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¿Por qué el periodista debe opinar y combatir a un tirano?

¿Por qué el periodista debe opinar y combatir a un tirano?
A las mentes autoritarias les gusta que los periodistas opinen sólo cuando van en su favor. En esos momentos, los azuzan a una rebelión contra los propietarios de medios y los impelen a opinar en contra de la línea editorial del medio donde trabajan. Con este fin, el gobierno masista reactivó a principios de su gestión la columna sindical; pero no la practicó en sus medios. Si un periodista se animara, además de ser llamado traidor, tendría que caminar con su testamento, digo, su memorándum de despido bajo el brazo. ¿O han visto o  escuchado alguna opinión que disienta de la línea oficialista en un medio gubernamental?

Antes de Carnaval, un cumpa masista me dijo: "El periodista no puede opinar, sólo debe informar; si opina, está haciendo política”. Entonces, ¿para qué reactivaron la columna sindical?
 
Confirmado, el régimen descalifica al periodista independiente diciéndole que hace política cuando cuestiona (como si fuera malo hacer política).

Esta estrategia fue exitosa, calló a decenas periodistas, que optaron por trabajar indiferentes ante las injusticias, corrupción o violaciones a la Constitución y derechos humanos. En algunos casos, hasta se han inhibido de informar sobre temas "incómodos”. Los controlaron a través de la "pega”, el estómago, la comodidad, los negocios o el miedo. Bueno, como ya dijo José Ortega y Gasset, "yo soy yo y mis circunstancias” y no vale la pena juzgarlos; pero, sí valorar la opinión en momentos adversos, como el que vive el país.

Justamente, para prevenir el autoritarismo, la democracia estableció en los artículos 106. IV de la Constitución y 6 del Código de Ética de la Confederación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia la cláusula de consciencia, cuyo fin -además de garantizar el retiro voluntario del periodista con sus beneficios sociales pagados cuando el medio donde trabaja cambia de línea editorial- es preservar su pensamiento y opinión para negarse, por ejemplo, a publicar propaganda como noticia, a difundir una mentira como información o a cubrir un hecho que va contra sus creencias o religión.

Pero, el miedo pudo más que la cláusula de consciencia y el artículo 21.5, que reconoce el derecho de las personas (no dice excepto periodistas) a opinar.

En septiembre del año pasado invité a un periodista de Tv a una entrevista sobre la reelección indefinida y éste me respondió: "Hermanito, no quiero tener problemas ni con mi medio ni con el Gobierno”. Olvidó que la libertad de expresión, materializada en la opinión, no sólo es un derecho constitucional, sino un deber moral. Así lo establecen los códigos de ética que invocan a los periodistas a defender la democracia.

Verbigracia, el artículo 1 del Código de la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia establece que "los periodistas están siempre al servicio de la verdad, la justicia, los derechos humanos,  la defensa del patrimonio cultural y del medio ambiente, la democracia y la paz entre los hombres”.

El Código de la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP) exige en sus artículos II y III a "contribuir permanentemente a la vigencia y el fortalecimiento del sistema democrático”, y a "combatir intransigentemente cualquier actitud oficial u oficiosa que tienda a conculcar derechos y libertades establecidos en la Carta Magna y en la Declaración de Derechos Humanos, particularmente la libertad de expresión”.

El artículo 2 del Código de la Confederación de Trabajadores de la Prensa traza otro imperativo moral: "Los periodistas evitarán por todos los medios disposiciones que anulen o censuren el ejercicio de la libertad de expresión e información”.

Como verán, es una obligación de los periodistas combatir a los tiranos que violan la Constitución y desconocen el voto popular; es un deber defender la democracia de los autoritarios que quieren eternizarse; es una tarea enfrentar al gobernante que usa dinero público, a través de la propaganda, para apagar la diversidad y violar el derecho de la sociedad a informarse.

A las mentes totalitarias no les gustan los periodistas, sino los amanuenses que transcriben declaraciones y las publican aun sabiendo que son mentiras. A los tiranos les agrada la información controlada porque son fuente privilegiada; mas no la opinión porque ahí aparece el periodista que piensa y cuestiona como fuente. Finalmente, el periodismo sólo respira en democracia.

Andrés Gómez Vela es periodista.
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