La Paz, Bolivia

Domingo 25 de Junio | 13:16 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Andres Gomez Vela
Tinku verbal

El violador

El violador
En un principio, creía que el violador era un despreciable ignorante. Cuando me enteré que el admirado Pablo Neruda, Nobel de Literatura 1971, era un violador confeso, cambié de opinión. En su libro autobiográfico He vivido narra cómo violó, en Ceilán, hoy Sri Lanka, a la mujer encargada de limpiar la caja de madera donde defecaba. 
 
"Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama (...).  El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme...”, escribió el poeta. 
 
El sexo es placer nivel divino cuando ambos disfrutan y no cuando ella se "queda como una estatua” sufriendo en silencio o llorando o peleando para salvarse. Entonces, me acordé de mi amiga beniana Nabila, que en una ocasión dijo: "El violador se excita con el sufrimiento y los gritos de una mujer; por eso para desarmarlo, mejor decirle que todo será voluntario y el violento deja de excitarse y ya no funciona”.
 
Confundido, pregunté a una psicóloga ¿por qué los hombres violan? Jenny Ybarnegaray me respondió con un artículo muy explicativo: el violador es hijo "de una estructura de relaciones de poder, donde los hombres mandan y las mujeres obedecen, se llama "patriarcado”. 
 
En consecuencia, él cree que ella es un objeto, por tanto puede hacer impunemente como sujeto lo que le venga en gana con una mujer, cual si fuera una silla o una piedra. 
 
Me picó más la curiosidad y quise entrar en la mente del violador. El psicólogo Rodrigo Ayo me sugirió el artículo de su colega español, Oscar Castillero, quien hace una tipología: el violador circunstancial, el explosivo, el furioso, el que busca confianza o compensación, el sádico. 
 
¡Sorpresa! El perfil psicológico trazado por Castillero dice que el violador es una persona normal; no es silencioso, ni de mirada escurridiza, antisocial o enfermo mental. Hasta puede parecer y ser buen tipo. 
 
Le interesa el poder, no el sexo; le gusta dominar, no gozar del goce de ella, sino del sufrimiento. Busca víctimas débiles -niñas, adolescentes, bebés- para ejercer poder, pues, no le importa la empatía sexual. 
 
Una raíz común está en la violencia que pudo haber sufrido durante su niñez por parte de papá o mamá; o fue testigo de los golpes de él contra ella. Alguno tiene complejo de inferioridad y viola para creerse superior. Y casi nunca hace análisis de consecuencias (después del delito, cárcel), como aconseja Lisbeth Salander, la protagonista femenina de la tetralogía Millennium del sueco Stieg Larsson. 
 
Y finalmente, casi siempre culpa de su delito a su víctima. Es por esa estructura de poder en el que crece. Pero no sólo el violador piensa así. ¿Recuerda al senador del MAS Ciro Zabala? Durante la campaña electoral del 2014 dijo que se debe "enseñar a las mujeres a cómo comportarse”, a no estar "borrachas” y tampoco vestirse "en forma provocativa” para evitar ser objetos de delitos. 
 
Esa vez, lo consideré un machista nivel leyenda, pero recientemente me enteré que Gandhi también creía que las mujeres eran responsables de los "impulsos depredadores” masculinos en las violaciones. 
 
Como verán, un hombre es un potencial violador. Y los casos no pararon ni bajarán con el endurecimiento del castigo (más años de cárcel); tampoco bajaría si se practicara la castración o la pena de muerte. La psicóloga Jenny Ybarnegary y la socióloga Sonia Montaño tienen razón: la violación es consecuencia del poder que tienen los hombres sobre las mujeres. 
 
Desmontar la estructura patriarcal nos llevará años y eso significa trabajar en la mente de los hombres, ahí está anidado el patriarcado. Para avanzar algo más, debemos entender que el sexo no es sucio ni malo, como dicen algunas religiones, sino un regalo divino de la naturaleza, por tanto debe ser disfrutado y no prohibido en los adolescentes, sino explicado como la vida misma. Por ello, preferible que vayan a un "sex party” a que sufran una violación o se conviertan en violadores.
 
Andrés Gómez Vela es periodista.
234
24

También te puede interesar: