La Paz, Bolivia

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Carlos Miranda Pacheco
Hablando de energía

Tres ejes después de 10 años

Tres ejes después de 10 años
Los precios de exportación de nuestro gas están indexados a la cotización del petróleo. La caída fuerte y sostenida de este precio ha ocasionado, hasta diciembre 2015, que dejemos de percibir más de 3.000 millones de dólares.

El Gobierno y la ciudadanía están muy preocupados por la magnitud de estas cifras. Tal es así que el Primer Mandatario ha instruido se gestionen los servicios de profesionales de la CEPAL, BID y CAF. No son instituciones petroleras, ojalá puedan darnos la ayuda que se busca.

Al margen de lo anterior, el Ministerio del ramo y la administración de YPFB informan que están desarrollando una estrategia para disminuir los efectos del descenso en los precios del gas de exportación basada en tres ejes.

Aumentar la producción, colocar esos aumentos en mercados nuevos a precios no indexados con derivados del petróleo y diversificar los ingresos por hidrocarburos.

Es poco probable que este programa sea totalmente exitoso. Como decía el CEO de Gazprom, vender gas no es como vender papas. Las ventas de gas se realizan a través de un coordinado sistema de producción–transporte (gasoductos)-mercados.

Producimos el volumen necesario para cumplir los compromisos de exportación y lo más  ajustadamente para el mercado interno. No tenemos excedentes de  producción.

Los gasoductos están operando al total de su capacidad para transportar los volúmenes acordados en contratos a largo plazo.  Por tanto, sería muy difícil  comercializar gas fuera de los contratos que están vigentes.

La venta de urea, obtenida en el Chapare, no cuenta con mercados asegurados y todavía no tiene un sistema de transporte definido. Adicionalmente, el precio de la urea ha caído a ± 150 dólares/TN. Este monto cubriría sólo los costos de transporte de la producción de la planta en el Chapare hasta los mercados, no quedando ningún margen para el producto mismo, terminando así con una urea fuera del mercado, que de ninguna manera podría reemplazar los ingresos no percibidos por exportación de gas.

Lo que continúa siendo inexplicable es la insistencia de nuestras autoridades en indicar que exportaremos GNL.

Originalmente el proyecto fue concebido para llevar GNL  a  -180ºC en camiones cisternas criogénicos a poblaciones menores desde una minúscula planta de GNL en Río Grande.  En cada destino se debe instalar también una minúscula planta de regasificación.  

El proyecto no tenía sentido para abastecimiento interno y ahora, presentado como un proyecto de exportación, parece mucho menos viable. Que Bolivia, país mediterráneo, oferte GNL, cuyo mercadeo es realizado por barcos metaneros, es descabellado y suena como una broma de mal gusto.

Los acontecimientos actuales están mostrando que la mano del mercado no tiene piedad y es inescrutable. Cuando el Estado trata de asumir ese rol, como propone la Ley de Incentivos, los resultados son desastrosos. Si estuviera en ejecución esa ley, estaríamos corriendo el riesgo de premiar producciones de empresas privadas para llegar a valores más altos del mercado a costa de disminuir dineros del IDH de las regiones. Situación políticamente inaceptable.

Como se puede ver, el programa de tres ejes para enfrentar los problemas que estamos viviendo es chato, inviable y falto de imaginación. Debería ir acompañado de un plan de cancelación de proyectos y reducción de gastos, como lo está haciendo la industria petrolera en todo el mundo.

Caso contrario, se corre el riesgo de que el Gobierno se vea obligado a elevar impuestos para compensar la reducción de ingresos por exportación de gas.

Es lamentable que después de 10 años de un manejo total de la industria no se haya ganado la experiencia para presentar un plan completo para afrontar los problemas de descenso en los precios de gas de exportación.

Para que esta nota no sea tan lúgubre, una buena noticia final: con el precio del barril de petróleo en menos de 30 dólares, los precios en Estados Unidos, de la gasolina y el diesel oil están iguales a los nacionales. Por tanto, se está presentando la oportunidad de oro para que se puedan efectuar los ajustes necesarios y sincerar nuestra economía, eliminando la subvención a esos dos carburantes. Si se lo hace, se habría logrado erradicar el llamado "cáncer de la economía”.

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético.
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