La Paz, Bolivia

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Carlos D Mesa Gisbert
Columna vertebral

La parábola de las cebras

La parábola de las cebras
Las cebras (las de las calles paceñas) son una de las experiencias más ingeniosas, simpáticas y bienintencionadas que se haya propuesto en una comunidad para motivar un cambio en el comportamiento de los ciudadanos. Los funcionarios municipales que se visten día a día de cebras ordenan la circulación, hacen respetar los pasos y preferencias de peatones, orientan y corrigen a los vehículos que se pasan en amarillo o -ni qué decir- en rojo o se paran interrumpiendo los citados pasos peatonales, acompañan a personas de la tercera edad y los ayudan a cruzar, y otras muchas acciones que buscan servir de ejemplo. 
 
Llevan años, muchos años en esta ímproba tarea, pero ocurre que cuando las cebras dejan un determinado lugar, en ese preciso instante, conductores, pasajeros y peatones vuelven a su cotidianeidad, la de la vulneración de la norma, la de la ley de la selva. A más de uno le ha ocurrido que cuando en horas de la noche se detiene respetando una luz roja, escucha los destemplados bocinazos del vehículo que está detrás que reclama que se viole la ley porque a esas horas "no hay nadie”. Las cebras son una dramática parábola sobre nuestro comportamiento colectivo. Cumplir la norma es una aventura que frecuentemente te lleva al infernal mundo de la burocracia, al apocalipsis del sistema judicial o al caos del día a día. 
 
El Estado presume tu mala fe y tu intención de engañarlo, no tu inocencia. Si tienes un poder "suficiente y bastante” para representar a alguien en cualquier trámite legal, te dice que es insuficiente, si, exactamente lo contrario de lo que indica el documento, argumenta que requieres de un poder para el trámite específico que llevas adelante. El Estado niega su propia legitimidad cuando te pide una fotocopia legalizada o simple de la cédula de identidad que te ha otorgado, como si el documento original  fuera espurio. Si tu nombre ha cambiado por el cambio de tu estado civil, te exige un trámite de "cambio de nombre”, cuando es obvio que tienes un número de cédula (el mismo de la licencia de conducir y del pasaporte) que ratifica que tú eres realmente tú. Si tienes que pagar un significativo retraso en tus obligaciones sociales, las características de los convenios, multas y cargos son tales, que la bola de nieve no se achica nunca.
 
 Los ciudadanos por nuestra parte actuamos también sobre la premisa de que organizar la sociedad es imposible. Si sigo la norma no lograré nunca llegar a destino, vale para la circulación en las calles, vale para la burocracia, vale para la justicia. Unos pretenden que otros cumplan los plazos estipulados de entrega de un trabajo, un edificio, por ejemplo. El cliente exige al constructor, el constructor exige a los contratistas, los contratistas exigen a los operarios. Los plazos tienen que ver con "san lunes”, con la eventualidad de la celebración de una fiesta que garantiza la ausencia del interesado en su puesto de trabajo, o con los muebles que no están listos porque, como dice Papirri, cuando preguntas por la fecha de entrega la respuesta es "lunes, martes, miércoles, jueves… voy a estar entregando”. 
 
El gerundio es nuestra forma gramatical perfecta: "estoy haciendo”, "estoy terminando”, "ya estoy llegando”… ¿Seguridad industrial?, cero. Es que el casco hace sudar mucho, es que el arnés es muy incómodo. Si se produce la muerte por una caída, no se liga una idea con la otra, lo obvio es que muy probablemente esa muerte se hubiese evitado si se usaban medidas de seguridad. ¿Multas?, en el costo beneficio la multa se puede pagar, o quizás sea mejor "hacerme gas”.
 
Si soy formal pagaría porque mi NIT desaparezca para siempre y maldigo la hora en que me formalicé, si soy informal no me pregunto nunca ¿cuál es la ventaja de la formalidad? Si el mundo informal es tan dinámico y -salvadas excepciones- está garantizado por gremios, sindicatos, juntas de vecinos y cuanta organización existe que protege la impunidad de lo que hago, porqué equivocada razón buscaría formalizar mi actividad.
 
Si algún extranjero se afinca en Bolivia y llega con la cabeza organizada en función de la idea de que las normas son una forma de ordenar la sociedad, están hechas para cumplirse y si son vulneradas garantizan en la mayoría de los casos una sanción, tardará unas pocas semanas o, cuando más, unos meses, en adaptarse al estilo boliviano del "así no más es”, si no lo hace correrá el riesgo de morir atropellado en un paso peatonal, de no conseguir nunca un contrato, o de ser considerado un burro.
 
Los optimistas creen que la experiencia del microclima de los buses paceños  PumaKatari o el esfuerzo admirable de las cebras, será como la gota que horada la piedra. Pero cuando uno amanece con un paro del transporte, cuya razón fundamental es que el gobierno municipal les pone muchas multas, la tendencia es al pesimismo, o como dice Quino, a la definición de un pesimista que es la de ser un "optimista bien informado”. 
 
Carlos D. Mesa Gisbert fue presidente de Bolivia.

 

 


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