La Paz, Bolivia

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Carlos D Mesa Gisbert
Columna vertebral

Pax colombiana, el Nobel y el camino recorrido

Pax colombiana, el Nobel y el camino recorrido
La palabra triunfo o la palabra fracaso suelen contener un sentido de afirmación categórica e inequívoca y son objetivamente antagónicas, pues representan dos situaciones completamente opuestas. El plebiscito del domingo 2 de octubre sobre la paz en Colombia ha merecido ambos calificativos para los respectivos porcentajes por el Sí y por el No, cuyo resultado final favoreció a este último. Pero probablemente tal distingo no refleje exactamente lo que realmente significó. 
 
Empecemos por el gran espaldarazo que le da el premio Nobel al Presidente Juan Manuel Santos. El reconocimiento a sus genuinos y sostenidos esfuerzos por lograr una paz definitiva en su país abren una puerta a la esperanza, y le dan una capacidad de negociación interna que necesita, probablemente ahora más que cuando comenzó esta  tarea, hace ya cuatro años. Merecido galardón, por otra parte, porque a nadie se le escapa lo avanzado y la voluntad real de conseguir una paz permanente, en la que empeñó toda su gestión de gobierno.  
 
Recordemos, en este nuevo contexto, el cuadro de situación. El No ganó por un muy estrecho margen de votos, pero ganó. Algo más de la mitad del 37% de los votantes se opuso al Acuerdo de Paz firmado entre el gobierno y las FARC en los términos en que está redactado, lo que –casi todos lo han subrayado- no quiso decir necesariamente un No a la paz. 
 
El argumento principal para explicar este resultado es que quienes lo rechazaron creen que no es aceptable otorgar a los responsables de tanto dolor y tanta sangre una suerte de carta blanca que –en teoría- garantiza olvido, impunidad y, por si fuera poco, un espacio gratuito y no ganado en el Congreso para los exguerrilleros, sin mediar siquiera una elección para ello. Pero subrayemos que no deja de ser relevante en el análisis de los resultados que el Sí ganó de manera muy clara en la mayoría de las zonas geográficas donde se sufrió más los efectos de la guerra y donde se produjeron los crímenes más atroces de este conflicto.  Un mensaje muy importante que permite matizar la idea central que domina los análisis, aquella que indica que quienes han padecido el dolor aún no han elaborado el sentimiento de perdón y que para las víctimas no es fácil asumir una salida con tantas ventajas para los responsables de la guerra. 
 
El documento firmado en La Habana peca por exceso, su exhaustividad y "reglamentarismo” lo ha hecho indigerible y ha complicado a los defensores del Sí para explicarlo y, sin duda, en virtud de la necesidad, ha marcado algunas concesiones del gobierno que superan lo políticamente tolerable, pero, a la vez, es un texto que ha exprimido hasta el último de los temas pendientes y que, por lo tanto, es una base ideal para –aprendida la lección del plebiscito- ir al grano y hacerle entender a las FARC que hay líneas que el país no acepta que deban cruzarse. 
 
Irónicamente, lo que puede considerarse como un apresuramiento al haber cerrado todo como si el país lo hubiera refrendado antes de que esto sucediera, ha provocado que sea muy difícil echarse atrás. Las FARC han hecho una apuesta prácticamente sin retorno y el propio ELN ha mostrado una razonable disposición de integrarse a una negociación de paz equivalente. Si bien el hilo es delgado, es un hilo existente, el que conecta lo avanzado con lo que queda pendiente. La voz popular, escrupulosamente respetada por el Presidente Juan Manuel Santos, debe ser escuchada y Timochenko lo sabe. En cierto modo la poderosa palabra de Álvaro Uribe –categórica a favor del No- ha logrado no sólo un éxito personal, sino la posibilidad de que su voz y sus propuestas conduzcan a un resultado más equilibrado. Se dice fácil, pero lo que queda por ver es, tras el auspicioso encuentro Santos-Uribe, que se pueda encaminar un diálogo del que salga un tercer camino. 
 
¿Qué es lo que no tiene sentido proponer hoy día? La idea original de Uribe de que la paz sólo es posible con la aniquilación militar de las FARC, la razón es obvia, las FARC ya se han desmovilizado y es poco probable que, en este contexto interno e internacional, quepa siquiera la posibilidad de considerar una reorganización. Los acuerdos de paz están firmados y ninguna de las partes ha expresado una voluntad de dejarlos de lado ante el No del plebiscito, aunque Santos sabe hoy que no es el único que tiene la llave de este proceso, con el Nobel bajo el brazo sigue siendo la figura angular para resolver tan grande desafío. 
 
 En consecuencia, lo posible, lo necesario, es una negociación que afine lo comprometido para que el pueblo colombiano sienta que el costo de la paz (siempre habrá un costo que pagar) no sea tal que las víctimas del horror perciban que la sangre de sus muertos se pierde en un mar de impunidad y olvido. Por eso, una Pax Colombiana definitiva es hoy más posible que ayer.

Carlos D. Mesa Gisbert fue presidente de Bolivia.
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