo mismo. Pero estoy seguro que Amparo Carvajal y otros los defenderemos como hoy a los perseguidos. 

No quiero, pero otro masismo es posible que llegue. Si fuera así, creará más bonos, construirá piscinas con agua sintética, habrá un ejército de elefantes blancos, ampliará el servicio militar a dos años y ojalá no se le ocurra invadir Chile sólo para unir a la gente y evitar su caída.

No quiero, pero otro masismo es posible… Si pasara, tendrá sus movimientos sociales que gozarán de la corrupción y pedirán al nuevo jefe gobernar Bolivia hasta su muerte, y mentirán, mentirán hasta creer que lo que dicen es verdad. 

No deseo, pero en política no se debe descartar ninguna hipótesis. Sin embargo, mi esperanza va por una transición constitucional, que los masistas se vayan en paz y llegue un gobierno con valores democráticos y construyamos un Estado Humanista. No quiero que sufran lo que ellos hacen sufrir a tanta gente.
 
Andrés Gómez es periodista.
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