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¿Por qué ellos pudieron y nosotros no?

¿Por qué ellos pudieron y nosotros no?
Japón vivió de espaldas al mundo 265 años. A ese tiempo endógeno, que se extendió de 1603 a 1868, lo llamaron la era de Edo. Iba a contramano de la universalización, materializada en la colonización europea de América y otras partes del mundo. E iba rezagado del Occidente, donde ya se había constituido el Estado moderno y balbuceaba la democracia moderna, y el feudalismo moría ante el mercantilismo y posterior capitalismo. Pero, Japón blandía aún la romántica y mortal espada de los samuráis, guardianes de una sociedad jerarquizada y feudal.  

En tanto, por ese entonces, lo que hoy es Bolivia todavía era colonia de España. 

Después llegó la era Meiji (1868-1912), que trajo consigo la apertura de Japón al mundo y la consecuente modernización y occidentalización. Algo más: sembró la semilla de su capacidad económica. 

En tanto, Bolivia se acercaba a su primer centenario de existencia y estaba entre pararse y caminar. 

A Meiji la siguió la era Taisho (1912 y 1925). Los japoneses coinciden  en que este periodo fue cuando se asomó a la casa del Sol Naciente el liberalismo, que atizó movimientos y conflictos sociales en el fogón de la desigualdad social. Vale decir, las repercusiones de la democracia moderna que nació en Inglaterra y se consolidó con la Revolución Francesa (1600-1789) estaban llegando recién al último confín del mundo.  

Por ese entonces, Bolivia también vivía su tiempo liberal.

La era Showa, que comprende al reinado del emperador Hirohito, comenzó cuando el reloj de la historia marcaba mediados del siglo XX y Japón cabalgaba sobre tres periodos: el militarista, la ocupación estadounidense y la recuperación de su soberanía.  

Entre las eras de Meiji y Showa las ideas liberales causaron caos político, y el miedo al comunismo despertó al ultranacionalismo, lo que en cierto modo provocó la guerra con China en 1937 y el error de 1941 de entrar a la Segunda Guerra Mundial. 

Japón terminó mal, Estados Unidos lo aniquiló con dos bombas atómicas, perdió Corea y por primera vez fue colonia. La ocupación estadounidense duró siete años. 

"Hasta ese momento nunca habíamos sido colonia; como no teníamos recursos naturales, ninguna potencia quiso colonizarnos”, me comentó con una mueca de ironía satisfactoria una ciudadana japonesa, en un hotel de Tokio. En 1952, Japón recuperó su soberanía.

Ese mismo año, en Bolivia se produjo la Revolución Nacional. 

Terminada la guerra, Japón estaba en ruinas, había bajado su producción, sufría escasez de alimentos, desocupación, inflación alarmante. Sin embargo, en tan solo tres décadas se recuperó y llegó a ser la segunda potencia económica del mundo.

Entre 1950 y 1970 la producción manufacturera e industrial se sextuplicó y su economía se expandió 55 veces. Durante la década del 60, la tasa anual de crecimiento fue de 11,1%. Los países más ricos del occidente apenas crecían entre el 4,1 y 5,8%.

¿Cómo se produjo este milagro? "Cuando recuperamos la soberanía nos prohibieron tener un Ejército, entonces, gran parte de los recursos económicos los invertimos en educación y ya no en armas”, me dijo en Tokio un diplomático, en una reunión informal en el Ministerio de Asuntos Exteriores.

"No teníamos recursos naturales, sólo recursos humanos, entonces había que invertir en esos recursos humanos”, coincidieron por separado otros dos ciudadanos. 

Entre otras explicaciones figuran la determinante ayuda estadounidense, la visión de la burguesía, la derrota de los sindicados que querían comunismo, la laboriosidad nipona y su virtud de ahorro. 

Japón tiene en este momento 9.000  investigadores en el Centro Científico de Tsukuba buscando, creando, inventando; tiene una monstruosa infraestructura de transporte por donde la economía circula mil por hora; no pierde ni la basura, la recicla o la incinera para usar la ceniza como materia prima de otros productos. Obviamente tiene sus defectos, como cualquier sociedad.

El ejemplo japonés nos demuestra que un país no es rico porque tiene recursos naturales, sino porque tiene conocimientos para transformar esos recursos; y los conocimientos se adquieren invirtiendo mucho en educación y no en armas. 

En tanto, Bolivia sigue hoy con economía extractiva, lo que me dejó pensando: ¿por qué pudieron ellos y nosotros no? Ayúdame con la respuesta.
 
Andrés Gómez Vela es periodista.
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