La Paz, Bolivia

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Andres Gomez Vela
Tinku verbal

¿Es usted la hermana del Ministro? Sí.

¿Es usted la hermana del Ministro? Sí.
Creen que eres tonto y te vas a tragar eso de que su hermana, esposo, hijo o excuñado fueron contratados por otros ministros, pese a su oposición. Pero, sabes bien que enviaron a sus familiares a otro ministerio para no ser alcanzados por el nepotismo. Sé que sentiste vergüenza ajena cuando escuchaste a su jefe auxiliándolos sin ruborizarse: "No es delito o pecado que los familiares trabajen” en el Estado. Si es así, ¿para qué tipificaron el uso indebido de influencias como delito en el artículo 146 del Código Penal? Y si no es pecado, ¿para qué escribieron en el artículo 8 de la Constitución los principios de la ética pública?

Por cierto, el vocablo "ethiké-ética”, del griego ethos, significa "modo de ser”. Y estos días algunos de los gobernantes nos demostraron su real "modo de ser”. Quizás piensan que la ética es burguesa. Desempolven al Che más allá del ¡Patria o Muerte!, y divisarán al "Hombre Nuevo”, y verán que la Revolución no sólo significa un "proceso de cambio” de las estructuras sociales, sino "una profunda y radical transformación de los hombres, de su conciencia, costumbres y valores”. Sobre esa filosofía propuso al revolucionario 7/24 sin un entorno familiar real que mantener. Y resulta que ahora sus seguidores optaron por sus familiares antes que por la Revolución.  

Pero, la ética no es invento de ninguna revolución, sino de la política. Por ello, desde la antigüedad se estableció que todo gobierno tiene un objetivo moral y el de los masistas era superar los males neoliberales: corrupción, nepotismo, falta de transparencia, enajenación de recursos, injusticia, desigualdad.

¿Lograron su propósito? No. Tal vez porque olvidaron la ética, esa disciplina que convierte al animal en ser humano, ayudándolo a autocontrolar sus bajas pasiones como la ambición, soberbia, intolerancia. 

Los pueblos conscientes del valor de la ética no solo son desarrollados, sino felices. Los pueblos que creen que el poder está exento de la moral no son ni desarrollados ni felices. 

Es verdad, un gobierno requiere poder, pero para mantenerse legítimamente y hacer que sus gobernados se auto-obliguen en sus tareas necesita fundamento moral. 

De esa ecuación nacen los gobiernos que sirven a la pluralidad de intereses de sus sociedades bajo los dos preceptos de Cicerón: primero, defender los intereses de los ciudadanos, olvidándose del propio provecho; y segundo, velar sobre todo el cuerpo de la República (antes que del partido o del jefe). 

Sobre esta filosofía cabalga el politólogo mexicano Oscar Diego Bautista para distinguir el "poder despótico”  de la "autoridad”, y dice: "El poder es despótico cuando se beneficia quién lo posee, mientras que es autoridad cuando es ejercido en beneficio de los gobernados”. 

Antes de llegar al poder y hasta su segundo periodo, los gobernantes actuales tenían autoridad, reputación, prestigio, honor, credibilidad. No sé tú, pero yo los veía transparentes, puros, cándidos; por tales razones dije: ¡estos son mis candidatos!

Luego de 11 años de poder, veo a la "socialista” Gabriela Montaño igualándose con el "neoliberal” Arturo Murillo (yo tengo a mi esposo en la función pública y tú a tu hermana) ¿Acaso no tenían que ser diferentes?  

Seguro que hay gobernantes que tienen familiares capaces y que merecen trabajar en la administración pública, pero me entra la desconfianza cuando me entero que la hermana del ministro de Justicia, Héctor Arce, tenía el cargo de asistente en la Alcaldía de La Paz y tiempito después aparece como abogada de la principal empresa estatal del país. 

Y muere mi confianza cuando me entero que "Los Martínez”, soldados de la revolución, se habían repartido pegas en la función pública. ¿Qué rato los contrataste y por qué? Tú eres su empleador y ni sabías.  

Sean de izquierda o derecha, las personas débiles en valores éticos y que ocupan cargos públicos corrompen el poder público y te hacen infeliz. Aunque, siendo realista, una parte del pueblo tiene el gobierno que se le parece.  

Ante esta decadencia moral, el próximo gobierno debe aprobar un reglamento de concurso de méritos o procedimientos transparentes para la contratación de servidores públicos, leales a vos y no fanáticos del jefe de turno porque tú les pagas el sueldo y no un partido. ¡Ah! Y que sepan que mandar familiares a otros ministerios para que sean contratados es delito y pecado.

Andrés Gómez Vela es periodista.
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