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Unas ideas para evitar el robo del futuro

Unas ideas para evitar el robo del futuro
Tres latrocinios en una semana: desfalco de seis millones de bolivianos del Ministerio de Defensa, 43 millones de bolivianos del Banco Unión y robo de 5,4 millones de bolivianos en tarjetas de consumo de telefonía de ENTEL. Algo en común: las tres instituciones son administradas por gente del gobierno del MAS. Una conclusión: nuestros bienes no están seguros. Una evidencia: el robo del patrimonio estatal es un hecho general y cotidiano en el país.
 
En los tres casos fallaron los controles, ergo fallaron los responsables de esas instituciones. Si a estos hechos sumamos los otros escándalos de corrupción que sacudieron al país, desde el caso YPFB-Catler pasando por el saqueo al Fondo Indígena y terminando en las alcaldías, estamos ante un problema que terminará robándonos el futuro.
 
Esta situación crítica impele comprender la corrupción desde las causas y actuar en siete pasos: 1) Formación respecto a los bienes públicos; 2) ética; 3) control rígido; 4) transparencia-información; 5) élite gobernante ejemplar; 6) monitoreo para evitar los diezmos; y 7) ley. 
 
¿Por qué formación respecto a los bienes públicos? Porque una buena parte de la población cree que los bienes del Estado son de nadie, por tanto pueden ser aprovechados o robados. Otra parte cree que pertenecen a sus empleados (los gobernantes de turno) y éstos las administran como si fueran suyos. 
 
Para superar esta mirada, se debe enseñar en casa que el aula pública a donde la hija asiste hoy, asistirán mañana sus hijos. Entonces, asumirán que las carreteras, los asientos de la plaza del pueblo, el dinero del municipio pertenecen a los suyos que vienen, quienes entenderán, a su vez, que son de los que aún no llegaron. Así, robar un bien será entendido como un atraco al futuro; en consecuencia, echarán a sus servidores, llamados gobernantes, que abusan de lo público. 
 
¿Por qué ética? Porque es el camino a la excelencia, convivencia y felicidad cuando es practicada como un límite de los intereses personales frente a los de la otra persona, a quien luego se entenderá como un complemento necesario para lograr el bien común por muy diferente que sea a uno. Por ello, el funcionario debe ser leal a la gente antes que al partido o al gobernante. 
 
¿Por qué control rígido? Porque el más honesto puede caer en la tentación al ver mucho dinero y facilidad para robar. No basta la ética, sino un sistema de control, que vaya desde el uso de nuevas tecnologías hasta la formación de gente especializada. Con este fin, se puede erigir una institución que adiestre, en coordinación con las universidades, al personal que ocupará las oficinas de Transparencia para fiscalizar con independencia y probidad. 
 
¿Por qué información? Porque es el insumo que garantiza transparencia. En ese sentido, las páginas web de cada repartición deben publicar cada día las actividades que jefes y subalternos realizaron y los movimientos económicos que hicieron.  
 
¿Por qué élite gobernante ejemplar? Porque la sociedad tiende a imitar a los gobernantes. Si éstos son malas personas, malos padres o malas madres, mentirosos, violadores de su propia palabra y de la Constitución, la gente puede asumir que es bueno ser un ladrón.  
 
¿Por qué monitoreo anti-diezmos? Porque es la forma de corrupción más cotidiana e institucionalizada. Para combatirlo, las adjudicaciones deben ser realizadas con la participación del personal formado en lucha anticorrupción (paso 3). Inmediatamente debe difundirse un cuadro de seguimiento de la obra (antecedentes de los dueños de la empresa, costos de materiales, sueldos) hasta su finalización. 
 
¿Por qué la ley al final? Porque el castigo debe producirse cuando todos los controles hayan sido rebasados. Más que la cárcel debe importar que el culpable y sus encubridores devuelvan hasta el último centavo.
 
La implementación será costosa, pero es más costoso todo el latrocinio que sufre cada día Bolivia. No sólo se roban billones, sino el futuro y las esperanzas de nuestras familias.
  
Andrés Gómez Vela es periodista.

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