La Paz, Bolivia

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Carlos Miranda Pacheco
Hablando de energía

La primera década de los hidrocarburos nacionalizados

El 1 de mayo de 2006 el gobierno presentó un show televisado muy bien montado. Se veía a efectivos de nuestras Fuerzas Armadas con atuendos de combate, acompañando a nuestro Presidente ingresar a una planta petrolera. El mensaje era fuerte y claro. Los hidrocarburos bolivianos en manos de las empresas petroleras eran recuperados por su Primer Mandatario indígena.
 
El show fue magnífico pero la realidad diferente. Nuestro Primer Mandatario, acompañado de las Fuerzas Armadas, abandonó la planta tan pacíficamente como había ingresado. El decreto de nacionalización era diferente al que todos esperábamos. No se indicaba transferencia de activos, ocupación de instalaciones por fuerzas del Estado, ni cambios impositivos, sólo  establecía regulaciones más estrictas para el control de la producción.
 
La Ley de Hidrocarburos 3058, que está vigente desde mayo de 2005, establece que el 50% de los ingresos por venta de producción de las empresas petroleras son para el Estado y manda que los contratos con las compañías petroleras que operan en  el país sean renegociados.
 
Con estos antecedentes, las medidas tomadas el 1 de mayo y renegociados los contratos son una fuerte intervención del Estado en las actividades de la industria, pero no una "nacionalización”, como políticamente se conoce. 
 
Sea cual sea el nombre de lo acontecido, el éxito futuro de las medidas adoptadas tenía a su favor factores internos y externos. Internamente se tenía en ejecución un contrato a largo plazo de venta de gas con Brasil y las reservas probadas alcanzaban más de dos veces  el volumen contratado.  El gobierno no tenía ninguna oposición política de significancia que podría entorpecer sus planes y las empresas operadoras estaban comprometidas a producir los volúmenes necesarios de gas para atender los compromisos de exportación. 
 
Externamente, la situación también era inmejorable. Mercados como el de Brasil estaban ávidos de utilizar gas natural. En una u otra forma los precios del gas seguían los precios del petróleo, que estaban en un proceso de ascenso.
 
Por estas razones esa intervención no podía fracasar, pero sí podría haberse logrado mejores resultados, lo cual justifica tener una actitud crítica a lo acontecido y al desarrollo actual de la industria.
 
La recepción del mercado brasileño al gas boliviano fue tan entusiasta que en pocos años llegamos a acordar una entrega permanente de 30 MMm3/d, siendo así que 24 MMm3/d había sido el límite originalmente planeado.
 
Aunque monetizar reservas a la brevedad posible es uno de los cargos que se hace a las empresas petroleras transnacionales, el último decenio ha sido también nuestra política. El 2007 se pactó otro contrato de venta de gas a largo plazo con la Argentina por volúmenes similares a los acordados con Brasil. Inclusive, la prensa internacional informó sobre un pintoresco ofrecimiento boliviano de proveer gas a Ucrania.
 
Los precios para estos contratos están en función de los precios del petróleo, que también estaban en ascenso.
 
El contrato con Brasil es una gran fuente de ingresos. Con la adición de los ingresos por venta de gas a Argentina, nuestro Estado empezó a recibir montos de dinero que nunca había sospechado tener (± $us 9.000 millones/año). Hasta el 2013 se ha percibido  31.000 millones de dólares.
 
A partir del 2014 los precios del gas cayeron vertiginosamente, acompañando a los del petróleo. No hemos disminuido volúmenes de entrega, pero los ingresos han caído a menos de la mitad (±$us 3.000 millones). Los años de bonanza llegaron a su fin. 
 
Hemos consumido las reservas descubiertas por las compañías nacionalizadas y no hemos podido reemplazarlas. Se ha hecho caso omiso a la creación de un fondo para enfrentar una caída de precios como la actual.
 
No hemos sabido, podido o querido utilizar fondos de los años de bonanza para crear nuevas fuentes de ingreso.
Por tanto, nuestra economía es altamente dependiente de los ingresos del gas.
 
Por otro lado, con gran énfasis hemos introducido el gas en el mercado interno (domiciliario, vehicular y otros) y representa ± el 20% de nuestro balance energético.
 
En gran síntesis: hemos retornado al pasado, nuevamente nuestra balanza comercial y de pagos es deficitaria, con el agravante que la exportación de gas es nuestra mayor fuente de ingresos y el componente mayoritario de nuestro consumo interno de energía es el gas natural.
 
Gran conclusión: tenemos que encontrar más gas.

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético.
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