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El mito que facilita la venta de la coca al narco

El mito que facilita la venta de la coca al narco
Los seres humanos somos capaces de creer cosas que sabemos que no son ciertas, entonces alojamos en nuestra cultura e historia a héroes, santos y objetos sagrados. Así nacen los mitos sobre la necesidad de creencias o ante la ausencia de una explicación científica. 

El mitólogo Adrián Huici dice que el discurso mítico "puede ser absolutamente falso y carente de toda base real, y, sin embargo, no menguar en nada su poder de convicción. En este sentido, ya habíamos dicho que la eficacia de los mitos no debía buscarse en la verdad que pudieran contener sino en su eficacia, en la capacidad de "operar” sobre la realidad”. 

Con razón Jorge Luis Borges escribió que en el "principio de la literatura está el mito, y asimismo en el fin”. Pues, las historias orales y las escrituras transportan los mitos que viajan de generación en generación, de cultura en cultura. Mitos que suelen ser usados o fomentados por el poder para imbecilizar a las masas. 

Por ello, el devenir ha sido mitificar y desmitificar. Se desmitifica cuando el mito daña al ser humano. Verbigracia, la Iglesia Católica mitificó que la mujer pertenece al hombre porque nació de su costilla. Mantener este cuento era inhumano.

Hoy, uno de los mitos más extendidos en el país es la "sagrada coca”, tradicional y milenaria. No hay problema con los dos últimos conceptos porque tradición significa la repetición de un rito o costumbre durante generaciones; y milenaria se refiere al tiempo de su existencia.  

Sí me provoca el sustantivo "sagrado”, entendido como lo contrario de lo profano y como lo solemne e intocable, relacionado con lo religioso. Así, Dios es sagrado; y la vida, también.  
Cuando esta palabra forma parte del sustantivo, en este caso "coca sagrada”, recibe una importante carga de respeto y consideración. Entonces, se convierte en algo intocable y espiritualmente esencial. Resultado de este cuento, la coca entró en la Constitución de 2009 en el artículo 384. 

La literatura sociológica y antropológica otorgó a la coca cualidades que aparentemente no tiene ninguna otra planta y la selló como sagrada. Y mucha gente, entre ella, la intelectualidad, repitió que es sagrada porque es medicinal, pero la manzanilla también es medicinal y no hay seis federaciones de manzanilleros. Repitió que es sagrada porque es un elemento predictivo, pero las barajas y el plomo también lo son y no están en la Constitución. Repitieron que tiene un imprescindible valor nutritivo, pero no figura en la lista de los 50 alimentos indispensables.

Sólo queda una posibilidad "sagrada”: los 14 alcaloides que contiene (cocaína, egnonina, atropina, pectina, papaína, higrina, globulina, piridina, quinolina, conina, cocamina, inulina, benzoína, reserpina). El más "explotado” económicamente entre algunos cocaleros y narcos es la cocaína. 

Desde hace años, el mito encubre la venta de la "coca sagrada” a los narcos; y encubre el negocio ilícito monopolizado por cocaleros del Trópico cochabambino, cuyo presidente es además Presidente del Estado Plurinacional (Evo Morales), quien esta semana ordenó aprobar en la nueva ley de la coca 22.000 hectáreas de cultivos en Bolivia, de las cuales 14.300 están en Yungas y 7.700 en la tierra ocupada por sus bases. 

Esa disposición de Morales desconoce el estudio financiado por la Unión Europea, que estableció sólo 6.000 hectáreas para consumo tradicional en el país; ignora hasta su propio dato de 14.705 hectáreas suficientes. Y por si fuera poco, le vale un Pepino de Carnaval los informes de Naciones Unidas, que aseguran que el 94% de la coca del Chapare se va al narcotráfico.

Ante estas circunstancias, así como fue desmitificada la creencia bíblica sobre la mujer, debe ser desmitificada la coca, salvo que para los narcos también sea sagrada. Con ese fin lanzo las siguientes preguntas: si la coca es sagrada ¿por qué las bases de Morales venden el 94% de su producción a los narcos? ¿Son herejes que han convertido la sagrada hoja en profana? 

Si somos capaces de creer cosas que sabemos que no son ciertas, también somos capaces de liberarnos de ataduras mitológicas para avanzar como sociedad.

Andrés Gomez Vela es periodista.
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