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Andres Gomez Vela
Tinku verbal

La escuela antiimperialista

La escuela antiimperialista
Cuando Francisco Pizarro llegó en 1532 con sus huestes a lo que hoy es Perú, el Imperio quechua (inca), que a finales del siglo XV apenas ocupaba el área de Cuzco, había tomado lo que ahora es Perú, Ecuador, Colombia, Bolivia, Norte de Chile y Noreste de Argentina. Pizarro arribó con 168 soldados y 37 caballos, y terminó derrumbando un Imperio de 12 millones de habitantes. 

Las causas de la caída de los quechuas son diversas, pero entre ellas no figura al otro lado algo parecido a una escuela antiimperialista. 
 
A lo largo de la historia hubo muchos imperios: Macedonia, Roma, Bizancio, Quechua, Azteca, la Turquía Otomana, China, Unión Soviética. Hoy, Estados Unidos. 
 
En el nacimiento y crecimiento de todos esos imperios hubo denominadores comunes: tecnología, organización social y política; modelo económico, conocimiento y fuerza militar. En sus caídas también: guerras intestinas, descomposición moral de sus élites y pueblos con mejor tecnología y conocimiento que los suyos.
 
Imperio viene de la palabra latina imperium. En la antigua Roma denotaba el poder supremo, luego fue usada para hablar del dominio físico de un gobierno sobre vastos territorios. Con el tiempo se entendió como sinónimo de abuso, explotación despiadada de pueblos indefensos y sin tecnología, los cuales eran conquistados con la fuerza bruta y una base ideológica. 
 
Por ejemplo, la base ideológica de Roma, España, Francia y Gran Bretaña era civilización, entendida como un modo de vida más deseable, cómodo e infinitamente rico. Para éstos, los pueblos invadidos eran bárbaros o salvajes.  Los otomanos ofrecían el Islam. La Unión Soviética, el comunismo. China, también, aunque luego terminó salvando el capitalismo.  
 
Hasta el siglo XIX, los pueblos débiles sólo tenían dos alternativas: resignarse o resistir.
 
En el siglo XX fueron naciendo reglas y organismos para limitar a los países poderosos, entre ellas la Declaración Universal de Derechos Humanas, los tratados internacionales, la ONU, la OEA, la UE.  
 
Evidentemente, los imperios han esclavizado, aniquilado culturas y limitado libertades de varios pueblos, pero también han desarrollado el saber humano y han dado a otros países oportunidades inimaginables. 
 
Entre los siglos XX y XXI nacieron dos escuelas de reacción frente al imperialismo: la primera, la de los hermanos Castro, el Che, Chávez, Correa y Morales: arengas y escuelas antiimperialistas. 
 
La segunda, la del padre de la India moderna, Jawaharlal Nehru, que en una ocasión señaló: "Una conquista extranjera con todos sus males, tiene una ventaja: ensancha el horizonte mental de la gente y la obliga a mirar fuera de su caparazón. Así se da cuenta de que el mundo es mucho más grande y variado, de lo que nunca había podido pensar”. 
 
La visión de Nehru no significa resignación, sino relaciones inteligentes. A esta escuela se adscribió, con sus particularidades, China que, en lugar de desafiar cada día, decidió piratear tecnología y crear la suya. Ahora recién está en condiciones de desafiar, pero no de seducir.  
 
¿A quiénes dio la razón la historia?  ¿A India? ¿A Cuba? 57 años después de consignas antiimperialistas, la Isla es invadida por una fuerza más poderosa que el ejército de EEUU: el capitalismo, el enemigo contra el que peleó ha vuelto para tomarla. 
 
Entre los imperios romano, quechua y estadounidense corrió mucha arena. Cambiaron las tecnologías de dominio; al menos en la región. Las redes sociales, Pokémon Go y el modo de vida son poderosas armas de seducción. 
 
No conozco a nadie que quiere irse a vivir a China o ser como un chino, pero conozco a muchos que quieren irse a Estados Unidos y vivir como gringos. 
 
Entonces, ¿podrá una escuela militar antiimperalista acabar con esa seducción y formas de dominio del Imperio? 
 
Yo no quiero un país sometido ni al Imperio ni a un partido antiimperialista, quiero un país con tecnología, conocimiento y feliz.
 
Andrés Gómez es periodista.
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